3 mitos sexuales que no debes creer

La sexualidad humana ha sido tabú en todas las culturas, por lo que ha estado sujeta a una gran cantidad de creencias equivocadas

Por muchas razones, a muchas personas nos da vergüenza hablar de sexo.

La consecuencia directa de que nos salgamos por la tangente es que hasta los más inteligentes y cultos están desinformados sobre este tema tan importante en nuestras vidas.

En lugar de información, nos movemos por tradiciones o habladurías, cuando no recurrimos a la pornografía.

Consumir dicho género cinematográfico no mejora la situación. Los rodajes de las películas están llenos de trucos que dan apariencia de naturalidad a cuestiones que no lo son.

Además del machismo que rezuman, no usan métodos para prevenir las enfermedades o infecciones de transmisión sexual (ETS o ITS), lo que constituye un peligro para los que se ayudan del porno para aprender a hacer el amor.

Por tanto, te recomendamos que dejes tu timidez en relación con los genitales, el orgasmo. Por supuesto, tampoco es buena cuando se trata de las ETS o ITS.

Lo ideal es que te apoyes en la ciencia para destapar la verdad que se esconde debajo de las sábanas de la cultura y los rumores.

La vagina se afloja si eres promiscua

No existen pruebas de que el coito pueda estirarla de manera permanente. No cambiará su forma, ni su tamaño, ni su turgencia en función de la cantidad de las relaciones sexuales que tenga.

Es cierto que esta se adapta al tamaño del pene o del juguete que se esté usando, pero después vuelve a su lugar.

En la revista Human Reproduction se publicó en el año 2006 un artículo muy interesante. En el mismo se midió la vagina de varias mujeres con resonancias magnéticas.

La conclusión fue que el factor que en realidad influye en sus variaciones es el paso del tiempo.

Teniendo en cuenta esto, este es uno de los mitos sexuales que no debes creer a partir de ahora. Es probable que su origen se deba a la voluntad de impedir que las mujeres disfruten de su sexualidad.

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Un clásico de los mitos sexuales que no debes creer: la eyaculación femenina no existe

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Es muy habitual escuchar “eso es mentira” cuando se trata de la eyaculación de las mujeres.

Sin embargo, los científicos aseguran que se trata de algo tan elemental como cualquier otra función del cuerpo.

En el conducto de la vagina las mujeres se encuentran las glándulas de Skene. Estas proporcionan gran placer cuando se las estimula y están situadas muy cerca de la uretra.

Estas segregan un líquido cuyo volumen aumenta con el placer. Así, cuando se llega al orgasmo aparece una gran cantidad. Es la eyaculación femenina.

Esto quiere decir que el fenómeno no es una triquiñuela de la pornografía. Se trata de algo tan natural como estornudar cuando te acercan pimienta en la nariz.

Si nunca la habéis experimentado, os aconsejamos que os divirtáis con ellas, sin obsesionarse con eyacular. Ya sabéis que el estrés inhibe el placer sexual.

El himen se rompe la primera vez que tienes relaciones sexuales

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Quizá sea uno de los mitos que más daño ha hecho a lo largo de la historia.

En culturas donde la virginidad de las mujeres era sagrada, que no se rompiera el himen la noche de bodas acarreaba unas consecuencias importantes, que podían llegar a penas de cárcel, el abandono o la muerte.

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La verdad es que el himen es un pequeño tejido que cubre la entrada de la vagina.

En consecuencia, puede romperse en el momento en que entra en contacto con cualquier objeto duro, por ejemplo, el sillín de una bicicleta.

Esta es la razón por la que puede romperse montando en bici, a caballo o practicando otros deportes.

No tener esta parte del cuerpo no significa que hayas practicado el sexo. Siendo necesaria una educación más amplia y liberadora en determinadas culturas, es indispensable que este mito deje de existir en las mismas.

Constituirá un primer paso para que el miedo desaparezca.

Los mitos sexuales no aparecieron por azar. La religión y la moral tienen mucho peso en su formación.

La mayoría de las veces sirvieron para dirigir la vida sexual de las personas, en especial de las mujeres.

Por ello, erradicarlos supone iniciar el camino hacia la libertad. La libertad de amar y desear sin la intervención de rumores ni de ninguna otra cosa que no sea tu voluntad.