9 razones engañosas de tener hambre

Muchas veces comemos porque confundimos los sentimientos. Es probable que solo tengamos sed, o incluso podemos llegar a comer por aburrimiento, por lo que conviene comprobarlo antes de comer sin mesura

No es hora de almorzar, ni siquiera está cerca. Y, sin embargo, lo único en lo que puedes pensar es en la próxima vez que vas a comer y lo que va a ser.

Es todo lo que puedes hacer para no llevarte a la boca lo que esté al alcance de tu mano. Pero, ¿qué pasa?

Resulta que nuestros cerebros y cuerpos frecuentemente conspiran para engañarnos y pensar que es hora de comer, cuando en realidad no lo es.

Aquí encontrarás 9 razones engañosas de tener hambre.

1. No dormiste lo suficiente la noche anterior

Insomnio

¿Has notado tu estómago gruñendo en los días que sonó la alarma mucho antes de que estuvieras listo para enfrentar la mañana?

Esto se debe a la falta de sueño, que se ha relacionado con los niveles más altos de la hormona grelina, que es la responsable de desencadenar el hambre.

Y, para empeorar las cosas, cuando uno está privado de sueño, por lo general, se anhelan carbohidratos y los alimentos cargados de calorías, ya que tu cuerpo busca fuentes alternativas de energía.

Los investigadores creen que esto podría ser una pista de por qué las personas que regularmente duermen poco se encuentran en un mayor riesgo de obesidad.

2. Comiste demasiado ayer

La ciencia no tiene una explicación exacta a esta sensación. Sin embargo, no se puede negar que la sensación ocasional de irse a la cama lleno y despertar más hambriento que nunca es muy común.

Contrariamente a la creencia popular, no es que tu estómago en realidad se expanda, es probablemente más una consecuencia del tipo de alimentos que hayamos comido en la cena.

Si exageraste en almidones la noche anterior, esto podría haber desencadenado los cambios dramáticos en el azúcar en la sangre que engañan al cerebro pensando que todavía no estás lleno.

3. Estás en la etapa premenstrual

Muchas mujeres saben que esto es intuitivamente cierto, pero no hay pruebas sólidas para respaldar esos atracones alimentados por el síndrome premenstrual.

Durante la fase de premenstrual, hay un aumento de la producción de progesterona. Esto parece aumentar no solo el apetito, sino también la insatisfacción general con tu cuerpo, como si no fuera ya lo suficientemente emocional.

Curiosamente, los animales también siguen un patrón premenstrual de sobrealimentación similar.

4. Podrías haber consumido un mejor desayuno

Mejor desayuno

La comida más importante del día es también una de esas en las que es más fácil equivocarse, y es que comer mal en el desayuno puede deshacer todo un día.

Un estudio de 2013 ha sugerido que uno de los componentes más importantes para un desayuno adecuado es la proteína. Las personas que comieron desayunos ricos en proteínas tenían menos probabilidades de consumir alimentos grasos y azucarados durante el resto del día.

También es posible que estés consumiendo muy poca fibra o grasa, las cuales ayudan a mantenerte lleno. O, tal vez simplemente comes demasiado poco en el desayuno.

Una barra de cereales o una pieza de fruta, sin duda, son una opción rápida y fácil para las mañanas para salir corriendo por la puerta. No obstante, consumir de 300 a 400 calorías es mucho mejor para mantenerte satisfecho hasta el almuerzo.

5. Tomas ciertos medicamentos

Los medicamentos pueden estimular tu apetito. En los últimos 20 años, el número de medicamentos que posee algún efecto secundario ha aumentado de uno de cada diez a uno de cada cuatro. En algunos casos, tan pronto como se haya completado el tratamiento, tu apetito volverá a la normalidad.

Sin embargo, para las afecciones crónicas que requieren medicación de por vida, es conveniente discutir las opciones de medicamentos con tu médico. Podría ser un fármaco similar con menos efectos secundarios.

6. Tienes el hábito de consumir refrescos de dieta

Una bebida dulce sin calorías envía un mensaje al cerebro de que las calorías están en camino.

El gusto de refrescos de dieta por sí solo puede provocar que el cerebro envíe algunos dolores de hambre para compensar esa sensación.

Todavía se necesitan más investigaciones para ayudarnos a comprender totalmente este truco pero, mientras tanto, es probablemente una buena idea cortar o, al menos, reducir el consumo de bebidas artificialmente endulzadas.

7. En realidad solo tienes sed

Un poco de deshidratación puede darte sensación de fatiga y, al igual que cuando estás privado de sueño, el cuerpo a menudo siente que necesita calorías como combustible.

Eso significa que puedes experimentar lo que crees que es el hambre, cuando en realidad tienes sed. Los expertos a menudo sugieren beber un vaso de agua y luego de esperar unos minutos antes de ceder a un ansia por la comida.

Para ayudar a distinguir el hambre de la sed, imagina comer una comida abundante: si no suena atractivo, consume un poco de agua en su lugar.

8. Estás aburrido

Depresion

Mucho de lo que hacemos en la vida está impulsado por la dopamina, un mensajero químico en el cerebro relacionado con la motivación, el estímulo y la recompensa. A nivel biológico, la dopamina nos hace sentir bien acerca de comer, así que no nos olvidamos de hacerlo.

Así, cuando no nos pasa nada interesante, el cerebro busca la manera de desencadenar las neuronas de dopamina para salvarnos del aburrimiento, buscando algunas emociones y la comida es una de ellas.

Si es lo que te sucede, lo mejor es distraerte: Disfruta de un buen libro, escucha tu música favorita, medita o haz ejercicio, etc.

9. Estás estresado

Nuestra respuesta al estrés natural es técnicamente una táctica evolutiva para ayudarnos a evitar convertirnos en la cena de alguien más.

Ante el estrés, el cuerpo siente que necesita abastecerse de combustible, ya que piensa que ha tenido que luchar duro, por lo que activa un par de sistemas del cerebro para aumentar el apetito.

Así, los antojos tienden a centrarse en los alimentos más grasos y azucarados.

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