7 cosas que te causan hambre sin que te des cuenta

Si estás siguiendo algún tratamiento médico es posible que esté influyendo en tu hambre y tus ganas de comer en exceso. Tan pronto como lo termines volverás a la normalidad

La ansiedad por la comida es uno de los grandes obstáculos que se atraviesan en el camino de aquellos que buscan bajar de peso.

El deseo continuo de saciar el apetito conduce a una ingesta excesiva de calorías que, aunque puede parecer inofensiva, con el paso del tiempo causa un importante incremento de peso.

Si bien sus efectos pueden variar según la edad y el ritmo del metabolismo, casi siempre impide mantener un peso estable y un estilo de vida sano.

Lo que muy pocos alcanzan a imaginar es que esos deseos incontrolables por la comida pueden tener su origen en la práctica de algunos hábitos cotidianos.

De hecho, está comprobado que un gran porcentaje de las dificultades para perder peso son el resultado de algunas malas costumbres que parecen no tener nada que ver.

Por esta razón es primordial aprender a identificarlo y, a su vez, tomar algunas medidas para que no lleven a comer más de lo adecuado.

A continuación queremos revelar esas 7 cosas que muchos hacen sin ser conscientes de sus efectos en el apetito.

1. No dormir lo suficiente

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Las personas con trastornos de sueño suelen tener más ansiedad por la comida que aquellos que logran dormir sin interrupciones.

Al parecer, un mal dormir incrementa la producción de una sustancia química llamada grelina, la cual aumenta la sensación de hambre.

Lo más preocupante es que está relacionado con el sobrepeso y la obesidad, ya que, por si fuera poco, conduce a ingerir carbohidratos y grasas en exceso.

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2. Mascar chicle

El chicle o goma de mascar es un motivo poco conocido del deseo incontrolable por comer más de lo adecuado.

Quienes acostumbran a ingerirlo experimentan continuos deseos de comer dulces y grasas, dado que es un producto rico en azúcares artificiales.

Por otro lado, este hábito engaña al organismo y hace que la saliva envíe señales al estómago para que se prepare para digerir los alimentos.

3. Consumir bebidas alcohólicas

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El consumo excesivo de bebidas alcohólicas aumenta la sensibilidad del cerebro ante las señales externas de los alimentos, como sus olores, provocando intensas ganas de comer.

Esto sin mencionar que son una fuente significativa de calorías vacías que pueden desequilibrar las energías y el metabolismo del cuerpo.

4. Saltarse el desayuno

Si bien se ha señalado que es la comida más importante del día, muchos continúan ignorándolo o cometiendo errores nutricionales.

Un desayuno balanceado, rico en antioxidantes y proteínas garantiza una jornada activa tanto a nivel físico como mental.

Estos nutrientes esenciales prolongan la sensación de saciedad y estimulan el buen funcionamiento de los sistemas principales del cuerpo.

Todo lo contrario ocurre cuando carece de nutrientes esenciales y, en su lugar, se ingieren demasiados carbohidratos y grasas.

5. Consumir algunos fármacos

Algunos fármacos

El consumo excesivo de algunos fármacos tiene como efecto secundario la ansiedad por ingerir más calorías de las debidas.

Estos irritan la flora bacteriana del intestino y estimulan la producción de las hormonas que aumentan la sensación de hambre.

Y, aunque es un síntoma que desaparece tan pronto como se complete el tratamiento, casi siempre se requieren recomendaciones del nutricionista.

6. Estar deshidratado

La deshidratación aumenta la sensación de fatiga y, al igual que la falta de sueño, hace que el cuerpo necesite fuentes de “combustible” para trabajar con normalidad.

Eso indica que, aunque se realicen las comidas principales, la sensación de hambre es constante y casi que insaciable.

Lo que hay que tener en cuenta en estos casos es que, casi siempre, el deseo de comer en realidad es una manifestación del cuerpo ante la falta de líquido.

Por lo tanto, en lugar de ingerir alimentos ricos en calorías, lo idóneo es aumentar el consumo de agua y líquidos saludables.

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7. Tener estrés

Estres

Mientras que una situación de tensión temporal puede suprimir el apetito durante un rato, los continuos episodios de estrés incrementan las ganas de comer a lo largo del día.

Este estado emocional le dice al organismo que necesita abastecerse de combustible, ya que, para contrarrestar sus efectos, tiene que invertir más energía.

Debido a esto se activan ciertas funciones en el cerebro, entre las que se incluye la producción de las hormonas del hambre.

¿Te sientes identificada? Si es así, es probable que también estés teniendo problemas para mantener un peso adecuado.

Procura evitar todas estas situaciones y, en cuestión de días, notarás que tienes más control sobre tus deseos por comer.