5 claves para dejar de ser orgulloso

Ponernos en el lugar de la otra persona puede ser una de las mejores formas para ver las cosas de otra forma y dejar de ser orgullosos

Dejar de ser orgulloso no es nada fácil para esa persona que no está habituada a pedir perdón. Pues, erróneamente, puede creer que hacer esto significa humillarse, postrarse a los pies del otro y perder su dignidad.

Por eso, aunque disculparse y pedir perdón pueda parecer una habilidad sencilla, en realidad es bastante compleja y difícil para todas esas personas que son orgullosas.

Si quieres dejar de ser orgulloso, hoy te daremos algunas claves que mejorarán tus relaciones y te permitirán sentirte mejor contigo mismo.

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1. No has fracasado

Hombre orgulloso que cree que ha fracasado

Muchas veces, las personas que son orgullosas tienen una autoimagen muy idealizada. Es algo que les hace pensar que pedir perdón puede hacer que los demás crean que han fracasado.

De esa manera, se niegan hacerlo porque consideran que dejarían de ser perfectos. Sin embargo, todos somos seres humanos, todos cometemos errores y nos equivocamos.

Para dejar de ser orgulloso hay que abrazar la imperfección, permitiéndote ser más flexible y cariñoso contigo mismo. No es necesario que te exijas tanto. Aquí todos somos perfectamente imperfectos.

2. Para dejar de ser orgulloso, sé más empático

En ocasiones, el orgullo puede hacer que te vuelvas menos empático, pones un tupido velo que te aleja de la comprensión sobre lo que sienten los demás. Pero si alejas ese velo fruto del miedo a fracasar y a no ser perfecto, te darás cuenta de cómo las otras personas necesitan tu perdón. Además, te verás a ti mismo en su lugar.

Cuando alguien se equivoca, agradecemos que lo reconozca y que se disculpe de manera sincera ante nosotros. Sienta muy bien. ¿Por qué no lo pruebas?

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3. Escribe tu disculpa

Mujer escribiendo una disculpa

Quizás, al no estar acostumbrado, no sepas por dónde empezar para disculparte. Por eso, si te sientes más seguro, escribe tu disculpa. No tienes que estresarte demasiado. Verás que, si dejas que tu mano escriba, ella sola te guiará hacia las palabras correctas, sinceras y que tendrán el efecto deseado.

No es necesario que te extiendas demasiado, ya que un simple “lamento cómo te hablé, estaba enfadado con mi jefe y lo pagué contigo” es suficiente. Sin embargo, haber escrito y reflexionado sobre tu disculpa te permitirá familiarizarte con ella y sentirte más seguro en el momento de expresarla.

4. Libérate de la vergüenza

Muchas veces, aun habiendo realizado lo anterior, nos encontramos con una barrera que nos impide decir “lo siento” con libertad y sin que sintamos que vamos a sufrir haciéndolo. La vergüenza es uno de los sentimientos más limitantes que te impide realizar algo que quieres, pero ante lo que te bloqueas.

Por lo tanto, para dejar de ser orgulloso, es necesario que reflexiones sobre esa vergüenza. Tal vez sea una herramienta para continuar siendo orgulloso o algo que llevas arrastrando desde hace tiempo atrás.

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5. Observa lo que sientes y tu manera de actuar

Mujer observando el paisaje

Para dejar de ser orgulloso, el último paso que tienes que dar es ser capaz de verte como si fueras un testigo de la situación en la que te encuentras. Piensa en si vieras actuar así a un amigo. ¿Qué le dirías? ¿Verías el hecho de disculparse con alguien algo imposible de hacer?

Cuando adoptamos una nueva perspectiva, muchas cosas cambian. Así que observa lo que sientes y cómo actúas para darte cuenta de las creencias y motivos que te están impidiendo pedir perdón de verdad.

Quizás te des cuenta de que las limitaciones que te ponías eran fruto de unas experiencias negativas que ya han quedado atrás. Ahora es el momento de aprender.

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¿Estás cerca de alguien que es muy orgulloso? ¿Lo eres tú? Siendo consciente de esto y haciéndole frente a los temores que te abordan cada vez que tienes que disculparte o pedir perdón por algo, conseguirás salir de este bucle lleno de inseguridad.

Todos, en algún momento, hemos sido orgullosos. No obstante, la clave está en saber admitir los fallos y brindarle a los demás las disculpas que se merecen. Ponte en su lugar, recuerda alguna vez en la que alguien te haya pedido disculpas y hazlo tú sin más. Verás lo bien que te sientes y lo mucho que aprendes.