Absceso

Edith Sánchez · 4 diciembre, 2017
Los abscesos son una reacción de defensa del sistema inmunitario, cuando penetra una bacteria, un hongo u otro tipo de gérmenes en el organismo

El absceso es una infección. Se caracteriza por provocar inflamación y acumulación de pus en una zona del tejido cutáneo o subcutáneo. También en los órganos internos o entre sus cavidades.

Estos pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo. Los más peligrosos son los que se forman internamente y no son perceptibles a simple vista.

El término proviene de la raíz latina “abscedere”, que significa salir de un sitio o desplazarse. También del prefijo “abs”, cuyo significado es alejarse o irse de un lugar. Integralmente significa entonces: algo que se separa y se desplaza hacia otro lugar. Lo que se separa es el pus, que se concentra en una zona específica.

La primera vez que se habló de los abscesos fue hace unos 2050 años. Quien utilizó por primera vez la palabra fue el escritor romano Aulo Cornelio Celso. Antes de él Hipócrates había hablado de los “apostemas” que eran básicamente lo mismo. La palabra absceso comenzó a emplearse regularmente en la literatura médica a partir del siglo XVI.

Tipos de absceso

Tipos de absceso

Existen dos tipos de abscesos: externos e internos. Los primeros se forman debajo de la piel. Los segundos, en los órganos internos o en los espacios entre estos. Las causas para que aparezcan son múltiples. Los más frecuentes son:

  • Absceso cutáneo y subcutáneo.
  • Absceso hepático amebiano.
  • Absceso de Bartolino.
  • Absceso cerebral.
  • Absceso anorrectal.
  • Absceso dental.
  • Absceso epidural.

Otros abscesos usuales son: mamario, pulmonar, hepático, del psoas, subfrénico o subdiafragmático, capilar, etcétera.

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Causas de un absceso

Un absceso externo se forma cuando entran al cuerpo bacterias, hongos o gérmenes. Casi siempre esto ocurre porque hay una herida abierta. También tiene lugar si la higiene es deficiente. Cuando estos elementos extraños ingresan al organismo, causan una infección.

Los abscesos internos se forman porque hay problemas en el estado de salud del paciente. Puede ser que un órgano esté funcionando de manera deficiente. La apendicitis, por ejemplo, es una forma de absceso. Así mismo, una infección hepática puede dar lugar a un absceso hepático, o la pulmonía a un absceso pulmonar.

También es usual que los abscesos internos y algunos externos estén asociados con dificultades en el sistema inmunológico. Asimismo, es posible que se contraigan por exponerse a un ambiente sucio. O que se contagien por contacto con una persona que tenga mala higiene o mala circulación.

Procesos fisiológicos

Procesos fisiológicos - copia

El absceso es una respuesta del sistema inmunológico a la infección. Lo que hace el organismo es aislar la infección para evitar que se extienda. Una vez que el patógeno causa la infección, comienzan a actuar los glóbulos blancos. Estos son la defensa del organismo.

Los glóbulos blancos migran a través de las paredes de los vasos sanguíneos. Así llegan al área donde está la infección. Allí se acumulan, dentro del tejido que está dañado.

Todo este proceso hace que se forme el pus. Este se compone de glóbulos blancos aglutinados; parte de esos glóbulos están vivos y otros muertos. También contiene líquidos, tejido muerto y bacterias u otro material invasor. Cuando el pus se acumula, se inflama el tejido.

Si no se drena, provoca dolor en el área donde está. Los abscesos como tales no son contagiosos. Sin embargo, las bacterias que los provocan sí lo son

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Síntomas y diagnóstico

Síntomas y diagnóstico

El absceso externo se distingue porque es una masa firme, que casi siempre duele al solo contacto con la piel. Esa masa está rodeada por un color rosado o rojo y en el medio está el pus. A veces supuran líquido y pueden ir aumentando de tamaño. Cuando están en la superficie de la piel se ven como un grano. Si están por debajo de esta, simplemente parecen un bulto.

Los lugares en donde aparecen abscesos externos con mayor frecuencia son en la ingle, cerca del cóccix, alrededor del ano, en el área de la vagina, en las encías o en las axilas. En algunos casos, el médico ordena una muestra del líquido. Esta se analiza para determinar qué tipo de microorganismos ocasionan el problema.

Para diagnosticar los abscesos internos, generalmente se realizan examenes especializados. Los más usuales son: ultrasonido, tomografía computarizada y resonancia magnética.