5 frases que debes decirte en momentos de dificultad

Valeria Sabater·
30 Abril, 2020
Aunque no lo veamos cuando estamos inmersos en ellos, los momentos de dificultad no dejan de ser pasajeros. Debemos aprender a hacerles frente cuando llegue el momento.

Los momentos de dificultad llaman a nuestra puerta sin que les esperemos y, más aún, sin que ninguno de nosotros estemos verdaderamente preparados para hacerles frente. La adversidad tiene muchas formas. Tantas que, en ocasiones, no basta ni siquiera con contar con el mejor apoyo o con haber leído múltiples libros de autoayuda.

A pesar de que en muchas ocasiones hayamos oído aquello de que “las dificultades preparan a las personas comunes para que encuentren destinos extraordinarios”, la realidad nos dice que muchas veces lo único que buscamos es, simplemente, sentirnos bien.

La vida traerá en su momento esos destinos extraordinarios pero, cuando nos sintamos desfallecer, cuando nos abracen los momentos de dificultad, no hay que dudar en decirnos a nosotros mismos estas frases.

1. Tengo derecho a llorar, pero también a volver a sonreír

Mujer con ojos cerrados

El desahogo emocional es imprescindible para pasar un duelo, asumir un fracaso, un error o una dificultad. Jamás debe contenerse ni tenemos que sentirnos avergonzados por sentirnos abatidos y faltos de fuerzas.

Ahora bien, este estado y esa necesidad respetable de “abrazar a nuestros demonios” no debe extenderse en el tiempo ni ser algo permanente.

Llorar y desentrañar nuestras tristezas tiene un fin muy claro: ayudarnos a aceptar lo ocurrido para seguir adelante, para, más tarde, propiciar el cambio. Merecemos volver a sonreír.

2. La persona que mejor puede ayudarme en momentos de dificultad soy yo mismo

Podemos tener buenos amigos, una pareja excepcional y una familia afectuosa. Ahora bien, quienes debemos ser capaces de hacer frente a esos momentos de dificultad somos nosotros mismos.

Sin voluntad, sin energía, sin ilusión es muy complicado que podamos salir de esa sala de oscuridad que ahora nos envuelve. Escuchemos a quienes nos rodean y dejémonos ayudar, pero pongamos también en marcha los mecanismos para avanzar.

3. No puedes elegir las circunstancias, pero sí tus pensamientos para hacerles frente

Hay cosas que no se pueden evitar: una pérdida, una enfermedad, una ausencia, una relación en la que tenemos que poner punto y final a pesar de los esfuerzos…

  • Ninguno de nosotros podemos controlar al 100 % esas circunstancias complicadas que, de vez en cuando, la vida se encarga de traernos. En cambio, sí que somos responsables de nuestros pensamientos.
  • Un “no puedo” nos inmoviliza por completo y nos trae unas emociones igual de negativas. Ahora bien, con un “yo voy a poder con esto” esa emocionalidad cambia por completo y encontramos fuerzas renovadas.

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4. La vida está más allá de la línea del miedo

La zona de confort es ese espacio invisible donde se contiene todo lo que nos es seguro, conocido y controlable.

Ahora bien, en momentos de dificultad, sentimos que la adversidad ha cruzado esos muros y nos aprisiona con sus dedos alargados. Nuestra calma y lo que antes dábamos por sentado se está derrumbando.

Debemos cruzar ese miedo y poner un paso más allá de esa línea.

  • Si nos da miedo pensar qué va a ser ahora de nosotros tras esa pérdida, crucemos ese muro. Aceptemos primero lo ocurrido y, después, recordemos que la vida debe seguir, y nosotros con ella. Hay que avanzar.
  • Si nos sentimos amenazados, racionalicemos esos miedos y recordemos la frase anterior: “quien mejor puede ayudarnos somos nosotros mismos”.

5. Hay que cultivar la paz y el equilibrio interior cada día a día

Mujer mirándose en el espejo

Cuidamos de la alimentación, del cuerpo y vamos al médico para realizarnos chequeos rutinarios. Cuidamos de los nuestros cada día y, seguramente, llegamos casi sin fuerzas a la cama. Ahora, hagámonos esta pregunta: ¿cuándo fue la última vez que atendimos a nuestras emociones, necesidades o paz interior?

Si anteponemos siempre la felicidad de los demás a la nuestra, acabaremos hundidos. De la misma manera, si centramos nuestros esfuerzos en “cosas”, en acumularlas o conseguirlas, perderemos el sentido de lo que es auténtico: nuestra felicidad, nuestra integridad.

Cuando llegan los momentos de dificultad debemos estar preparados, y nada mejor que cultivar nuestra paz cada día, fortaleciendo la autoestima y el autoconcepto.

Entendiendo, ante todo, que la vida fluye, que cambia a cada instante. Lo queramos o no, debemos formar parte de este movimiento vital.

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La resiliencia es la mejor arma que uno puede tener

Para concluir, puesto que ninguno de nosotros podemos prever en qué momento pueden acontecer esos instantes complicados que siempre nos ponen a prueba, lo esencial es poner en marcha los siempre efectivos mecanismos de la resiliencia. Porque, quien quiera ver el arco iris, debe estar dispuesto a aceptar la tormenta.