Escapa de las emociones dolorosas - Mejor con Salud

Escapa de las emociones dolorosas

Hay emociones positivas que nos pueden impedir avanzar y por el contrario, otras negativas que nos pueden ayudar a crecer. Debemos huir de todo aquello que no nos permita evolucionar
Escapa de las emociones dolorosas

No podemos cuidarnos si no entendemos el concepto de responsabilidad con nosotros mismos y el poder de nuestras decisiones y comportamientos. Esto no es fácil, por lo que muchas veces debemos experimentar para encontrar el equilibrio emocional que necesitamos para protegernos.

Cuando sufrimos en nuestra propia piel los efectos de las emociones dolorosas es cuando comenzamos a responsabilizarnos de nuestra vida y de nuestra salud. Digamos que es un pequeño paso en la adquisición de principios y de prácticas encaminados al cuidado personal.

De hecho, aunque resulte paradójico, pocas cosas nos capacitan y enaltecen más que darnos cuenta de que tenemos la posibilidad y la obligación de influir en nuestra vida.

Sin embargo, a veces los cambios nos enturbian el ánimo y nos resultan abrumadores, restando puntos a nuestros impulsos positivos.

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¿Cuáles son las emociones dolorosas?

Para protegernos y cuidarnos tenemos que ser conscientes de cuáles son las emociones dolorosas. Es decir, cada emoción tiene algo que contarnos, pero su desequilibrio es lo que resulta del todo patológico.

En definitiva, no todas las emociones negativas son disfuncionales ni todas las emociones positivas son adaptativas o saludables. O sea, hay diferencia entre la tristeza y la depresión, o entre la inquietud y la ansiedad. Veámoslo con más detenimiento…

Las emociones adecuadas

Las emociones adecuadas son aquellas que no nos bloquean a la hora de desarrollarnos, pues nos ofrecen la posibilidad de seguir creciendo e incrementan la buena percepción que tenemos de nosotros mismos.

En este sentido, también es necesario que hagamos una distinción entre emociones adecuadas positivas y negativas. Como ya podemos imaginar, el amor, el placer, la alegría y la curiosidad pertenecen al grupo de las emociones y los sentimientos positivos que nos permiten seguir creciendo.

Por otro lado, el dolor, la tristeza, la frustración o la incomodidad resultarían ser emociones negativas y adecuadas. Puede que nos cueste entender que algo que nos genera malestar sea beneficioso, pero si nos paramos a pensar en todo lo que nos aporta nos daremos cuenta de lo necesario que es para nuestra evolución.

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Las emociones inadecuadas

Las emociones inadecuadas son las verdaderamente dolorosas, pues solo nos aportan sentimientos negativos como el sufrimiento y el malestar que nos frenan y merman nuestras capacidades.

Tal y como hemos descrito antes, hay emociones positivas que resultan inadecuadas, pues interfieren en la consecución de nuestras metas y propósitos. En este sentido, nos encontramos con la grandilocuencia, la prepotencia o a la alegría derivada de un optimismo excesivo.

Por su parte, las emociones inadecuadas negativas se reflejan en la ira, la depresión, la ansiedad, la desesperación, la desesperanza, la incapacidad o la inutilidad.

Estas incrementan la percepción subjetiva de malestar o la frustración, bloqueando las acciones que facilitan el afrontamiento de las dificultades en nuestro proceso de crecimiento.

Las banderas rojas que nos indican problemas emocionales

Descuidamos con frecuencia la limpieza de nuestro interior y de nuestras emociones. De hecho, solemos ver innecesario pensar y depurar nuestro pasado, a pesar de que somos conscientes de que nuestras experiencias se depositan en nuestro interior.

Como hemos comentado en otras ocasiones, haciendo esto actuamos de manera irracional, pues es como si un alérgico al polvo escondiese este debajo de la alfombra suponiendo que así no le va a afectar.

 

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De todas formas, hay ciertos indicadores que nos dan la pista de que es probable que estemos sufriendo cierta intoxicación emocional. Veamos algunos de ellos:

Síntomas físicos

Cansancio o fatiga, lentitud de pensamiento, habla y movimiento, horas de sueño excesivas o insomnio, pesadillas repetidas, fluctuaciones en el peso, quejas, dolores o achaques constante, sobresaltos, agitación, etc.

Síntomas mentales

Cavilación constante, preocupación, pensamientos de impotencia, bloqueo mental, intentos de suicido, desesperanza, etc.

Estado anímico

Rumiaciones, nerviosismo, irritabilidad, angustia, apatía, incapacidad para sentir, etc.

Comportamientos

Irascibilidad, compulsiones, comprobaciones, imposibilidad o desinterés por realizar distintas actividades, etc.

¿Cómo podemos escapar?

Como en su día dijo Epícteto, “lo que nos perturba no son los hechos, sino lo que pensemos sobre ellos”. Así, es importante que sepamos identificar, expresar y valorar nuestras emociones de manera estratégica. Veámoslo a continuación:

1. Expresando y hablando sobre nuestros sentimientos y emociones

A veces no necesitamos que una mente brillante nos hable, sino que un corazón paciente nos escuche. Recuerda que las emociones nacen para ser expresadas, por lo que retenerlas por miedo o por desconocimiento es una manera de enturbiar la realidad.

Por ejemplo, si acumulamos tristeza podemos facilitar la aparición de la depresión.

2. Analizando las creencias que sostienen a las emociones dolorosas

Es normal que nos preocupemos por rendir en los estudios o en el trabajo, pero no debemos “terribilizar” los fallos que podamos tener, pues así alimentaremos los sentimientos de ansiedad.

Lo mismo sucede con la depresión y la tristeza. No es igual pensar que “es terrible que nuestro hijo se haya ido de casa” que creer que “aunque nos pone tristes que se haya marchado, es normal que lo haya hecho”.

Este mismo razonamiento lo podemos amoldar a diversas emociones. De esta manera, tenemos que pelear por evitar la vergüenza, pero no la decepción, por eliminar la culpa, pero no el remordimiento, y por deshacernos de la ira, pero no del enfado.

3. Transformando, liberando y depurando esos sentimientos y emociones

No vale con analizar nuestras emociones y las creencias que subyacen a ellas, tenemos que tener la disposición de cambiar y de liberarnos de lo inadecuado.

Puede que sea inevitable que permanezca una parte de “insalubridad” en nuestras emociones y pensamientos, pero lo que tenemos que tener claro es que no debemos alimentarlo.