Aceite de coco para tratar el hígado graso

¿Sabías que el aceite de coco es muy beneficioso para nuestra salud hepática? También puede favorecer la pérdida de peso y ayudarnos a combatir muchos problemas digestivos.

Al aceite de coco se le considera a menudo como “el aceite de la vida”.

Nos permite cuidarnos por dentro y por fuera.

Durante un tiempo se advirtió sobre sus riesgos para la salud. En la actualidad, y gracias a diversos estudios, se ha descubierto que sus múltiples ácidos grasos son todo un tributo a la salud y al bienestar.

Hoy en nuestro espacio queremos enseñarte por qué el aceite de coco puede ayudarte a combatir múltiples problemas asociados a nuestra salud hepática y, en especial, al hígado graso.

El aceite de coco y la salud de nuestro hígado

En primer lugar, hay que tener en cuenta que para beneficiarnos del aceite de coco es necesario adquirirlo en una tienda natural de confianza, o en un centro dietético. Debemos asegurarnos que su producción es orgánica y natural. También debemos buscar productos virgen extra y no refinados (presión en frío).

El aceite de coco ha sido utilizado desde la antigüedad para tratar numerosas enfermedades. También se ha usado con aplicaciones para la belleza: piel, cabello…

A día de hoy su uso ya está aceptado en todos los países. Tras un tiempo de escepticismo donde se pensaba que podía ser peligroso para nuestro corazón. Todo ello ha pasado ya a ser parte del pasado. Podemos hacer uso de él siempre y cuando lo consumamos de forma justa y equilibrada.

  • El aceite de coco es un tipo de grasa saturada saludable capaz de ayudarnos en múltiples procesos internos. No por ser “grasa” va a hacernos daño. Como ya sabes, nuestro organismo también necesita de este tipo de ácidos grasos para realizar sus funciones.
  • El aceite de coco se compone de ácidos grasos de cadena media. La mayoría de las grasas son de cadena larga y tienen un efecto negativo sobre el colesterol. En el caso del aceite de coco no es así. Por ello, nos ayuda a tener una mejor salud cardíaca y hepática.
  • Contiene ácido láurico, un tipo de compuesto que nos va a ayudar a reducir el colesterol malo y equilibrar la tensión arterial.
  • El aceite de coco dispone de un nivel muy alto de antioxidantes. Estos protegen a nuestro hígado del ataque de los radicales libres a la vez que favorecen la correcta depuración de toxinas.

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El aceite de coco puede ayudar a revertir el problema del hígado graso

Debemos asegurarnos de la calidad del aceite de coco.

Gracias al aceite de coco reducimos su inflamación y ese aumento de tamaño que suele cursar con el hígado graso. Un dato importante es que logramos reducir la carga de trabajo del hígado. Al mismo tiempo, combatimos la acumulación de grasa en él.

Dado que el aceite de coco es antiviral, antibacteriano, y antifúngico, el hígado puede hacer frente a múltiples problemas a la vez que agilizamos sus funciones metabólicas.

Otros estudios nos indican que el consumo regular de aceite de coco (una cucharada diaria) nos ayuda a prevenir el daño hepático inducido por alcohol. Lo que conseguimos es sanarlo, nutrirlo y aportarle un  suministro constante de energía.

El aceite de coco nos ofrece energía

El aceite de coco es capaz de aportarnos una dosis muy interesante de energía. Cuando nuestro hígado almacena grasas, el agotamiento general es evidente.

Ahora bien, en el momento en que empezamos a consumir de forma regular esa cucharada de aceite de coco, la grasa empieza a descomponerse mucho más rápido en el hígado y se trasforma en energía.

  • Es común que tanto deportistas como atletas incluyan aceite de coco como suplemento natural en las bebidas deportivas y sus batidos.
  • También te gustará saber que, dentro de una dieta saludable y equilibrada, introducir aceite de coco nos va ayudar a favorecer la pérdida de peso.
  • Cuanta más energía tengamos, más rápido funcionará nuestro metabolismo. Todo ello lo notamos en el ánimo para hacer algo de deporte.

El aceite de coco mejora nuestras digestiones

Debemos tomar una cucharada de aceite de coco al día.

El aceite de coco puede ayudarnos a mejorar las funciones del sistema digestivo. Además ayuda a potenciar la correcta absorción de las vitaminas solubles en grasa.

Los minerales y aminoácidos presentes en este compuesto natural nos permiten luchar frente a muchos problemas digestivos. Algunos ejemplos podrían ser las úlceras o incluso el siempre molesto intestino irritable.

Otro dato interesante es el hecho de que las grasas saturadas presentes en este aceite tienen propiedades antimicrobianas. Esto va a ayudar a nuestro organismo a eliminar posibles bacterias, hongos y parásitos que causan indigestión y otras enfermedades digestivas.

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Dosis diarias y posibles efectos secundarios

  • La dosis recomendada es una cucharada diaria en ayunas (unos 15 gramos diarios). Puedes combinarlo en tus zumos y batidos.
  • El principal efecto adverso que podemos sufrir son posibles náuseas y malestar en el estómago. No todos tenemos el mismo organismo, con lo cual, debemos estar atentos a cómo nos sienta.
  • Si lo prefieres, puedes dividir esa cucharada en tomas de 5 gramos tres veces al día. Todo dependerá de nuestra propia tolerancia. No obstante, la clave está siempre en ser regular y no excedernos en esta dosis.
  • Dayrit, F. M. (2015). The Properties of Lauric Acid and Their Significance in Coconut Oil. Journal of the American Oil Chemists’ Society. https://doi.org/10.1007/s11746-014-2562-7
  • Zakaria, Z. A., Rofiee, M. S., Somchit, M. N., Zuraini, A., Sulaiman, M. R., Teh, L. K., … Long, K. (2011). Hepatoprotective activity of dried- and fermented-processed virgin coconut oil. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine. https://doi.org/10.1155/2011/142739