4 ideas incorrectas que cortan las “alas” de tu felicidad

Aprende a valorar los pequeños momentos de felicidad de cada día.

Hablemos hoy de felicidad. No te vamos a preguntar si eres feliz o no y tampoco vamos a aconsejarte, en esta ocasión, de qué modo puedes serlo. Hoy queremos ser un poco más prácticos y hacerte pensar, hacerte reflexionar sobre esas ideas erróneas que, de vez en cuando, solemos mantener las personas en nuestro día a día.

Estamos seguros de que tras leer este artículo vas a ver algunas cosas de otra manera, o al menos, esa va a ser nuestra intención. ¿Preparada?

1. El amor es sufrimiento

AMOR 5

Vamos a empezar por esta idea tan extendida que muchas personas mantienen a raíz de haber vivido experiencias negativas, fracasos emocionales y desengaños que nos quitan la ilusión. Situaciones que nos roban ese noble sentimiento al que nunca deberíamos renunciar.

  • El amor no es sinónimo de sufrimiento, lo que ocasiona sufrimiento son determinadas personas, y en concreto, personalidades tóxicas e inmaduras. ¿Merece de verdad la pena cerrarte las puertas al amor solo por una mala experiencia? ¿Le vas a dar tanto valor a esa persona que te hizo daño, como para negar a amar a quien de verdad puede merecerlo?
  • Negarte a volver a amar es un modo de cortar las alas a tu felicidad. No hay que llevar nuestra vida a tales extremos, es decir, no hay que obsesionarnos por ejemplo en buscar la “pareja perfecta”, al igual que tampoco es saludable, dejar nuestro corazón en la nevera para que se congele, para que no vuelva a palpitar por esa emoción tan noble.

2. La belleza se desvanece con los años

Arrugas prematuras

¿Eres de las que piensa que cumplir años es una maldición? ¿Que hacerse mayor es sinónimo de perder la belleza por completo, de dejar de ser atractivas? Entonces, estarás condenada a vivir un lento sufrimiento a medida que avancen tus cumpleaños. Es un modo muy claro de ser infeliz.

  • No vamos a negar que es lo mismo tener 25 años que tener 55, eso lo tenemos claro. No obstante, el no tener ya un rostro tan joven y firme no significa en absoluto perder la belleza por completo, y aún menos la felicidad.
  • Una arruga no es una desgracia, ni nos condena a perder nuestro atractivo, la auténtica hermosura está en nuestra actitud, en la integridad y vitalidad con la que llevemos las riendas de nuestra vida. ¿Te has fijado alguna vez en lo atractivo que resulta un rostro que sonríe? ¿En esas caras que desprenden tanta energía y luz interior? Es esa la belleza que más atrae, porque en realidad, madurar no se trata únicamente de “poner años a nuestra vida”, sino “vida a nuestros años”.¡No lo olvides!

3. No te arriesgues, se prudente

emociones

Puede que hayas llegado a un punto de tu vida donde crees que lo tienes todo: un trabajo, una pareja, un círculo social consolidado… Ahora bien ¿y si en un momento dado te das cuenta de que no eres feliz? Mucha gente, ante estos vacíos que sentimos en algún momento de su vida, prefieren callarlos y volverles el rostro.

¿Para qué arriesgarme? ¿Y si pierdo todo lo que he conseguido? ¿Merece la pena asumir en estos momentos ese riesgo? Eso lo tendremos que valorar con calma, pero ten claro que en ocasiones, alargar este tipo de situaciones donde somos muy conscientes de nuestra infelicidad, acaban cayendo en la frustración y a menudo en la depresión.

Hay veces en que no solo es recomendable actuar, sino necesario. Por tu salud y por tu propia felicidad.

4. Tengo que conseguir todos mis objetivos vitales

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Tengo que obtener uno o dos títulos universitarios, tener un buen trabajo, encontrar un hombre ideal, dar la vuelta al mundo, tener un hijo muy inteligente, escribir un libro, mantenerme siempre delgada y atractiva, tener una casa bonita, colaborar con alguna asociación humanitaria…

¿Y qué más cosas? Cuidado, la vida no es una lista de tareas que establecernos para cumplir una por una, la vida es una aventura que fluye cada día de modo imprevisto, ahí donde debemos intentar ser feliz con lo que aparece en nuestro camino.

Obviamente deberemos esforzarnos en conseguir aquello que ansiamos, pero en ocasiones, no todos logramos alcanzar dichos objetivos. La auténtica felicidad no la ofrece un título universitario, ni una casa grande, la verdadera felicidad se hila en el día a día, sintiéndonos bien y haciendo felices a los demás.

No te marques grandes metas, céntrate más en el bienestar cotidiano, en ese equilibrio donde te sientas realizada.

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