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Riesgos del sedentarismo

Riesgos del sedentarismo

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Recientemente, la OMS ha publicado que el sedentarismo ya es el cuarto factor de riesgo de las enfermedades no transmisibles y está relacionado con el 6% de las muertes mundiales. El sedentarismo se ha convertido es un problema de salud importante.

La influencia del sedentarismo en nuestra salud ha aumentado de forma exponencial en pocos años por diferentes motivos como son la accesibilidad y variedad de los medios de transporte, la llegada de la tecnología al mundo laboral y a nuestro ocio, que hace que estas actividades sean mucho menos dinámicas.

Consecuencias del sedentarismo

La falta de ejercicio hace que quememos menos calorías que las que ingerimos diariamente. Si a esto le sumamos los hábitos poco saludables de alimentación, el sedentarismo fomenta la obesidad, sobre todo entre los niños.

Como consecuencia, los niveles de colesterol en sangre aumentan y éste acaba por depositarse en las paredes de arterias y venas, estrechando el paso por éstas y haciendo que el corazón deba realizar un mayor esfuerzo, que aumente la tensión arterial y el consiguiente riesgo de sufrir problemas cardíacos (fatiga, insuficiencia cardíaca, etc.) y cardiovasculares (angina de pecho, infarto, etc.).

Nuestra capacidad respiratoria también se verá mermada. Un ejercicio tan sencillo como subir unas escaleras puede ser una tarea dificultosa para aquellas personas sedentarias.

La inactividad hace que se debiliten nuestros huesos y perdamos masa muscular. A parte de sentirnos más débiles, con los años, nuestras posibilidades de padecer artritis, artrosis o osteoporosis serán mucho mayores.

Nuestra piel estará mucho más flácida, poco tersa, sobre todo en brazos, abdomen y piernas, dando un aspecto menos joven.


Practicar ejercicio

La solución al sedentarismo parece obvia, practicar ejercicio; pero somos conscientes que no todos podemos, por diferentes motivos, dedicar una hora diaria a ello. Pero en nuestra rutina diaria si podemos hacer determinadas actividades de una forma más dinámica:

  • Ir caminando al trabajo, a comprar, a por los niños…, en lugar de coger el coche.
  • Subir por las escaleras y no usar el ascensor.
  • Aprovechar los momentos de descanso o la hora del almuerzo en el trabajo para dar un pequeño paseo. Esto también nos vendrá muy bien para desconectar y despejarnos.
  • Sustituir momentos ante la televisión o el ordenador por una sesión de ejercicio.

Aquellas personas que nunca se han ejercitado, pueden empezar caminando 15 minutos al día la primera semana y, poco a poco, ir aumentando el tiempo.

Si nuestra condición física nos lo permite y tenemos una hora libre tres días a la semana, siempre se puede conseguir si nos lo proponemos, lo ideal es que practiquemos natación, running, montemos en bicicleta o, mucho mejor, alternemos estas tres actividades.

Lo bueno que tiene la práctica habitual de ejercicio es que, en poco tiempo, notaremos sus beneficios, nos sentiremos mucho mejor.

Fotografía cortesía de Saioa Rodríguez Obieta