4 ideas incorrectas que cortan las “alas” de tu felicidad

La felicidad no está al lado de nadie ni se sitúa en la cumbre del éxito. A veces damos por válidas ideas erróneas que otros nos han hecho creer.

Hablemos hoy de felicidad, o mejor dicho, de la infelicidad. Tal y como nos revelan los gurús en estos temas como el piscólogo y profesor de Harvard Ben-Shahar, somos esa sociedad poco hábil a la hora de propiciar nuestro bienestar emocional.

Se nos ha enseñado desde muy temprano a evitar el dolor y a buscar el placer pensando que de este modo, lograremos la cima: la cumbre de la felicidad. Algo así ha hecho que nos demos de bruces con una realidad que no siempre armoniza con aquello que nos habían hecho creer.

La vida a veces, duele. Así, a medida que acumulamos decepciones y experiencias mal gestionadas provoca a menudo que acabemos interiorizando ideas erróneas sobre ciertas cosas.

Si nos ha traicionado un amigo, podemos llegar a decirnos a nosotros mismos que la amistad es una farsa. Si no nos hemos conseguido ese trabajo con el que soñábamos, nos decimos a nosotros mismos que estamos condenados al fracaso.

Esta actitud negativa, este enfoque claramente negativo obstaculiza por completo nuestra capacidad para ser felices.

Asimismo, y casi por influencia de nuestra cultura, es común interiorizar ciertas ideas que actúan también como bloqueadores del crecimiento personal.

Profundicemos en este tema.

Ideas erróneas sobre la felicidad

“Tus zonas erróneas” es una de las obras más leídas y respetadas del género de autoyuda. En esta libro, Wayne Dyer nos revela qué tipo de pensamientos, emociones y actitudes nos bloquean y vetan nuestra oportunidad de ser felices.

Factores como la envidia, la culpa y la inseguridad son dimensiones que ponen lastres y cercos a nuestra capacidad para relacionarnos, avanzar, desempeñar nuestra profesión con autenticidad e incluso para respetarnos a nosotros mismos como merecemos.

Así, además de esos factores emocionales, cabe señalar que también están esas ideas preconcebidas que a menudo damos por ciertas cuando en realidad no lo son (o no deberían ser así).

Descubramos ahora de cuáles se trata.

1. El amor es sufrimiento

niña que abraza oso con felicidad

Vamos a empezar por esta idea tan extendida que muchas personas mantienen a raíz de haber vivido experiencias negativas, fracasos emocionales y desengaños que quitan la ilusión.

Debemos entender un sencillo aspecto: vetarnos emociones no es saludable. Por tanto, obligarnos a “no amar” de nuevo es prohibirnos disfrutar de ese tipo de felicidad en concreto.

  • El amor no es sinónimo de sufrimiento, lo que ocasiona sufrimiento son determinadas personas, y en concreto, personalidades tóxicas e inmaduras. ¿Merece de verdad la pena cerrarte las puertas al amor solo por una mala experiencia? ¿Le vas a dar tanto valor a esa persona que te hizo daño, como para negar a amar a quien de verdad puede merecerlo?
  • Negarte a volver a amar es un modo de cortar las alas a tu felicidad. No hay que llevar nuestra vida a tales extremos, es decir, no hay que obsesionarnos por ejemplo en buscar la “pareja perfecta”, al igual que tampoco es saludable, dejar nuestro corazón en la nevera para que se congele, para que no vuelva a palpitar por esa emoción tan noble.

2. La belleza se desvanece con los años

mujer que sonríe con felicidad

¿Piensas que cumplir años es una maldición? ¿Que hacerse mayor es sinónimo de perder la belleza por completo? Entonces, estarás condenado a vivir un lento sufrimiento a medida que avancen tus cumpleaños.

Es un modo muy claro de ser infeliz. Así, estudios como el llevado a cabo por Ulrich Orth, profesor de psicología de la Universidad de Berna en Suiza, nos revelan que aquellas personas que llegan a los 60 con un buen autoconcepto, una buena autoestima y aceptando el paso del tiempo, no solo son más felices. Disfrutan de una mejor salud.

  • No vamos a negar que es lo mismo tener 25 años que tener 55, eso lo tenemos claro. No obstante, el no tener ya un rostro tan joven y firme no significa en absoluto perder la belleza por completo, y aún menos la felicidad.
  • Una arruga no es una desgracia, ni nos condena a perder nuestro atractivo, la auténtica hermosura está en nuestra actitud, en la integridad y vitalidad con la que llevemos las riendas de nuestra vida.

¿Te has fijado alguna vez en lo atractivo que resulta un rostro que sonríe? ¿En esas caras que desprenden tanta energía y luz interior?

Es esa la belleza que más atrae, porque en realidad, madurar no se trata únicamente de “poner años a nuestra vida”, sino “vida a nuestros años”.¡No lo olvides!

3. No te arriesgues, se prudente

niña con corazón pensando en la felicidad

Puede que hayas llegado a un punto de tu vida donde crees que lo tienes todo: un trabajo, una pareja, un círculo social consolidado…

Ahora bien ¿y si en un momento dado te das cuenta de que no eres feliz? Hay quien cuando percibe esos vacíos opta por silenciarlos, por volverles el rostro.

¿Para qué arriesgarme? ¿Y si pierdo todo lo que he conseguido? ¿Merece la pena asumir en estos momentos ese riesgo?

Eso lo tendremos que valorar con calma. Ahora bien, ten claro que en ocasiones, alargar este tipo de situaciones donde somos muy conscientes de nuestra infelicidad, acaban cayendo en la frustración y a menudo en la depresión.

Hay veces en que no solo es recomendable actuar, sino necesario. Por tu salud y por tu propia felicidad.

4. Tengo que conseguir todos mis objetivos vitales

mujer con mariposas pensando en la felicidad

Tengo que obtener uno o dos títulos universitarios, tener un buen trabajo, encontrar un hombre ideal, dar la vuelta al mundo, tener un hijo muy inteligente, escribir un libro, mantenerme siempre delgada y atractiva, tener una casa bonita, colaborar con alguna asociación humanitaria…

¿Y qué más cosas? Cuidado, la vida no es una lista de tareas que establecernos para cumplir una por una, la vida es una aventura que fluye cada día de modo imprevisto, ahí donde debemos intentar ser feliz con lo que aparece en nuestro camino.

Obviamente deberemos esforzarnos en conseguir aquello que ansiamos, pero en ocasiones, no todos logramos alcanzar dichos objetivos… y no pasará nada. No por ello seremos menos válidos.

La auténtica felicidad no la ofrece un título universitario, ni una casa grande, la verdadera felicidad se hila en el día a día, sintiéndonos bien y haciendo felices a los demás.

No te marques grandes metas, céntrate más en el bienestar cotidiano, en ese equilibrio donde te sientas realizada.

Dyer, Waine (2010) Tus zonas erróneas. Barcelona: Debolsillo Pieper, William (2010) Adictos a la infelicidad. Editorial Edaf