3 reflexiones sobre la importancia de salir de tu zona de confort

3 septiembre, 2017
En lugar de conformarnos con nuestras condiciones y quedarnos en nuestra zona de confort debemos buscar el bienestar y atrevernos a salir de esta para encontrarlo

Es momento de avanzar. No seas prisionero de la conformidad. Hay experiencias que te están esperando y, mientras no quites los candados, no podrás disfrutar.

¿Qué es lo que te da miedo? Los seres humanos buscamos el momento en el que nos sentimos seguros, queremos un trabajo estable, casa y ver a nuestra familia desarrollarse de la mejor manera.

Pero, ¿qué hay con nuestros objetivos? ¿Dónde queda el reto de vivir? Si quieres ser alguien exitoso hay que superar pruebas, no importa si te tiemblan las rodillas.

La vida es un campo de aprendizaje, en donde todos somos pequeñas esponjas absorbiendo lo que hay alrededor. Da igual nuestro nivel educativo: todos tenemos algo que enseñar.

También reaccionamos por instintos, esquivando las posibles amenazas, queremos lo que nos cause adrenalina y felicidad y, sin embargo, huimos de la incertidumbre y los fracasos.

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El problema es que vamos con un montón de excusas por temor a enfrentar el riesgo. Te has vuelto tan experto en las mentiras que hasta tú te las crees.

Eres el ratón que vive en el agujero viendo todo desde adentro y quieres estar ahí fuera, pero no te atreves a dar ese paso, no quieres que te coma el gato.

¿La razón? No confías en ti, no eres consciente de tus capacidades porque no sabes que, si corres sin mirar atrás, no te podrá alcanzar.

¿Por qué vives de tu imaginación? En la que viajas al lugar que soñaste, renuncias al trabajo que te agobia, luchas por hacer lo que realmente te gusta, disfrutas cada momento, una buena compañía y hasta de la soledad.

Has hecho de todo por mantener la “vida perfecta” ante el resto, accediendo a lo que los demás quieren y, simplemente, te perdiste en el camino.

¡Despierta! No eres una máquina, rompe la rutina y sal de tu zona de confort.

1. Es la vida que me tocó

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¿Por qué sigues ahí si todo ha salido mal? Estamos tan inmersos en la rutina que nos conformamos con pensar: “es lo que me tocó”.

El papel de víctima es algo que nos sale a la perfección y, de hecho, buscamos eso que encaja con el drama y la decepción. Rechazamos lo que nos hace voltear a otro lado, aunque en el fondo sabemos que es mejor.

La pregunta es, ¿realmente eso es vivir

Cuando dejas de experimentar el conocer gente nueva, intentar una nueva receta, terminar la relación que no te hace feliz y trabajar solo por trabajar lo único que estás haciendo es morir, aunque los latidos de tu corazón te recuerden lo contrario.

Deja esos clichés que se han vuelto cruces en tu espalda. No te equivoques, no es la vida que tocó, es la vida que tú decidiste tener.

Eres el autor de tu historia: puedes modificar el guión cuando lo desees, eliminar personajes y hacer un revolución si tú quieres, pero no temas encontrar un final feliz.

2. ¡Hazlo ahora!

cambia tu vida

¿Eres eterno? ¿Quién nos ha dado la seguridad de creer que siempre habrá un mañana? La agenda es la prueba de que no nos arriesgamos.

Planeamos con detalle lo que nos espera a futuro e indagamos en lo que no tenemos para ponerlo por delante. “Cuando tenga mi casa”, “el día que me case”, “ya que crezcan mis hijos”.

¿Y si no llega ese momento? La vida es hoy, no mañana. Hazlo aunque sientas que tu corazón se sale del pecho y la sangre te sube a la cabeza. Porque en la espera puedes quedarte a mitad de camino y no hacer nada.

Puedes tener días cómodos y un techo seguro, pero si no tienes una sonrisa en la cara, ¿de qué te sirve?

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3. Rompe tus límites

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Llegó el momento de trascender, de convertir tus debilidades en un impulso para mejorar.

Nadie tiene por qué tomar tus decisiones, deja de culparte por no cumplir las expectativas de otros. Cada persona es diferente, ¿hasta dónde puedes llegar?

La única persona que puede jalarte eres tú. Si te bloqueas no puedes avanzar.

Supera tus propias metas. Si eres capaz de dibujarlo en tu mente, ¡puedes hacerlo!

Empieza por aceptarte, por tomarte un tiempo para conocerte y entonces pregúntate: ¿soy feliz? Ahí está la respuesta. 

Si es un no, es momento de cruzar el puente aunque te dé vértigo.

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