3 miedos que pueden amargarte la vida - Mejor con Salud

3 miedos que pueden amargarte la vida

Nuestros miedos no nos van a librar de eso que tanto tememos, por lo que lo mejor será aceptarlos y aprender a convivir con ellos, siempre viviendo al máximo cada momento
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Todos tenemos miedos, pero existen 3 de ellos que pueden amargarte, literalmente, la vida. Esto ocurre así porque no sabemos cómo gestionarlos; por ende, escapamos, los ignoramos o los alimentamos.

El gran problema que tienen los miedos es que nunca desaparecen por sí solos. Es decir, para que así lo hagan debemos de hacer un trabajo previo nosotros mismos.

Este puede ser de diferentes maneras. Depende mucho de en qué estemos centrando en ese miedo o qué situación sea la que más nos aterra.

Miedos que no te dejan vivir

1. Miedo a la muerte

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Este es uno de los peores miedos que se pueden tener, pues es el que sabemos que tarde o temprano se cumplirá, sí o sí.

Da igual lo mucho que lloremos, pataleamos o los pensamientos  negativos que puedan rondar por nuestra mente. Queramos o no, la muerte es algo muy real que nos tocará experimentar.

Muchas personas viven su vida de forma amarga porque piensan “si voy a morir, ¿de qué me sirve esforzarme tanto por hacer las cosas bien o ser feliz?”.

No obstante, esta forma de pensar puede cambiar de perspectiva.

Tenemos un tiempo limitado, sí, pero lo mismo ocurre cuando tenemos una pareja, hijos o accedemos a un nuevo trabajo.

No sabemos el tiempo que va a durar, si será toda la vida o unos meses. Sin embargo, intentamos aprovecharlo, ¿verdad?

Tratamos de experimentar esas situaciones sin pensar en su final, teniendo en mente un “para siempre”.

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De esta manera, damos lo mejor de nosotros mismos y nos esforzamos cada día. Pues lo mismo sucede con la muerte.

Esta llegará, sí, pero ya que estamos aquí ¿vamos a desperdiciar todo lo que podemos vivir?

Descubre: Miedo a morir: estrategias para gestionarlo

Sería una tontería hacerlo, dejarse amargar por un final que sabemos que llegará, pero no cuándo ni cómo, y ahí está el secreto.

El secreto para vivir intensamente cada día, experimentando todo lo que podamos, sin desperdiciar ese tiempo que tanto tememos que se acabe.

Dejemos de temer y empecemos a vivir.

2. Miedo a la soledad

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La soledad es vista como algo negativo. Si tus amigos se alejan de ti, si tu trabajo evita que te relaciones mucho con gente o si tus parejas te abandonan cada dos por tres, la tristeza se apodera de ti.

La forma que tienes de evitar esto es enganchándote a las personas, provocando que tu felicidad dependa de ellas. Sin embargo, si se van, te sientes aún más vacío y más solo.

Esta creencia tan arraigada es errónea. A veces necesitamos estar solos, para poder escuchar a nuestro interior que es muy sabio y que quizás te esté gritando que estás con personas que no te convienen y por eso siempre terminan abandonándote.

Seguir en tus trece sin querer escucharte provocará que las situaciones empeoren y que termines haciéndote mucho daño.

Lee: Antes de enamorarme de ti, debo enamorarme de mí

Aprende a quererte a ti, a mimarte y a no pensar tanto en los demás. ¿Por qué a ellos no les afectan tanto las cosas como a ti? Porque ellos piensan en sí mismos, mientras que tú no piensas en ti.

Depender solo conlleva decepciones, frustraciones y que te agotes emocionalmente. Tú eres lo primero y estar solo puede ser una oportunidad para darte el valor que mereces, sin esperar que nadie te lo dé.

3. Miedo a que dañen nuestro ego

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El último de los miedos que vamos a tratar hace referencia a nuestro ego.

Ese que a veces nos limita y nos pone múltiples barreras porque le permitimos que tome la voz cantante cuando, en realidad, le deberíamos decir “¡stop!, aquí mando yo”.

Algunos ejemplos de este tipo de miedo están relacionados con la humillación o la vergüenza que alguien puede sentir si dice, actúa o hace algo en público.

La consecuencia es que se reprime, que se empieza a controlar y a comportarse tal y como los demás lo hacen, o tal y como los demás aprueban.

Esto provocará que deje de ser quien es, que se pierda en un mar de búsqueda de aprobaciones y que no saque a relucir su “yo” más auténtico.

¿No es una pena reprimir tanto aquello que en otros consideramos algo digno de elogio?

Antes de irte no te pierdas: Yo no cambio por nadie, mejoro por quien lo merece

¿Qué miedos tienes tú? ¿Cuáles te gustaría eliminar de tu vida? Piensa en todo lo que harías si no tuvieras miedo y ¡hazlo!

La mejor forma de enfrentar los miedos es hacer aquello que no quieren que hagas. Ellos no tienen poder sobre ti, a menos que así se lo hagas saber bajando la cabeza ante ellos.