6 situaciones en las que los músculos alertan de que algo no está del todo bien

Daniela Echeverri Castro · 17 febrero, 2019
Muchas veces, cuando estamos a punto de enfermarnos, notamos cómo nos duelen determinados músculos. Esto se debe a una disminución en la actividad de nuestro sistema inmunitario

Los músculos entran en acción eb todos los movimientos voluntarios e involuntarios que tenemos cada día.

El complejo sistema muscular está compuesto por más de 650 músculos que, junto al sistema óseo, brindan soporte al cuerpo.

Su actividad tiene un estrecho vínculo con las funciones metabólicas y, de hecho, aunque no estén haciendo esfuerzo, queman calorías.

Más allá de esto, los músculos son imprescindibles para el desplazamiento y la fuerza del cuerpo, por lo que resulta conveniente mantenerlos en buen estado.

Incluso, cuando algo no está funcionando bien, los músculos envían señales de alerta que permiten evitar problemas más complejos.

Cuando un dolor muscular dura algo más de dos días y más allá de molestias causa fuertes dolores, es síntoma de que puede haber algo más, según explica el doctor George Kannankeril, especialista en rehabilitación de la Universidad de NorthShore.

1. Tienes un desequilibrio de electrolitos

desequilibrio-electrolitos

Los desequilibrios en los niveles de electrolitos suelen ser comunes entre los deportistas y personas que hacen trabajos de alta exigencia física.

El exceso de transpiración que se genera durante estas actividades trae consigo la expulsión de sales minerales que, más tarde, puede generar este tipo de desbalances.

Aunque el agua ayuda a equilibrar los líquidos que se pierden, siempre es necesario sobreponer los minerales a través de alimentos saludables y bebidas enriquecidas.

Ignorar esta situación aumenta el riesgo de lesiones musculares y es la causa del dolor y los calambres.

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2. Desgarro de los músculos

La aparición repentina de dolor al ejecutar movimientos específicos del músculo suelen indicar que se produjo un desgarro.

A diferencia de los dolores típicos del entrenamiento, estos se manifiestan casi de inmediato y solo al hacer algunas actividades.

Su intensidad varía en función de la gravedad, aunque generalmente aumenta cuando se realiza algún esfuerzo significativo.

3. Tus defensas han disminuido

Defensas

Los dolores y el debilitamiento muscular son los primeros en alertar de la disminución de la actividad de los mecanismos de defensa del cuerpo.

Los músculos suelen sentirse cansados cuando el sistema inmunitario no reacciona ante algunos agentes que provocan enfermedades.

Sentir el cuerpo dolorido sin una razón aparente y padece fatiga muscular puede indicar que estás próximo a enfermarte.

Esto se debe a que el organismo comienza a usar los procesos inflamatorios para atacar los virus y, por ende, los músculos quedan afectados.

4. Estás deshidratado

A pesar de que en cientos de oportunidades nos han resaltado la importancia de ingerir agua, muchos aún continúan bebiéndola en cantidades mínimas.

El agua participa en los procesos vitales del cuerpo y, entre estos, la salud muscular es una de las más comprometidas.

El agua es necesaria para una óptima oxigenación de las células del tejido muscular y, cuando no se consume, aumenta la recurrencia de los calambres musculares.

Aunque este síntoma puede derivarse de muchos otros problemas, un gran número de casos se generan por la deshidratación.

5. Necesitas tomar un descanso

Descanso

Después de una rutina de entrenamiento intensa, los músculos sufren microdesgarros que se manifiestan a través del dolor.

El proceso de recuperación de esta situación es lo que permite aumentar la masa muscular en conjunto con la alimentación.

Sin embargo, para que esto se dé de forma óptima, el cuerpo necesita un poco de tiempo para descansar.

Continuar entrenando, pese al dolor puede generar lesiones que, más adelante, afectan la fuerza muscular y la habilidad de movimiento.

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6. Tienes anemia

La sensación de hormigueo, los calambres nocturnos y la debilidad muscular muchas veces son producto de un cuadro de anemia.

Esta enfermedad, caracterizada por la disminución de glóbulos rojos, reduce la capacidad del cuerpo para oxigenar los tejidos y por eso afecta la salud de los músculos.

Su aparición está relacionada con la deficiencia de hierro, aunque también puede originarse por la reducción de otros nutrientes importantes.

El consumo de alimentos ricos en hierro, además de las fuentes de aminoácidos esenciales, resulta beneficioso para acelerar su recuperación.

De hecho, estos nutrientes aumentan el nivel de energía de todo el cuerpo, participando en la recuperación de la fuerza muscular.

Ahora que conoces las situaciones alertadas por los músculos, analízalas mcada vez que alguna dolencia te aqueje.

Siempre es conveniente consultar al médico para saber si necesitan algún tratamiento.