He cambiado: ahora ya me atrevo a decir "basta"

Valeria Sabater·
05 Agosto, 2020
Saber decir “basta” en el momento adecuado nos ahorrará más de un quebradero de cabeza. Nada como poner límites para defender el propio bienestar.
 

¿Cuándo fue la última vez en la que te atreviste a decir “basta” en voz alta? Aunque de primeras parezca sencillo, este simple gesto supone un importante acto de valentía. Es la forma de preservar el propio bienestar emocional marcando los límites de lo que estamos dispuestos a tolerar.

Además, lejos de lo que algunos puedan pensar, las personas sí cambiamos con el tiempo. Varían ciertos aspectos de la personalidad, así como los valores y las actitudes que nos permiten adaptarnos mejor a las dificultades de la vida.

Con este tipo de transformaciones el ser humano consigue avanzar. Es decir, se trata de oportunidades en las que es posible recuperar la paz interior y reencontrarse con uno mismo. Te invitamos a reflexionar sobre este asunto.

Decir “basta”: un acto de liberación

Si nos detenemos unos segundos en pensar cuántos ‘síes’ hemos dicho a lo largo del día frente al número de ‘noes’ que hemos pronunciado, nos daremos cuenta de un detalle interesante.

 

Resulta que las personas, por lo general, optamos antes por las afirmaciones que por esas negaciones que tanto nos cuesta expresar.

El modelo educativo con el que crecimos suele orientarse hacia esa cortesía respetuosa. Se nos acostumbra a contestar sí, a dar las gracias y a ser solícitos en cada momento. Todos estos hábitos son muestras de amabilidad que nos abrirán puertas en más de una ocasión.

Ahora bien, contar con estrategias para ser asertivos nos ayudaría a abordar asimismo otra clase de situaciones, aquellas en las que queremos responder de otra manera. Te explicamos en qué consistiría.

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La importancia de la asertividad

La asertividad es, por encima de todo, esa conducta gracias a la cual logramos defender los propios derechos y puntos de vista de forma respetuosa, considerando a la persona que tenemos delante.

 
  • En primer lugar, para conseguirlo es preciso saber hasta dónde llegan los límites de aquello que vamos a aceptar o a rechazar según el caso. Es decir, qué estamos dispuestos a consentir y qué no.
  • Una vez que tenemos claros lo valores con los que nos identificamos, es importante que los cuidemos tanto a nivel individual como evitando transgredirlos en las interacciones con los demás.
  • Se trata de respetar y de ser respetados. De aprender a escuchar, pero también de alzar la voz para explicar aquello que no queremos, no nos gusta o nos hace daño.
  • Utilizar el pronombre personal ‘yo’ dará soporte a las frases que emitimos: “Yo no voy a permitir que me hables así”, “Yo no soporto esto, porque me hace daño”, “Yo me siento infravalorado, pienso que no me estás apreciando”…

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Las posibles consecuencias de decir “basta”

A veces los cambios van acompañados por emociones como el de miedo o la inseguridad. Sentimos temor al imaginar las posibles consecuencias que se desprenderán de la decisión que hemos tomado.

 
  • Decir “basta” a esa dinámica familiar tan compleja provocará, por ejemplo, que dichas personas reaccionen de forma negativa, rechazándonos.
  • Ponerle freno a unas condiciones laborales precarias puede hacer que perdamos el empleo.
  • Decir “basta” a los comportamientos rebeldes de los hijos tal vez les incite a estos a soltarnos algo así como “que no nos quieren”.

Es natural tener dudas en tales circunstancias. No obstante, antes de anticipar los resultados, quizás sea necesario detenerse a pensar qué ocurriría en caso de no reaccionar. Esto es, ¿qué va a pasar si seguimos manteniendo esas situaciones tan dañinas?

En ocasiones es más peligroso continuar unidos a un presente insostenible que actuar y decir “basta”. Lo creamos o no, a menudo se abren nuevos caminos que acaso no habíamos contemplado con anterioridad.

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La importancia de defender los propios valores

Si actuamos de acuerdo a aquellos valores con los que nos identificamos, será más sencillo armonizar aquello que sentimos con lo que hacemos.

Pero si nos acostumbramos a ceder hoy y mañana también, si nos orientamos solo complacer a los demás, llegará un día en que no nos reconoceremos ante el espejo.

  • Aunque es casi imposible hacer siempre lo que deseamos, eso no implica que olvidemos respetarnos a nosotros mismos.
  • Para convivir es necesario tener en cuenta las necesidades ajenas, pero también saber escuchar el propio corazón y obrar en consecuencia.
  • La paz interior y la dignidad de cada uno no son negociables.
  • Si dejamos que otros nos vulneren, apareceremos como actores secundarios desempeñando papeles que para nada nos representan.

Con todo, decir “basta” es el camino para dar voz a los propios derechos. Más allá del miedo o la indecisión, poner límites nos ayudará a dar un paso hacia delante.