6 consejos para enfrentar el bullying o matoneo

Es muy importante hacer ver a nuestros hijos que ellos no son los culpables de esa situación de acoso y que, en ningún caso, la violencia es el camino para arreglar las cosas.

Lamentablemente, el acoso, bullying o “matoneo” es algo que ha existido siempre. Mas, solo recientemente se le ha dado la importancia que amerita. Durante mucho tiempo se lo vio como algo natural y no como el problema grave que es.

Hoy por hoy, es frecuente oír hablar del acoso escolar. Sin embargo, el acoso lo sufren personas de todas las edades y está presente en todas las esferas de la vida. Por desgracia, hay personas que son objeto de bullying en el trabajo, en la familia e, incluso, en su círculo de amistades.

Qué se entiende por bullying o acoso

Entendemos por acoso cualquier acto de maltrato continuada que termine por afectar negativamente la autoestima de la persona maltratada.

Así, el abuso, la intimidación y las agresiones tanto físicas como psicológicas continuadas por parte de una o más personas sobre otra, terminan por lastrar el crecimiento personal de esta última. Los adultos solemos tener los recursos para identificar cuándo estamos siendo víctimas de acoso.

Bullying o acoso infantil

Si el objeto de bullying es un niño, el problema puede revestir incluso mayor importancia. Pensemos que un niño no tiene personalidad aún. Y, por tanto, tampoco cuenta con un criterio definido que le ayude a poner en su lugar a las personas que le están causando daño.

De ahí que, a la más mínima sospecha de que tu hijo pueda estar sufriendo acoso, sea preciso hacer algo al respecto. El bullying no es un juego. Muchas vidas se han perdido por culpa de esta lacra social.

En los casos más graves de acoso, los niños son maltratados al punto de que son inducidos a la depresión y a la muerte. La situación de indefensión en que coloca el acosador a su víctima, la lleva a pensar en el suicidio como única solución posible.

Por todo ello, ponemos a tu disposición algunos consejos sobre lo que debes hacer llegado el caso.

1. No amenaces a las personas que están causando el maltrato

A nadie le gusta que maltraten a los suyos. Sin embargo, debemos ser especialmente cuidadosos cuando los maltratadores son niños. Piensa que incluso pedir cuentas a un menor de edad podría traerte aún más problemas.

De ahí nuestro consejo de que no recurras a este método. Por el contrario, trata de hablar con ellos de una forma cordial. Mejor aún es intentar hablar con los padres del maltratador. Quizás se muestren receptivos y consigan corregir la conducta de sus hijos.

2. No obligues a tu hijo a devolver el golpe

niños

En muchos casos, los padres se cansan de que su hijo sea blanco de la agresividad del maltratador. Y, equivocadamente, los incitan a pagar con la misma moneda. No caigas en esto. Recuerda que la violencia solo trae más violencia.

3. No sobre protejas a tu hijo

Está claro que, como padres, buscamos proteger a nuestros hijos de cualquier situación que les pueda causar daño. Mas, cambiar a tu hijo de escuela, de barrio, de cuidad e, incluso, prohibirle que salga, no es la solución a una situación de acoso.

Tan contraproducente es incitarlo a ser agresivo como pasivo. Sea como fuere, el acoso es un problema que hay que enfrentar. De ahí que salir corriendo no resuelva nada.

4. Actúa de inmediato

En el mismo instante en que notes que tu hijo está siendo molestado por otras personas, toma medidas. Cuanto más tiempo pase, tu hijo va a ser cada vez más perjudicado. Explícale que el abuso no es normal

Y, no vaciles en hablar inmediatamente con los implicados. Es decir, con los profesores y con el resto de niños y de padres. El apoyo de la comunidad educativa puede ser un factor determinante en la resolución temprana del conflicto.

5. Bríndale total apoyo a tu hijo

padrehijo

En estos casos, es importante que le hagas ver a tu hijo lo valioso que es. Que él o ella no ha hecho nada para merecer esos abusos. Muchas veces los padres están al margen de las vivencias de sus hijos. De ahí también la importancia de construir una relación sólida y sincera con tus hijos.

Es crucial que le brindes toda tu confianza. Solo así te contará cada una de las cosas que le pasan en su diario vivir. Ten en cuenta que uno de los efectos perniciosos del bullying es el hacer sentir vergüenza en la víctima.

6. Busca nuevos espacios

La rutina de la casa al colegio y del colegio a la casa puede ayudar a que tu hijo tenga problemas de depresión. Procura buscar nuevos espacios que propicien que tu hijo haga nuevas amistades. Llévalo a practicar algún deporte o actividad que eleve su autoestima y lo emplee a fondo. Le servirá para sanear la mente, liberar el estrés y llenarse de buenas energías.

Recuerda…

Esperamos que estos consejos te sirvan para hacer frente a este problema. Recuerda que no es normal que molesten y golpeen a un niño. Y que es más fácil reconducir este tipo de situación de maltrato cuando se le planta cara desde el comienzo.

A la más mínima sospecha, no vaciles en acudir al colegio. Habla allí con el profesorado y con el orientador. Ellos tienen la obligación de intervenir ante los familiares de los implicados. Asimismo, procura darle mucho amor a tu hijo. Y, por nada del mundo, le enseñes a ser agresivo con las personas que abusan de él. La violencia podría ir a más y agravar aún más la situación.

Es importante, además, tener presente que el maltrato se puede presentar tanto en la escuela como en cualquier otro lugar. De ahí nuestra exhortación a que si eres víctima o conoces a alguien que lo sea, en cualquier ámbito, hagas lo posible por solucionar este problema. Sé activo en la búsqueda de la solución. Nadie, absolutamente nadie, puede ser sometido a ningún tipo de maltrato. Digámoslo bien claro y fuerte: No al acoso.

  • Rodes Lloret, F.; Monera Olmos, C. E., y Bravo, M. P. (2011). Vulnerabilidad infantil: Un enfoque multidisciplinar. Madrid: Díaz de Santos.
  • Piñuel, I., y Oñate, A. (2007). Mobbing escolar: Violencia y acoso psicológico contra los niños. Madrid: CEAC.
  • Sanmartín, J. (2007). "Violencia y acoso escolar", Mente y Cerebro, 26: 12-19.