7 claves para hacerle frente al reflujo gastroesofágico

Además de evitar los hábitos nocivos como el tabaco o el alcohol, para prevenir el reflujo gastroesofágico es conveniente cuidar nuestro peso y no consumir comidas demasiado copiosas

El reflujo gastroesofágico es un trastorno digestivo que se produce cuando el contenido ácido del estómago asciende hasta el esófago y la boca debido a la alteración de los mecanismos que cierran su paso.

Se caracteriza por causar una incómoda sensación de ardor e inflamación a nivel del esternón, en ocasiones acompañada con dificultades para tragar y dolor torácico.

De hecho, es una causa muy común de dolor torácico no cardiaco que, algunas veces, es difícil de diferenciar con el ocasionado por un infarto agudo de miocardio.

Si bien no se considera una patología y suele ser de carácter esporádico, siempre es aconsejable prestarle atención para evitar otro tipo de complicaciones.

Además, dado que su desarrollo implica el desequilibrio entre los factores agresores y defensivos de la mucosa esofágica, es primordial brindarle tratamiento antes de que ocasione otras enfermedades.

Por fortuna, basta con hacer algunos cambios en el estilo de vida para disminuir su recurrencia y controlar sus síntomas.

En el siguiente espacio hemos reunido las 7 claves principales para hacerle frente sin tener que recurrir a tratamientos químicos.

1. Mantener un peso adecuado

Bajas de peso muy rápido

Las personas con sobrepeso y obesidad tienden a tener más episodios de reflujo gastroesofágico en comparación con los que mantienen un peso saludable.

El exceso de peso y la acumulación de grasa en el perímetro abdominal causan una compresión gástrica que facilita el paso de los ácidos hacia el esófago.

Por otro lado, mantener un peso estable facilita el proceso de digestión de los alimentos, lo cual resulta clave en la prevención de este problema.

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2. Evitar el estrés

Aunque muchos lo ignoran, el estrés tiene mucho que ver con los síntomas digestivos recurrentes que afectan la calidad de vida.

Este participa en las funciones de muchos sistemas del cuerpo y, entre estas, suele alterar los procesos que se llevan a cabo en el tubo digestivo.

Padecerlo incrementa la segregación de sustancias estimulantes como la adrenalina que, en este caso, aumenta la secreción de ácidos en el estómago.

Además, tiende a dificultar la digestión de los alimentos y, por consiguiente, aumenta la sensación de ardor y dolor.

3. Evitar los alimentos que agravan el trastorno

Consumes grasas y procesados

Por sus componentes, algunos alimentos contribuyen a disminuir la presión del cardias, lo que facilita el ascenso de los ácidos hacia el esófago.

Eso sin contar que muchos tienden a incrementar los niveles de acidez y la irritación en la mucosa que protege el esófago.

Entre ellos cabe destacar:

  • La menta
  • El ajo y la cebolla
  • El chocolate
  • Los aceites y las carnes grasas
  • La mantequilla
  • Los jugos cítricos
  • El tomate
  • El café
  • Los quesos curados

4. Evitar el cigarrillo

El tabaquismo es un hábito que aumenta el riesgo de patologías crónicas y, a su vez, es una causa principal de trastornos recurrentes como el reflujo gastroesofágico.

Esto se debe a que reduce la producción de saliva, una sustancia que contrarresta los ácidos desde la boca hasta el estómago.

Dado que la boca y la garganta se resecan, la sensación de ardor es incluso más fuerte que cuando se produce por otros factores.

5. Utilizar ropa cómoda

Usar ropa ajustada

El uso de prendas sueltas, en especial después de comer, es una de las mejores medidas para evitar el reflujo.

Los pantalones, cinturones y camisas ajustados incrementan la presión intraabdominal y, por ende, favorecen la salida del contenido ácido del estómago.

6. Adoptar una buena postura

Tener una buena postura durante y después de las comidas es determinante para mejorar las funciones del sistema digestivo.

Esta no solo facilita la motilidad de los alimentos durante los procesos de digestión, sino que, por el efecto de gravedad, disminuye la recurrencia de la acidez y el reflujo.  

En este sentido, es bueno tener en cuenta que el estómago se contrae de forma continua para que los alimentos se mezclen y, al estar tumbados, esas contracciones llevan con facilidad el contenido ácido hacia la parte superior.

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7. Evitar las comidas antes de dormir

comer-de-noche

Un error recurrente en la población es ingerir comidas demasiado copiosas en las horas previas al descanso nocturno.

Este mal hábito no solo puede conducir al desarrollo de trastornos de sueño sino que, inevitablemente, aumenta los episodios de reflujo y molestias digestivas.

Dado que el cuerpo permanece en una posición tumbada, los jugos ácidos suben con más facilidad hacia el esófago y la boca.

Por lo tanto, es necesario comer con tres horas de anticipación al momento de dormir y procurar elegir cenas ligeras.

Para finalizar, es bueno recordar que este problema puede aparecer como síntoma inicial de algunas patologías del sistema digestivo.

En caso de que, a pesar de poner en práctica estos hábitos, se manifieste de forma recurrente, lo mejor es consultar al médico para conocer su posible causa.