5 errores que cometemos a la hora de tomar un baño

No hay nada más común que tomar un baño. No obstante, ¿sabías que, en ocasiones, hay cosas que hacemos mal sin darnos cuenta y que no son buenas para nosotros?

Puede resultarte curioso, porque no hay nada más placentero, relajante e higiénico que darnos una buena ducha por la mañana o un baño con adecuados aceites esenciales a última hora del día para irnos bien relajados a la cama.

Entonces, ¿qué es lo que podemos estar haciendo de modo incorrecto?  ¡Descúbrelo a continuación!

1. Cuidado con las duchas o los baños muy calientes

Bano relajante

Lo sabemos. Pocas cosas son tan agradables como darnos un baño bien caliente al llegar a casa para poder relajarnos. No obstante, ¿qué pasa si la temperatura es muy elevada y estamos por ejemplo debajo de la ducha unos 15 o 20 minutos?

  • Corres el peligro de que, al salir de la ducha, notes una fuerte diferencia térmica y te desmayes.
  • El agua muy caliente puede hacer que perdamos parte de nuestros aceites esenciales, esos que la piel necesita para mantenerse tersa e hidratada. Lo que hace el agua caliente es abrir los poros, y ese es el momento en que podemos sufrir una pequeña descompensación.
  • Lo mejor es que no estemos mucho tiempo con el agua caliente. Es suficiente con unos 5 ó 6 minutos. Después, sigue tu baño con una temperatura más tibia. ¡Nunca debe quemarte!

2. Cuidado a la hora de secarte

Hay quien, al terminar su baño, coge la toalla y se seca de un modo muy enérgico y vigoroso. Si la toalla en sí es además algo seca, entonces estaremos dañando nuestra piel, consiguiendo que se irrite y que, poco a poco, esté mucho más seca.

Lo ideal es utilizar una toalla suave que te permita secarte la piel mediante movimientos circulares muy delicados, eliminando el exceso de humedad pero siempre sin frotar. Los albornoces, por ejemplo, son realmente cómodos y adecuados, puesto que nos permite envolvernos cálidamente a la vez que la piel se seca casi sin darnos cuenta.

3. ¡Cuidado con tus toallas!

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En ocasiones el peligro en las toallas no está solo en que sean ásperas y nos irriten la piel. Otro de sus riesgos es ser un escenario más que propicio para el cultivo de las bacterias y los gérmenes. ¿La razón? La humedad que suele quedarse en sus fibras si no las secamos bien.

En ocasiones no basta con que una toalla huela bien. Hay veces que son ya demasiado viejas, que están ya saturadas de los químicos de nuestros detergentes, ocasionando así que, al final, suframos pequeñas reacciones alérgicas. Así pues, lo más adecuado será renovarlas cada cierto tiempo para evitar imprevistos y problemas de salud.

4. El riesgo de utilizar demasiado jabón

Jabon de naranja

No es lo mismo si somos deportistas y hemos sudado mucho que si apenas hemos sudado y solo queremos darnos esa ducha diaria para empezar la jornada. Es decir, todo dependerá de cada persona, pero hay quien utiliza en exceso esos jabones ricos en perfumes y que huelen tan bien, sin saber que lo que se están aplicando en muchas ocasiones es una alta cantidad de alcohol y otros químicos que alteran el pH de nuestra piel, el cual se encarga ya de modo natural de defendernos de agentes externos como ácaros, bacterias u otros microorganismos.

¿Lo más recomendable? Utilizar la cantidad justa de jabón mezclada siempre con agua. Y otro apunte: si son jabones naturales como el de la imagen superior, mucho mejor.

5. Cuidado con las esponjas

Esponja-de-lufa

Este dato es curioso y vale la pena tenerlo en cuenta. Según nos indican los dermatólogos, lo más adecuado y saludable para nuestra piel sería utilizar esponja en nuestros baños solo dos veces por semana y secarlas con luz solar después de haberlas utilizado para evitar así la colonización con mohos que pueden causarnos infecciones, hongos o foliculitis.

  • Lo más práctico es aplicarnos el jabón con la mano y la cantidad justa, tal y como te hemos indicado antes. Puedes utilizar uno elaborado naturalmente con glicerina y avena, que te permita cuidar cada día de tu piel pasándolo por tu cuerpo sin la necesidad de una esponja.
  • Más tarde, y dos días a la semana, es realmente útil hacernos una exfoliación con una esponja adecuada, como la esponja lufa de la que ya te hemos hablado en nuestro espacio. De ese modo eliminamos células muertas y restablecemos el equilibrio de nuestra epidermis.

Recuerda siempre estos sencillos aspectos cuando tomes tu baño. ¡Te irán muy bien!

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