5 cosas que solo sabemos las mujeres

A pesar de ese techo de cristal al que muchas veces debemos hacer frente, las mujeres sabemos que somos merecedoras y capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos

Las mujeres sabemos de resiliencia, sabemos de intuiciones, de emociones que dan fuerza a nuestros destinos y que, a su vez, nos permiten conectar con los demás de un modo más íntimo, constructivo y excepcional.

La sabiduría que una mujer alcanza década a década es todo un tesoro de valores y fortalezas que sirven muy a menudo de inspiración para las nuevas generaciones.

Porque si de algo sabe el género femenino es de crecimiento interno, de valentías.

Ahora bien, con el título de este artículo no queremos decir en absoluto que existan una serie de dimensiones que solo la mujer domina, conoce y controla y de las que el género masculino carece.

Más que de conocimientos, hablamos de procesos de crecimiento personal.

Al fin y al cabo, hay una realidad patente que nadie puede negar: el modelo de patriarcado sigue muy presente y arraigado en muchas culturas.

El que el hombre aún sea social y culturalmente una figura de poder en muchos de nuestros escenarios cotidianos hace que la mujer se vea obligada a poner en marcha una serie de procesos que no siempre son visibles.

Nos referimos a esos desafíos de los que nadie habla, esos cambios, esas luchas internas y externas por alcanzar la igualdad, por tener presencia, voz y un mismo poder.

Son procesos que solo nosotras conocemos y que deseamos compartir contigo a modo de reflexión.

1. Las mujeres han aprendido a no dudar de sí mismas

Durante mucho tiempo el papel de las mujeres ha sido relegado a esa esfera privada de la crianza y el cuidado de un hogar.

A media que ha avanzado la sociedad, su posibilidad de acceso a esos escenarios antes marcados por el sello masculino ha mejorado pero, a su vez, aparecen otros factores llamativos.

  • Las mujeres están obligadas a demostrar, casi de forma constante, que son capaces de desempeñar determinadas competencias y responsabilidades.
  • Queda claro que ambos géneros están capacitados a la hora de acceder a un puesto de trabajo.

Sin embargo, hasta no hace mucho seguía dudándose de si una mujer podría asumir, por ejemplo, un puesto de poder en un organización.

En la actualidad hay un aspecto que el género femenino sabe de sobra: que es capaz de asumir retos, que puede tener las mismas responsabilidades que un hombre y que el único límite está en su propia mente.

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2. No necesitan a nadie para sentirse “completas”

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Volvamos una vez más al pasado. Sin embargo, no a ese pasado remoto, sino más cercano de lo que podemos llegar a creer.

  • No hay que retroceder mucho generacionalmente para recordar esos comentarios que solían inculcar en la mente femenina: para sentirte completa y feliz, debes encontrar una pareja.
  • Aún más, “la mujer soltera, sin pareja o sin hijos solo puede aspirar a la infelicidad y la frustración”.
  • Lo más curioso de todo ello es que aunque la joven fuera consciente de que se sentía bien sin necesidad de tener a alguien a su lado, la propia sociedad y la familia era lo que esperaba de ella.

A día de hoy, las mujeres saben que una pareja no hace que una se sienta más “entera” –la mujer, al igual que el hombre, ya llegan al mundo “enteros”–.

El amor nos hace felices y no lo evitamos, pero no es una obligación, no es una necesidad imperante.

3. Debemos dar ejemplo a las nuevas generaciones: la educación es poder

En los últimos años está surgiendo un movimiento inspirador. Hablamos cómo no, del llamado “empoderamiento de las mujeres”.

Con este término y esta iniciativa se busca lo siguiente:

  • Aspirar a una auténtica igualdad de género.
  • Con “empoderamiento” no se aspira en absoluto a situarse por encima del género masculino.

Se pretende alcanzar esa igualdad tan necesaria donde demostrar a muchas mujeres que “tienen poder” en sus manos, “inspiración” en su mente y capacidad en su ser para lograr lo que desee.

  • Esta aspiración adquiere todo su sentido en países del tercer mundo, donde la mujer sufre continuamente graves vulneraciones solo por su género.

La educación es la clave. De ahí que en cualquier sociedad que quiera llamarse “avanzada” las mujeres y los hombres eduquen ya a sus hijos e hijas en un valor inviolable: el de la igualdad.

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4. Las mujeres han aprendido que cuidar de una misma no es egoísmo

Este aspecto es algo más complicado. Podríamos decir sin equivocarnos que también los hombres dan este paso muy a menudo: el de recordar que no hay que darlo todo por los demás hasta el punto de olvidarse de uno mismo.

  • Sin embargo, esta característica está más arraigada en la mujer.
  • El conocido como “síndrome de Wendy” por ejemplo, nos recuerda que el género femenino es, tradicionalmente, muy dado a cuidar de los suyos y entender la felicidad a través de la atención continua al prójimo.

Poco a poco esto va cambiando. Sabemos ya que es necesario poner límites, cuidar de nuestra autoestima.

Porque si nosotras no estamos bien, no daremos lo mejor a los demás.

5. Las opiniones ajenas ya no me determinan

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“Tienes que encontrar pareja”, “Has subido de peso”, “Tienes que arreglarte más para estar siempre guapa”, “Ahora que eres mamá tienes que quedarte en casa”, “Tienes que hacer una carrera para ser algo en la vida”.

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Este tipo de supuestos consejos son esa música constante que suelen escuchar muchas mujeres. A día de hoy, ellas ya saben que lo que digan los demás no tiene por qué determinarlas.

La auténtica felicidad está en tomar nuestras propias decisiones. Las que queremos, las que nos agraden aunque otros no las entiendan.

Imágenes cortesía de Hajin Bae