3 enseñanzas para la vida sobre el amor

Para poder dar amor a los demás primero debemos amarnos nosotros mismos. Solo de esta forma seremos capaces de establecer relaciones sanas y no basadas en la dependencia

El amor es un sentimiento muy profundo, puro, que nada tiene que ver con algunas ideas que pululan por nuestra mente y que, de alguna manera, lo “ensucian”.

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Por ejemplo, considerar que el amor es sinónimo de posesión, de celos o de control es una idea equívoca de lo que este sentimiento implica. Pues el amor es libertad, es respeto y no conoce apegos.

Hoy descubriremos 3 enseñanzas para la vida sobre el amor que deberemos tener muy en cuenta.

1. Amor es entregar, no demandar

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El amor que es inmaduro y egoísta piensa que amar es demanda. Es más, cada vez que se entrega, siempre espera algo a cambio.

Cuando este sentimiento es visto de esta manera, se considera un sacrificio por el otro.

La relación es una lucha constante, que se tiene que demostrar con regalos y dando más de lo que se recibe para demostrar lo mucho que se ama a la otra persona.

Lamentablemente, muchas parejas se rigen por esta creencia de que estar con otra persona y tener una relación con ella es sinónimo de sacrificio y lucha cuando, en realidad, debería ser una experiencia tranquila.

Estar siempre pendiente del otro, obsesionarnos con lo que hace por nosotros o no, estresarnos por la relación y caer en un estado de ansiedad es muy negativo.

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En una relación tiene que haber tranquilidad, calma, mientras todo fluye. ¿Y si no fluye? Pues cada uno por su lado, pero es que en las relaciones también hay otra creencia y es el apego.

Terminamos dependiendo de la otra persona porque esperamos que nos haga felices. No obstante, ¿no deberíamos ser felices por nosotros mismos, sin esperar que nadie tenga este poder sobre nuestra persona?

2. A veces, muy poco es mucho

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Esa entrega que esperamos que sea recompensada, a veces, provoca que dejemos de percibir los pequeños detalles como algo importante.

A veces nos olvidamos de ser conscientes de esa caricia, ese beso o esa palabra que le ha dado un vuelco a nuestro corazón, pero que no hemos valorado lo suficiente.

También tendemos a acumular lo material. ¿Cuántas cosas hay que tienes, que ocupan mucho espacio y que no tienen ninguna utilidad?

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No nos damos cuenta de que nos hemos vuelto muy materialistas mientras pasamos por alto el valor que muchas cosas tienen, pero para lo que nos hemos puesto una venda en los ojos.

Nos negamos a abrir los ojos para apreciar lo que en verdad nos supone algún valor. Son pocas cosas, pocos detalles y escasos momentos, pero valen ¡por un millón!

3. No somos tan pobres como creemos

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En ocasiones nos sentimos pobres. Creemos que no somos felices, que nadie nos quiere, que ninguna persona nos apoya…

Nos consideramos pobres y, por ende, creemos cierto que no tenemos nada que dar, por lo que todo eso de lo que carecemos nos lo tienen que proporcionar otras personas.

Esto nos lleva a buscar la felicidad en el exterior, a desear que otros nos amen porque nosotros no tenemos amor por nosotros mismos.

Todo esto nos lleva a un único camino: el del sufrimiento.

  • Sufrimos porque queremos, porque nos consideramos pobres cuando en realidad estamos llenos de riqueza.
  • Siempre podremos ofrecer algo pero, para ello, primero tenemos que ser conscientes de que podemos ser felices por nosotros mismos.

Tenemos que amarnos primero, antes de amar a otros o pretender que lo hagan por nosotros.

Proyectar nuestras necesidades en el exterior sin intentar suplirlas desde nuestro interior es un grave error.

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Estas 3 enseñanzas sobre lo que significa amar en cualquier ámbito de nuestra vida, no solo en el de la pareja, nos permitirán expandir este sentimiento y experimentarlo en toda su plenitud.

El amor está en las pequeñas cosas, tan solo debemos ser conscientes del presente y apreciarlo.

Al abrir los ojos nos daremos cuenta de todo lo que nos hemos perdido.

Pero, sobre todo, seremos conscientes de que dentro de nosotros tenemos una gran abundancia de amor, tal vez escondido fruto de una experiencia que lo ha dañado, pero que no ha podido con él.

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