Abriendo los ojos se aprende más que abriendo la boca

Abriendo los ojos se aprende más que abriendo la boca

Se dice que tenemos dos ojos y una boca para observar el doble de lo que hablamos. Ten en cuenta esta premisa a la hora de establecer tus relaciones personales

Abriendo los ojos desde el corazón se entienden y se descubren muchas más cosas que abriendo la boca.

Porque el primer paso para conectar con alguien es saber escuchar y saber mirar, y todo ello debe hacerse previamente con los labios sellados.

La sociedad de hoy en día apenas tiene tiempo para esta necesitada introspección, en la cual atender el mundo desde el silencio del corazón y desde esa mente que primero entiende y que nunca juzga.

Las prisas, las redes sociales, siempre ansiosas por compartir los últimos rumores, nos sumen en ocasiones en esa necesidad por la inmediatez donde no hay tiempo para la reflexión.

Por ello, hoy en nuestro espacio te proponemos ir con calma, tomar aire y empezar a ver las cosas con los ojos muy abiertos y el corazón “encendido”. ¿Te animas?

Abrir los ojos para abrir la mente

Es muy posible que ya hayas oído hablar del movimiento slow o movimiento lento. Es una corriente cultural con gran trascendencia psicológica a la vez que emocional.

Quienes iniciaron esta propuesta de pensamiento y de actitud ante la vida quisieron, por encima de todo, hacernos cuestionar ese rumor acelerado que nos traen las nuevas tecnologías donde la hiperconexión resta calidad a la comunicación, y donde, a su vez, se valora la inmediatez.

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Así como existe también una reacción a la comida rápida (fast food), se reclama un cambio de concepto a este ritmo en el cual muchos estamos sometidos.

La población, por lo general, ha dejado de mirar a los ojos para mirar a las pantallas, y no solo eso.

Las propias relaciones entre las personas también exigen que reflexionemos un poco sobre los siguientes aspectos.

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La necesidad de escuchar antes de hablar

Una de las cosas que más suele molestarnos en nuestras conversaciones con algunas personas es que hay quien escucha no para comprender sino para responder.

  • Antes de abrir la boca hay que abrir los ojos, los oídos, para poner en marcha los mecanismos de la comunicación empática.
  • La comunicación empática es aquella en la cual se atiende por igual al aspecto verbal como al no verbal.

El primero tiene en cuenta el mensaje comunicado, pero los ojos deben estar atentos para atender detalles, gestos, expresiones y todo ese mundo emocional que se inscribe en nuestros rostros.

Es primordial que todos nosotros desconectamos el motor de las prisas para disfrutar de esos diálogos reposados donde conectar al 100% con quien tenemos delante.

Los ojos que saben “contemplar” conectan con el corazón

Decía Sócrates que el arte de contemplar es la virtud de preguntarnos el porqué de las cosas. Deberíamos saber diferenciar el arte de “ver” de la necesidad de saber “contemplar”.

  • Quien se limita solo a “ver” descubre la forma de las cosas, el rumor externo de las personas y esa superficialidad en la que no se profundiza.

Quien solo “ve” se deja llevar por las apariencias y por su propio juicio, sin conectar jamás con quien está ante él.

  • Ahora bien, cuando contemplamos nuestra realidad lo hacemos desde un vínculo más íntimo. Desde esa conciencia que conecta ojos con corazón, que se preocupa, que busca un porqué a cada cosa y establece una unión excepcional con sus entornos y las personas que habitan en él.

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Los ojos que dicen la verdad, las bocas que solo liberan rumores

Suele decirse que unos ojos sinceros jamás necesitarán subtítulos, porque la mirada es el reflejo de nuestro mundo emocional. Así pues, si los ojos tienen esa capacidad tan “mágica”, hagamos un buen uso de ellos.

Atiende sin juzgar, contempla sin emitir juicios y permítete acercarte a la persona que habla contigo para entenderla de forma íntegra y respetuosa.

  • Usa los ojos para obtener información, pero luego, sé selecto con cada una de tus palabras. Jamás las uses para hacer daño, sé sincero, pero no agredas con tu comunicación.
  • Cuando te encuentres con alguien que no te mantiene la mirada, que cuando hablas con él evita mirarte a los ojos, pregúntate por qué. Tal vez sea desconfianza o timidez, pero es necesario que, durante el diálogo, las personas se miren cara a cara.
  • En nuestras relaciones del día a día nos enfrentamos en más de una ocasión a los rumores. A esas bocas que hablan sin saber, que llevan una vida precipitada y que no practican el respeto ni la inteligencia emocional.

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No te enojes por esas críticas, no merece la pena. Quien cierra los ojos y hace uso solo de la boca nunca dirá nada cierto de ti porque no te conoce.

Es su mundo, su realidad, su forma de pensar. Así pues, no pierdas tiempo con lo que no merece la pena.