Alejarnos de las personas que no nos merecen es saludable

Valeria Sabater · 11 marzo, 2017
En muchas ocasiones nos apegamos a personas que no merecen nuestro afecto y que solo buscan el beneficio propio. Procuremos alejarnos a tiempo para que nuestra autoestima no se vea comprometida.

Hay personas que no nos merecen. Darnos cuenta de ello, por curioso que nos parezca, también es un ejercicio de salud y bienestar.

Algo en lo que siempre invertimos tiempo y esfuerzos es en ser aceptados por las personas que nos rodean; es decir, buscamos ser merecedores de la admiración ajena, de la amistad, el afecto y el cariño. Ahora bien, enfocar nuestra existencia bajo este parámetro psicológico es un error.

Las relaciones deben ser dinámicas perfectas, en cuanto a inversiones y ganancias para ambas partes se refiere. El “tanto te ofrezco y tanto me das” no es un acto de egoísmo, sino de reciprocidad. En realidad, es muy sencillo: si yo te ofrezco respeto y cariño, también merezco lo mismo.

Darnos cuenta de esto nos ayudará mucho en nuestras relaciones. A continuación reflexionaremos más acerca de este tema.

Las personas que no nos dedican tiempo, no nos merecen

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Sabemos que, si hay algo que nos falta al cabo del día, es tiempo. Ahora bien, cuando disponemos de él, sabemos en qué invertirlo: en quienes más nos importan.

Si alguien muy cercano a nosotros no practica este “buen hacer” con nuestra persona es que, simplemente, no nos valora como merecemos.

Por otro lado, si antes hablamos del principio de reciprocidad, conviene recordar que esta práctica no no nos excluye a nosotros mismos. Si queremos a alguien, demostrémoselo dedicándole tiempo y, a su vez, procuremos que esos instantes sean de calidad. En caso de no hacerlo, es probable que la otra persona empiece a distanciarse.

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La importancia del ”saber estar”

No es lo mismo mirar que ver, como no lo es oír y escuchar. En este sentido, debemos ser capaces de desarrollar una profundidad más cercana a la hora de establecer relaciones saludables, debemos aprender “a ver y a escuchar” con el corazón.

Hay parejas que se acostumbran a la simple presencia del otro como quien tiene un mueble al lado. Escuchan sus voces y ven sus figuras pero no advierten sus tristezas ni son partícipes de sus universos personales.

La comunicación saludable y enriquecedora es aquella donde se habla y se escucha, donde existe la empatía y ese interés real por decodificar todo aquello que está, a veces, más allá de las simples palabras.

Si quien está con nosotros no nos ve, a pesar de estar todos los días a nuestro lado, tal vez debamos replantearnos algún aspecto.

El respeto es fundamental

conflictos de pareja

Quien ocupa nuestros espacios dejándonos a un lado, vulnerando nuestros valores, ridiculizando nuestros actos y palabras no nos merece. Desafortunadamente hay personas así, que emborronan personalidades y anulan identidades.

Hablamos, por ejemplo, de esos progenitores empeñados en controlar a sus hijos hasta el extremo, de esas parejas tóxicas que dominan al ser amado, o incluso esos directivos de empresa que confunden liderazgo con opresión.

Evitemos este tipo de dinámicas y pongamos límites sanos. Cuidemos de que nada ni nadie rompa el hermoso tejido de nuestra autoestima.

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El egoísmo no conduce a buen puerto

Nadie nos obliga a tener detalles con los demás, a hacer favores, a dedicarles tiempo y esos actos altruistas que, sencillamente, nos salen del corazón, sin esperar nada a cambio.

Sin embargo, hay quien se toma esto como un derecho. Hay quien piensa que esa nobleza es un cabo donde agarrarse para tejer intereses propios y por ello, no dudan de pronto en volverse exigentes, en demandarnos cosas que, al final, terminan por incomodarnos.

Si nos sentimos así o notamos que alguien practica el egoísmo más afinado al aprovecharse de nuestro buen hacer, no dudemos y pongamos distancia.

Las mentiras repelen

Mentiras y engaños en la pareja

Las mentiras que más duelen vienen de quienes más amamos. Somos conscientes de que las mentiras o las medias verdades son muy comunes en nuestro día a día. Sin embargo, hay un umbral que toleramos.

Aceptamos esas medias verdades en las que alguien evita ser sincero por el qué dirán o por simple miedo o vergüenza. No obstante, lo que pocos toleran es la mentira descarada, esa que camufla dimensiones soterradas que afectan directamente a nuestra persona.

Si tienes la seguridad de que, a día de hoy alguien te está mintiendo, no dudes en hablar con esa persona y preguntarle la razón de ese comportamiento. Según cómo reaccione y de su posterior forma de responder tras el primer aviso, actuaremos nosotros.

La integridad personal y emocional debe ser siempre nuestra prioridad, día a día. Recuerdemos que todos tenemos aquello que nos merecemos. Así que procuremos que lo que nos rodee sea hermoso, significativo y enriquecedor. Porque nosotros nos lo merecemos todo.