Alimentación y cáncer: factores de riesgo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio Alonso Castrillejo el 3 enero, 2019
Carolina Betancourth · 7 enero, 2019
Si bien es cierto que se han llevado a cabo estudios, tanto in vitro como en animales, que demuestran que la alimentación si podría ser un factor a tener en cuenta en la carcinogénesis, existen otros muchos factores implicados.

Determinados compuestos presentes en los alimentación pueden suponer un factor de riesgo para el desarrollo de cáncer, así como de otras enfermedades.  De hecho, existen numerosos estudios destinados a esclarecer el grado de implicación entre la dieta y la aparición de procesos cancerígenos.

Se han llevado a cabo estudios que demuestran que la alimentación sí podría ser un factor a tener en cuenta en la carcinogénesis. Estos estudios se han desarrollado tanto in vitro como en animales. Sin embargo, existen otros muchos factores implicados además de la alimentación.

Así, los datos epidemiológicos indican que algunos compuestos presentes en los alimentos podrían ser una causa, aunque no la única, de aparición de cáncer. El estudio se complica al existir una gran cantidad de variables. Destacan factores como el sexo, la edad, la raza, el estilo de vida o la predisposición genética de la persona.

Todos estos factores influyen en el desarrollo tumorogénico. El problema es que no se sabe con exactitud cuánto pesa cada uno de ellos.

De hecho, cada vez existen más evidencias que demuestran la imposibilidad de generalizar en estos casos. Esto es debido a que, aspectos que son especialmente determinantes en una persona pueden no serlo en otra. Haciéndose necesarios los estudios individualizados.

Papel de la alimentación en el desarrollo de cáncer: los carcinógenos

células cancerígenas
Existen numerosas evidencias que relacionan alimentación y cáncer.

Pese a esto, sí que existen determinados compuestos cuyo potencial carcinogénico queda científicamente demostrado. Este es el caso de numerosas sustancias, como por ejemplo el tabaco.

Estas sustancias, que al entrar en contacto con tejidos vivos aumentan el riesgo de desarrollo de neoplasias, se conocen como carcinógenos. En la dieta, podemos encontrar algunas de estas sustancias, que incrementan el riesgo de padecer cáncer. Entre otras destacan:

  • Micotoxinas. Este tipo de compuestos son producidos por algunos hongos que pueden existir en el mal almacenamiento de cereales y frutos secos. Se trata de unos de los carcinógenos hepáticos más potentes conocidos.
  • Compuestos nitrosos. Estos compuestos, entre los que se encuentran las nitrosaminas y nitrosamidas, se forman como resultado de la reacción entre las aminas presentes en algunos alimentos y el nitrito sódico que llevan algunos de ellos, como los alimentos curados, a fin de mejorar su conservación.
  • Hidrocarburos aromáticos. Estos compuestos pueden estar presentes en alimentos de origen vegetal, cultivados en zonas de alta contaminación ambiental, proveniente de la combustión de derivados del petróleo o del carbón. También pueden generarse en alimentos cocinados a altas temperaturas o parcialmente quemados.
  • Aminas aromáticas. Las aminas aromáticas se pueden formar tras el cocinado de carnes y pescados, debido a la reacción existente entre los azúcares y las proteínas.
  • Carcinógenos naturales. Entre ellos encontramos los nitratos de las espinacas, las hidralazinas de las setas o los alcaloides de las patatas. Sin embargo, un consumo moderado de estos alimentos no entraña un riesgo para el desarrollo de cáncer.

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Alimentos de origen vegetal vs alimentos de origen animal

Alimentos variados.
Consumir alimentos vegetales previene de la aparición de cáncer y otras enfermedades.

Diversos estudios revelan que aquellos que consumen más frutas y hortalizas presentan un menor riesgo de desarrollar cáncer. En esta línea, existen evidencias que indican que la alimentación con un elevado contenido en carne podría asociarse a un mayor riesgo de desarrollo de neoplasias.

En este contexto, es importante evitar el consumo excesivo de carnes preparadas con nitritos. Lo ideal es reservar su consumo a ocasiones puntuales. Además, podría resultar beneficiosa su combinación con alimentos ricos en vitamina C. Este compuesto puede paliar los daños de las nitrosaminas.

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Algunos estudios epidemiológicos indican que el consumo de carnes ahumadas, adobadas o saladas incrementa el riesgo de desarrollo de cáncer. Esto es debido a su alto contenido de hidrocarburos aromáticos.

Por último, aunque existe una relación entre alimentación y cáncer, no se debe olvidar que las causas de esta enfermedad son muchas y muy complejas.

Debido a esto, aun hoy en día existe mucha controversia en torno al porcentaje de implicación de la dieta en el desarrollo de la enfermedad. Así, encontramos porcentajes que varían desde un 20 % a un 50%.

También es necesario tener en cuenta que en muchas ocasiones coexisten varias conductas de riesgo que podrían estar implicadas en el desarrollo tumorogénico. Esto dificulta determinar con exactitud qué grado de implicación tiene la alimentación en dicho proceso.

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