5 errores en los que caen los padres exigentes

Raquel Lemos Rodríguez · 6 abril, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 6 abril, 2019
Es probable que muchos padres exigentes se estén centrando demasiado en que sus hijos sean personas brillantes, sin darse cuenta del estrés y el malestar que esto genera en los pequeños.

Existen muchos padres exigentes que se dejan llevar por las altas expectativas que tienen respecto a sus hijos, en diversos ámbitos. Desean tanto que den lo mejor de sí, que desarrollen todo su potencial, que muchas veces no les permiten tener ningún margen de error.

Así en lugar de ayudar a sus hijos, terminan perjudicándoles. Pudiendo llegar incluso a minar su autoestima. Por ello, resultaría conveniente que los padres se detuviesen un momento a reflexionar, siendo la autocrítica un punto clave para empezar a mejorar la relación con sus hijos.

Además de esto, sería importante admitir que puede que se esté equivocado y que es válido permitir que los hijos se tropiecen y vuelvan a levantarse. 

5 errores en los que caen los padres exigentes

1. La sobreexigencia no aumenta el rendimiento

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Cualquiera puede pensar que presionar, exigir y alentar a que un hijo dé lo mejor de sí hará que aumente su rendimiento en la escuela. Sin embargo, ¿qué sucede cuando tu jefe te presiona en el trabajo? ¿Te sientes motivado o, en lugar de eso, empiezas a tener que lidiar con un estrés realmente insoportable?

La sobreexigencia será, en la mayoría de las ocasiones, contraproducente. Pues no viene sola, sino acompañada de estrés y ansiedad. Además, el hijo puede pensar que no está siendo todo lo bueno que su padre quiere que sea. Se dará cuenta de que no cumple las expectativas y esto lo desmotivará.

Es necesario que darle su espacio. La presión no siempre genera buenos resultados.

2. El perfeccionismo no es bueno

Los padres exigentes tienden a ser muy intolerantes con las equivocaciones que sus hijos cometen. Sin embargo, luchar contra esto es inútil.

Ningún ser humano es perfecto. Por ello, los padres exigentes deben entender que educar en el perfeccionismo no es bueno para sus hijos. Evitar los errores no es tan saludable como enseñar a aprender de ellos y volverse a levantar. 

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3. Expectativas irrealizables que frustran

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Hacerse expectativas demasiado altas de los hijos no ayudará a que estos logren sus metas, sino a que se frustren más fácilmente cuando intenten complacer y vean que no llegan a hacerlo. Es necesario ajustarse a un panorama realista, que les permita lograr lo que desean, sin necesidad de buscar constantemente la aprobación de los padres.

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4. Problemas en las relaciones personales

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Aunque no lo crean, los padres exigentes pueden llegar a afectar la calidad de las relaciones interpersonales de los hijos. Al no saber gestionar los conflictos adecuadamente, desarrollan muchas inseguridades y también, pueden comenzar a ser demasiado exigentes con los demás. Empezarán a esperar demasiado de ellas, a querer recibir lo mismo que dan… Y así, vendrán las decepciones, las desilusiones y los desencantos.

En el plano de las relaciones también hay que ser realistas. De lo contrario, estaremos perdidos.

5. El cariño hay que ganarlo

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Los hijos que tienen padres exigentes miden el cariño que estos puedan darles en el hecho de cumplir o no las exigencias establecidas por los progenitores. De esta manera, aprenden que el amor no es incondicional, sino todo lo contrario. Si cometen un error, ya no los querrán; si no cumplen las expectativas, no son merecedores de cariño.

Todo esto causará una grave falta de autoestima y una fuerte inseguridad que se trasladará a sus futuras relaciones.

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Una reflexión pendiente

Los niños de hoy en día se encuentran muy presionados y con una gran necesidad de buscar la aprobación de sus progenitores. Esto no solo es el preliminar de una gran infelicidad, sino del fracaso de sus futuras relaciones.

Los padres exigentes tendrían que ser conscientes de que ellos también cometen errores, de que sus hijos no tienen por qué ser perfectos y que la confianza en las habilidades, y no en los resultados, es esencial.

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