5 errores que cometemos en la educación de los hijos

Valeria Sabater·
26 Marzo, 2020
La educación de los hijos es una tarea difícil y de gran responsabilidad. A veces, se acierta, y otras, se cometen errores, pero siempre debe primar el bienestar de los niños.

Sabemos que educar conlleva una gran responsabilidad. Por ello, procuramos invertir en la educación de los niños. Buscamos el mejor colegio, las actividades extraescolares más convenientes –con la idea de que sean los mejores, los más listos–, y en general, hacemos todo lo que podemos para ser los mejores padres.

Sin embargo, podemos cometer –muchas veces sin darnos cuenta– varios errores en la crianza de los hijos. Muchas veces, en el empeño por brindarles lo mejor, olvidamos algunos detalles que, en realidad, habrían hecho mucho de haber sido atendidos.

Al educar a los hijos hay que estar despiertos y atentos a múltiples factores para que la educación no solo dependa de la buena fama de una institución, un profesor en concreto o una actividad extracurricular.

A medida que aprendemos más sobre ellos, y los conocemos mejor, nuestras convicciones sobre cómo educarlos van cambiando. Por esto, siempre tenemos que aprender de nuestros errores.

Repasemos a continuación algunas de las equivocaciones que cualquier padre puede cometer en la educación de sus hijos.

1. No escucharles

No escuchar es un error común en la educación de los hijos.

Los niños se pasan el día haciéndonos preguntas, contándonos cosas y realizando imaginativos comentarios que, en ocasiones, no acabamos de comprender. Hay que tener paciencia y escuchar cada palabra como si fuera lo más importante del mundo porque, en realidad, para ellos lo es.

Si no se les hace caso, si a cada instante se les dice que ‘estamos ocupados y no tenemos tiempo’, llegará un día en que los niños ya no acudirán a nosotros para contarnos nada.

En cambio, preferirán buscar otras compañías o encerrarse en su cuarto con el ordenador. Y esto a largo plazo, es peligroso porque puede favorecer la el distanciamiento.

2. Sancionarles cada cosa que hacen mal

Los niños necesitan saber dónde están los límites. Tienen que comprender qué está bien y qué está mal. De ese modo, podrán actuar con seguridad conociendo qué se espera de ellos en cada momento.

Ahora bien, para crecer y madurar es necesario cometer errores. Por lo tanto, es normal que se equivoquen, que se porten mal de vez en cuando y que tengan reacciones inadecuadas.

Debemos aprender que, a la hora de educar a los hijos lo principal, es que estos aprendan. Es decir, si hacen algo mal, hay que enseñarles a hacerlo bien. Si suspenden una asignatura, preguntarles qué ha ocurrido. Si, por ejemplo, pegan a otro niño, explicarles que eso no está bien, pero también preguntarles qué les ha llevado a actuar de ese modo.

Educar no es solo sancionar, sino crear puentes de aprendizaje. Así pues, no hay que olvidar reforzar sus aciertos y guiarlos en cada uno de sus errores.

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3. Hacer las cosas por ellos

Es posible que a los niños les cueste mucho hacerse el nudo de los zapatos o resolver algunos problemas de matemáticas. No pasa nada, hay que darles tiempo.

Por otra parte, no importa si sus hermanos u otros niños terminan sus tareas antes. Cada niño es único y hay que respetar sus particularidades.

Por otra parte, si les resolvemos las cosas siempre, para hacerles la vida más fácil, estaremos cometiendo un error.

La sobreprotección es un modo de educar a niños inmaduros e inseguros. Por eso, en vez de resolverles las dificultades siempre, lo mejor es que les ofrezcamos orientación (si la piden) y les dejemos resolver sus situaciones. No se trata de ‘abandonarlos a su suerte’, sino de permitir que aprendan a gestionarse y hacerse responsables por lo que hacen.

4. Querer que sea como deseamos

¿El niño es algo introvertido? ¿Le gustan cosas que los demás no entienden? ¿Es más independiente de lo normal? Tenemos que respetar su personalidad y apoyarlo en cada cosa que haga.

Cada niño tiene su propio carácter y eso es algo que debemos entender. De ahí que sea bueno que tenga siempre sus propias ideas. Estas nos ayudarán a guiarlo mejor por el mundo para que desarrolle una personalidad sana y pueda ser feliz.

La educación no se trata de imponer ideas y conductas para quedar complacidos con nosotros mismos. Tampoco se trata de crear personas que piensen y se comporten del mismo modo que nosotros.

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5. Compararlo con otros niños

Madre riñendo a su hijo.

Comparar a los hijos con otros niños del colegio o con sus hermanos es un error que no debemos cometer.

Hay padres y madres que caen en el descuido de decir frente a ellos frases como “mi hijo no es tan listo como el tuyo”, “mi hijo mayor es más tímido que el pequeño, por eso no tiene amigos”. 

Debemos cuidar mucho las palabras, ya que los niños se dan cuenta de muchos más detalles de los que pensamos. Eso, a largo plazo, puede convertirse en un trauma para ellos.

Según este estudio de la Universidad Internacional de La Rioja, las comparaciones trasmiten un sentimiento de inferioridad y puede desencadenar una posible baja autoestima que acabaría perjudicando mucho a su madurez emocional.

Nunca, bajo ningún concepto, debe hacerse. Debemos hacer que cada uno de los hijos sea único y especial dentro de sus particularidades. Quererlos por igual y propiciar su madurez, responsabilidad y autonomía, para educar personas felices.

La educación de padres e hijos

Los niños nunca nos van a pedir que seamos las mejores madres o los mejores padres del mundo. Lo que todo hijo necesita es que sus padres estén con él, que lo ayuden a madurar con seguridad para tomar sus propias decisiones y elegir su propio camino.

La educación de los niños nos exige cuidar sin sobreproteger, poner límites con amor y corregir reconociendo el esfuerzo, y trabajar en equipo.

Si cometemos errores, no debemos quedarnos en el pensamiento negativo de que lo hemos ‘hecho mal’ y que ‘somos malos padres’. Al contrario, debemos intentar aprender de la situación e intentar hacerlo mejor a la próxima. Nadie es perfecto ni nace aprendido.

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