Cómo alimentar a los niños para que crezcan sanos

Francisco María García 31 octubre, 2017
Si los padres no comen verduras no pueden pretender que los niños lo hagan. Como en otros terrenos de la vida, en la alimentación también debemos ser un ejemplo para ellos

Una alimentación sana y balanceada es una parte importante para mantener un estilo de vida pleno en salud.

Se debe aprender a comer de todo: carnes, vegetales, frutas, cereales, lácteos, pescados, hortalizas y huevos. Como todo hábito, cuanto más rápido se adquiera, mejor.

Sin embargo, muchas veces es más fácil decirlo que hacerlo. Por gustos, por imitación o por la razón que fuere, en el caso de los niños, hay sabores y alimentos que, sencillamente, no les gustan.

La pregunta que muchos padres se hacen: ¿cómo hago para que mi hijo coma de todo?

Hay algunos consejos bastante sencillos para que los niños adquieran buenos hábitos alimenticios.

Dar ejemplo

Los niños aprenden todo por imitación. Si un niño observa desde pequeño que sus padres comen de todo, es bastante probable que también quiera hacerlo.

No obstante, si ocurre el caso contrario, revertir la situación es casi una misión imposible.

Las actividades físicas y los deportes también deben ser introducidos desde la primera infancia.

Muchos adultos que ahora no llevan una vida activa recuerdan con nostalgia los días en que siendo pequeños les llevaban a los parques para hacer ejercicio.

Ver también: Mindfulness para niños y adolescentes, ¿es eficaz?

La hora de comer debe ser siempre agradable

comida casera familiar 2

 

Los pequeños de la casa deben asociar los momentos de comida con alegría, satisfacción y tranquilidad.

Por ello, si un día no quiere comer, no se recomienda obligarlo a ultranza.

Si la inapetencia es continuada, entonces será necesario consultar al pediatra para determinar el origen de esta conducta.

Jugar puede ser la clave

 Durante los primeros años de vida, los juegos son vehículos pedagógicos fundamentales y no siempre se da la suficiente importancia.

Un juego tan básico como antiguo: “el trenecito” (o su variante, “el avioncito”) es sumamente útil en más de un momento incómodo.

Por supuesto, que se requiere creatividad y variedad. Si se aplican siempre los mismos trucos, no solo se vuelven predecibles, sino también aburridos.

Respetar los horarios de comida

Alimentos saludables para niños

Desde bebés adquirimos un ritmo alimenticio natural más o menos uniforme.

Cuando los niños empiezan a ingerir alimentos más allá de la leche materna, deben tener conciencia de que existen horas del día para cada comida, incluyendo las meriendas.

  • Esta disciplina forma parte de los buenos hábitos alimenticios.
  • Si se come “cualquier cosa a cualquier hora”, es muy probable que no exista el balance correcto.

No claudicar ante las negativas

Si los niños rechazan alimentos concretos, es probable que de verdad no les gusten. Insistir mucho puede ser la clave del éxito.

No obstante, puede ser más efectiva la creatividad. En un buen número de ocasiones, variar la presentación o la preparación puede ser suficiente.

Servir platos atractivos a la vista

Desayunos para tener energía

 La comida entra primero por los ojos. Cualquier persona que se encuentre ante sí con alimentos que resulten repulsivos a simple vista, difícilmente acceda a probarlos.

Como es natural, lo mismo ocurre con los niños.

Para enseñar buenos hábitos alimenticios, la creatividad y la variedad a la hora de organizar los elementos en los platos de comida puede ser muchas veces más determinante en el éxito de una receta que el sabor mismo.

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Saber qué y cuánto necesitan fisiológicamente comer los niños

Hasta los 2 años de vida, la mayoría de los pequeños tienen un apetito voraz.

Además de que cada nuevo alimento representa una experiencia sensorial novedosa, durante este periodo de vida experimentan un rápido crecimiento, por lo que su cuerpo demanda más y más alimentos.

Sin embargo, desde los 2 años hasta la preadolescencia, el desarrollo lleva un ritmo un poco más pausado, por lo que la necesidad de comer de todo desaforadamente puede reducirse.

Muchos padres llegan a creer que sus hijos se volvieron de repente malos comedores, aunque simplemente sea que ya no necesiten comer tanto.

También es importante tener conciencia que entre los 2 y los 6 años es bastante común la aparición de la neofobia, que no es más que rechazo a probar nuevos alimentos.

Al mismo tiempo, las comidas abundantes en grasas se convierten en las favoritas.

Hay que involucrar a los niños en todo el proceso alimenticio: desde la elección de los alimentos en el supermercado, la preparación en la cocina, hasta poner y recoger los platos.

Comer es un ritual que va más allá del simple hecho de abrir la boca, masticar y tragar.

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