¿Amar o no amar nuestro cuerpo? Esa es la cuestión

Yamila Papa 4 abril, 2015

Como el gran Hamlet se preguntaba “¿Ser, o no ser?”. En esta oportunidad hablaremos de un tema bastante controversial, relacionado con el amor y el respeto al cuerpo. En épocas donde lo estético y externo parece ser más importante que el interior y los sentimientos, vale la pena ponerse a pensar al respecto.

Amar nuestro cuerpo, ¿difícil o imposible?

Cada vez más y más mujeres están aprendiendo que está bien querer sus cuerpos, después de años de luchar contra ellos. Pero, ¿por qué tenemos que amar nuestros cuerpos? Porque una cosa es entender que está bien querer a tu cuerpo y otra estar obligados a hacerlo. Y, al tratar de saltar directamente a un sentimiento genuino desde cero, nos damos cuenta de que es algo complicado. Igual que lo es esperar que alguien gane una maratón sin nunca haberse puesto zapatillas.

El amor lleva tiempo, más tiempo del que a veces disponemos pero, además de ello, no puede ser una orden ni algo impuesto. ¿Podemos amar a nuestros cuerpos después de años de insatisfacción, indiferencia y vergüenza? ¿Podemos llegar a ser así de genuinas? Todos conocemos a quienes hablan de un gran “amor corporal” y solo comen col rizada, no se pierden ni un entrenamiento o no introduce nada en su boca luego de pasar por un espejo.

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Tendríamos que pretender sentirnos verdaderamente conectados con nuestro cuerpo, con nuestra piel, conocer cada milímetro de nuestras formas y rincones. Después, sería válido decir “me encanta mi cuerpo”. Y porque este sentimiento es un viaje personal, en constante evolución, a menudo, nos sentimos avergonzados por no ser capaces de amar nuestros cuerpos como las demás personas nos dicen que lo hagamos.

No hay nada más doloroso que nuestro acoso diario al cuerpo, que se convierte en el blanco de todas nuestras furias y enojos. Esperar que nos enamoremos de nuestro cuerpo tan rápido como podría ocurrir con alguien que acabamos de conocer sería olvidar que tenemos una historia muy larga con él, un pasado cuestionable que toma tiempo desentrañar y sanar.

Entonces, no es necesario que nos autoimpongamos la idea de amar nuestro cuerpo si ese no es nuestro sentimiento genuino. Es igual que estar con una persona que no queremos y seguir a su lado porque no queremos estar solos.

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Cómo amar nuestro cuerpo

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor con nuestros cuerpos y mucho más a gusto con nosotros mismos? Ser leales. Todos sabemos cómo ser fieles. Somos leales a nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas (en la mayoría de los casos) pero aún no sabemos cómo ser leales o fieles a nosotros mismos.

Habrá momentos en que esa persona te volverá loca y otros en los que no puedes ser más feliz de amarla. Lo mismo ocurre con el cuerpo. Algunas veces nos dará satisfacciones y otras no, pero tenemos que aceptarlo, como lo hacemos con quienes amamos.

Nuestra relación con nuestro cuerpo es igual que cualquier otra relación. No podemos estar siempre enamorados, sino que debemos aprender también de los momentos oscuros y difíciles. Pero, sobre todas las cosas, necesitamos permanecer leales a esa relación con nuestro cuerpo.

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¿Qué aspecto tiene la lealtad en este ejemplo en particular? Cuando te miras en el espejo y piensas “¡Mi vientre está fuera de control!”, seguro que te preguntas “¿Cómo puedo ser fiel a mí misma en este momento?”. La respuesta puede ser “Sí, querido vientre, estás bastante redondeado… pero sigues siendo mío, así que no te convertiré en mi enemigo”.

Cuando tu instinto esté funcionando mal o tus glándulas suprarrenales estén fatigadas, pregúntate “¿Cómo puedo estar del lado de mi cuerpo, en lugar de traicionarlo con sentimientos de culpa y vergüenza?“. La respuesta puede ser cambiar lo que hay en tu plato, tomar una siesta o salir a caminar un poco.

La lealtad también está presente cuando, en lugar de sentirnos mal por apegarnos a una dieta estrictamente “saludable”, optamos por comer algo que nos gusta y nos quita esa sensación de sofoco y restricción.

La fidelidad está presente cuando te miras al espejo y dices: “Te elijo, cuerpo” en lugar de desear uno diferente. Amar nuestro cuerpo no es tarea fácil. Piensa en cualquier relación: puede ser de pareja, con los padres, los hijos, los hermanos, o los mejores amigos. Actúa con tu cuerpo de la misma manera.

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Ayuda a que mejore, pero no lo juzgues ni intentes cambiarlo de la noche a la mañana.  Acéptalo, quiérelo y acompáñalo cuando las cosas no estén bien. De esta manera será más simple cumplir con la conocida premisa de “me quiero tal cual soy”.

Tips para aumentar la lealtad hacia tu cuerpo

Puede que las palabras anteriores sean muy bonitas pero no sepas cómo plasmarlas en la vida real. Por ello te aconsejamos estas acciones:

  • Piensa en el cuerpo como un vehículo para hacer realidad tus sueños.
  • Haz una lista con todas las cosas que el cuerpo permite que hagas a diario. Cuando te sientas triste al mirarte al espejo, vuelve a leer este listado.
  • No permitas que tu peso o tu talla te limite al hacer aquello que te guste.
  • Que no te importe el “qué dirán”: si eres feliz contigo mismo, nadie puede entrometerse.
  • Lleva ropa que sea de tu agrado y, al mismo tiempo, confortable.
  • Anota en un cuaderno cada vez que pase algo nuevo con tu cuerpo (en lo posible, las cosas buenas).
  • Piensa en todo aquello que podrías estar haciendo en lugar de gastar tus energías en criticar tu cuerpo frente al espejo.
  • Aprende un poco más de lo extraordinario que es tu cuerpo como, por ejemplo, que tu piel se regenera todos los meses y que es un conjunto perfecto donde todo actúa en relación a otro sistema.
  • Come cuando sientas hambre, duerme cuando estés cansada y muévete cuando así lo desees.
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