La agresividad en los niños: mi hijo se vuelve agresivo de repente

23 julio, 2018
Las conductas agresivas son respuestas a emociones negativas mal gestionadas. Los niños pueden aprender a reconocer y encauzar sus emociones del mejor ejemplo que pueden recibir: sus padres.

La agresividad en los niños es una conducta que responde a emociones negativas. Todos los niños en algún momento sentirán este tipo de emociones y en la medida en que aprenda a gestionarlas, podrá controlar la aparición de las malas conductas.

Por supuesto, no es igual una conducta agresiva en un niño pequeño de 3 a 5 años, que aún no reconoce sus emociones; a un niño mayor de 7 o 9 años, que ya debe estar en el proceso de autocontrolarse; o la conducta violenta en un adolescente.

Podemos decir que una conducta es agresiva cuando genera un daño hacia si mismo, para los demás, o para el entorno. Si creemos que nuestro hijo se ha vuelto agresivo, es importante analizar qué factores pudieron influir en su comportamiento; así será más fácil ayudarlo a lograr el autocontrol.

¿Cuáles son las causas de la agresividad en los niños?

  • La frustración, la ira y el miedo son la principal causa de conductas agresivas. Al no saber cómo controlarlas responden con agresividad.
  • Cuando los padres acceden a los caprichos del pequeño al tener este tipo de conductas.
  • La agresividad en los niños también puede ser utilizada para llamar la atención de los adultos o de otros niños.
  • Los niños más pequeños imitan conductas agresivas que observan en sus figuras más cercanas, como los padres, o en sus pares.
  • El niño analiza determinadas respuestas agresivas y comprueba qué resultados tiene.
  • La agresividad en los niños también puede ser una respuesta a un malestar personal. Si se trata el problema, seguramente el niño erradicará la conducta.

¿Cómo ayudo a mi hijo a controlar conductas agresivas?

Enseñar a los hijos a gestionar las emociones negativas, depende de las propias capacidades de autocontrol que tengamos como adultos. Ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos no es fácil, pero es fundamental para inculcar ese aprendizaje en los pequeños.

La autoregulación de las respuestas iracundas o violentas dependerá del crecimiento personal y del conocimiento que se tenga de si mismo. En este sentido, queremos proponerte estas estrategias para lograr que tu hijo se encamine hacia el control de la agresividad.

Te puede interesar: 7 comportamientos tóxicos de los que no son conscientes los padres

Reconocer las emociones y ofrecer opciones

A los padres les corresponde enseñar a los niños a reconocer las emociones negativas, como la ira o la frustración, y canalizarlas hacia conductas positivas. Cuando tu hijo responde de forma violenta, debes enseñarle otro camino para solucionar sus problemas o diferencias.

Dile a tu hijo: “entiendo que estés enojado, pero en vez de pelear o gritar, puedes hacer…”. Es una forma de reconocer la emoción y encausarla hacia una conducta positiva.

Establece normas claras y precisas

Evita confundir a tu hijo con muchas normas. El niño necesita saber que las conductas agresivas tienen consecuencias, que antes de explotar debe intentar calmarse. No se justifica la agresión por muy molesto que esté y si actúa violentamente debes dejarle claro que será sancionado.

 Responde con calma

Cuando ante la conducta agresiva se responde con agresividad, no se frena el comportamiento sino que se alimenta la ira y la frustración de los niños. Al actuar con calma, se logra apaciguar la furia del pequeño. Si el niño grita, se le debe hablar en un tono suave.

Madre gritando a su hijo.

Evita dar ejemplos de agresividad

Si en el hogar los problemas o discusiones se resuelven con gritos o golpes, ese será el ejemplo que recibirán los hijos. Los niños aprenden de lo que ven y lo primero que ven está dentro del hogar.

Averigua qué le pasa

La agresividad en los niños puede ser expresión de que algo lo perturba o señales de estrés infantil. Pregunta a tu niño por qué reaccionó de esa forma y explícale por qué no está bien que responda de manera violenta.

En la medida en que demuestres interés en lo que le pasa, él será capaz de precisar qué lo tiene tan molesto. Al abrirse contigo encontrarán la solución al problema que lo inquieta.

Evita que las rabietas se vuelvan conductas normales

Si ante una rabieta en lugar de ser firmes cedemos a los deseos del niño, esta se convertirá en una fórmula exitosa para conseguir lo que quiere. Si tu hijo reclama de forma violenta tu atención, recuérdale que solo si se calma puedes entender lo que quiere.

Si el niño grita y tira cosas o se ha enfadado porque no juegas con él, no debes atender a su reclamo haciendo de inmediato lo que él te pide. Primero explícale las razones por las cuales no puedes jugar en ese momento y además dile que si se calma, en cuanto tengas tiempo jugarán juntos.

Hagan juntos ejercicios de relajación

Es importante enseñar a tus hijos a relajarse. Es adecuado que se tomen un tiempo para reflexionar, para reconocer y expresar la emoción; antes de recurrir a una respuesta violenta. Puedes practicar con tu hijo técnicas de relajación como contar hasta diez y hacer ejercicios de respiración.

Ver también: ¿Cómo evitar el comportamiento agresivo?

Evita reírte

Nos pueden causar gracia las primeras conductas agresivas del niño, pero aunque te provoque risa, evita reírte. La risa le trasmite un mensaje erróneo de que esa conducta violenta es correcta.

Reparar el daño y pedir perdón

Madre-hablando-con-su-hija

Cuando el niño responde con agresividad (rompe juguetes, grita, golpea, muerde), debe pedir perdón por lo que hizo; sea a otro niño o a sus padres. En la medida de lo posible, también debe reparar el daño que ha causado. El niño seguramente se siente mal por lo ocurrido y el pedir perdón lo ayudará a sentirse mejor.

Conclusión

Un niño enojado, frustrado o con miedo puede responder con agresividad, hacia sus padres o hacia otros niños. Si te sientas a conversar e indagar qué es lo que lo perturba, seguramente encontrarás la mejor manera de erradicar las conductas agresivas.

Jamás niegues el amor que sientes hacia tu hijo por haber tenido esa conducta. Es importante dejarle claro que rechazas ese comportamiento, pero en ningún caso el rechazo se debe direccionar hacia el niño.

Te puede gustar