4 reacciones emocionales que aumentan el riesgo de sufrir un infarto

Aunque las reacciones emocionales intensas no son condición suficiente para provocar un infarto de miocardio en una persona sana, sí pueden ser un factor de riesgo

Dicen que no sufrimos por las cosas que nos pasan, sino por cómo reaccionamos ante ellas. Reaccionar habitualmente de forma negativa puede tener consecuencias nefastas para nuestra salud, tanto que puede incluso aumentar el riesgo de sufrir un infarto en personas vulnerables.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en países industrializados. A continuación veremos qué papel tienen las reacciones emocionales en la salud del corazón.

1. Los ataques de ira aumentan el riesgo de sufrir un infarto

Chico tocandose el pecho borrando un corazón pintado

Cada vez acumulamos más estudios que dan crédito a eso de “Relájate que te va a dar algo”. Y es que, tras un ataque de ira, el riesgo de sufrir un infarto en las dos horas posteriores se multiplica por 8.

Así, tal y como suele suceder en la pequeña y en la gran pantalla, una fuerte discusión puede desencadenar un infarto. De hecho, en un estudio conjunto de varias universidades australianas, los psicólogos investigadores comprobaron que muchas personas experimentaban síntomas como tensión muscular, pérdida de control y sensación de estar a punto de estallar antes del ataque.

Según el estudio, los principales desencadenantes de estos síntomas fueron:

  • Discusiones familiares: 29%
  • Discusiones con otras personas: 42%
  • Problemas en el trabajo: 14%
  • Problemas de tráfico: 14%

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2. La ansiedad, otro factor precipitante

Además de predisponernos a sufrir un infarto de miocardio, la ansiedad también puede precipitarlo. De hecho, el riesgo de sufrir un infarto es mayor en casos de ansiedad crónica o ataques de pánico que tras un ataque de ira.

Según un estudio de 2009 sobre ansiedad y cardiopatía isquémica, el pánico puede agravar el estado de un paciente cardíaco y la isquemia a su vez puede exacerbar los síntomas de pánico.

Durante un ataque de pánico se producen cambios fisiológicos que aumentan el riesgo de sufrir un infarto de miocardio: se dispara el ritmo cardíaco y la presión arterial, y se incrementa la coagulación de la sangre.

Persona teniendo una reacción hostil y aumentando el riesgo de sufrir un infarto

3. La hostilidad, otra pieza fundamental del rompecabezas

La hostilidad se asocia al inicio de la enfermedad. En cuanto a su influencia en el desarrollo del problema cardiovascular, su papel está menos claro. El motivo es la falta de consenso en muchos estudios sobre qué implica la hostilidad y qué la diferencia de la ira.

Hay algunas teorías sobre el papel de la hostilidad en el proceso emocional que desemboca en la enfermedad cardiovascular. Una de las más conocidas plantea que aspectos más cognitivos como el cinismo y la desconfianza, junto con la ira, la irritabilidad y el desprecio, pueden estar relacionados con la enfermedad.

4. ¿La depresión enferma al corazón?

La depresión se asocia de forma consistente con la muerte por infarto de miocardio. Quizá por la sensación de fatiga y de falta de energía unida a la irritabilidad y la desmoralización, pero el proceso no está del todo claro.

Tanto la ansiedad como la depresión traen consigo cambios fisiológicos que perjudican el funcionamiento normal del sistema nervioso e inmunitario, alteran la coagulación de la sangre y afectan al ritmo cardíaco normal. Todos estos factores aumentan el riesgo de sufrir un infarto.

 

chico deprimido con baja autoestima

Las reacciones emocionales intensas no son condición necesaria ni suficiente para provocar un infarto u otro problema cardiovascular en una persona sana. Pero la acumulación de factores de riesgo como el sobrepeso, la arterioesclerosis o la hipertensión puede convertirlas en detonantes.

¿Quieres conocer más? Lee: Cómo afrontar la tristeza antes de que se convierta en depresión

Para prevenir la enfermedad cardiovascular es necesario tener hábitos beneficiosos tanto para la salud física como para la salud mental. Alimentarse correctamente o evitar el sedentarismo no son suficientes si además tenemos un ataque de ira en cada atasco.

Si el estrés es un problema, puedes aprender a controlarlo con técnicas de relajación. Busca ayuda profesional si sientes que no puedes manejar la situación.

  • Rodríguez, T. (2012). Factores emocionales en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Valoración actualizada desde la psicocardiología. Revista Finlay 2, 158–168.
  • Tobo, N., and Canaval, G. (2010). Las emociones y el estrés en personas con enfermedad coronaria. Aquichan 10, 19–34.
  • Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología (2002). PAPEL DE LAS EMOCIONES NEGATIVAS EN EL TRASTORNO CARDIOVASCULAR: UN ANÁLISIS CRÍTICO. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica 7, 1–18.