Amar a quien no nos quiere ¿Qué podemos hacer?

Valeria Sabater·
05 Abril, 2020
¿Tratar de amar a alguien sin que nos corresponda? ¿Lo has llegado a intentar? A veces partimos de una idea errónea de lo que implica este sentimiento.
 

A todos nos ha ocurrido alguna vez. Enamorarnos de alguien que no nos quiere. Es un hecho traumático y doloroso. ¿Qué hacer cuando «amar» se plantea como una ilusión individual pero no compartida?

Idea equivocada de lo que es «amar»

Chantaje en las parejas.

«Amar» puede llegar a ser la emoción más hermosa, intensa o, incluso, caótica que experimente el ser humano. Nos hace ser mejores y vivir con plenitud. Pero, eso sí, siempre que dicho sentimiento sea correspondido. Y es aquí donde surgen dos tipos de situaciones:

  • Enamorarnos de alguien que no responde de la misma manera: es algo frecuente y que a la mayoría de nosotros nos ocurre en algún momento de la vida. A veces somos correspondidos, pero también rechazados y viceversa. Es parte de la aventura que supone adentrarse en las relaciones personales.
  • Cuando es nuestra pareja quien no nos aprecia: es en este escenario donde aparece la contradicción y la respuesta a nuestras dudas. Es, entonces, cuando vemos que amar es un asunto de dos. Si alguien que está a nuestro lado no nos devuelve lo mismo, estaremos hablando de cualquier motivo menos de amor.

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Como vemos, en estas circunstancias desearíamos avanzar junto a alguien que, de una manera o de otra, no comparte tal idea con nosotros. Y si a pesar de ello, no se marcha, será mejor que optemos por barajar otras razones, como la costumbre, el miedo o la comodidad.

Así que, no nos engañemos, si ambas partes no intervienen, existirán intereses de cualquier índole, pero no se tratará de amor.

Si nos paramos a analizarlo, observaremos que en estas ocasiones el sufrimiento y el malestar están garantizados para quien insiste en aferrarse a ese tipo de relación.

¿Qué hacer, pues, cuando «amar» se convierte en una cuestión individual y no conjunta? Veamos algunas claves que nos facilitarán el camino.

Cuando «amar» es solo asunto de uno

1. Recuperar el propio bienestar como prioridad

Aunque el rechazo pueda abrir una herida invisible y difícil de superar, vale la pena ponernos en primer lugar y preguntarnos qué queremos para nosotros mismos. Es probable que lleguemos a la conclusión que lo que no deseamos es precisamente mantener ese dolor.

Y a pesar de que durante un tiempo sigamos buscando un porqué, la rabia y la tristeza harán su función para ayudarnos a canalizar la frustración.

 

Después habrá un período para levantarse. Será el momento en que comenzaremos a asumir lo ocurrido y a priorizar de nuevo el equilibrio emocional que anhelamos.

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2. Trabajar en nuestra autoestima día a día

Hay quien se niega a aceptar este duro golpe e insiste una y otra vez en conquistar a esa otra persona. El ego se resiste y se impone, tratando de ganar esa ardua batalla cuya finalidad es ya difusa.

Pero, reflexionemos por un instante. ¿Qué conseguiremos con esta lucha? ¿Reforzaremos nuestra autoestima o estaremos de nuevo cayendo en la humillación?

Tal vez esta sea la oportunidad para «soltar», para dejar marchar aquello que nos hace daño.

Se abre ahora un abanico de posibilidades que empieza por el propio cuidado, por recordar y sentir quiénes somos y cuánta gente maravillosa nos quiere a nuestro alrededor.

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3. Fracasar para abrir nuevos caminos

Relaciones amorosas.

Sufrir un rechazo a veces se observa como una puerta que se cierra, aunque no deja de ser una creencia distorsionada y alejada de la realidad.

 

Si, como veníamos diciendo, conseguimos «soltar» ese lastre de sufrimiento, podremos asomarnos a nuevas ventanas, antes descartadas bajo la niebla de la insistencia y la humillación.

Abriendo nuestro campo de atención y energía, estaremos expuestos a otras experiencias, personas y emociones. Recibamos estos regalos con gratitud, porque el amor sigue presente bajo cualquier piedra del camino.

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¿Qué aprendemos de estas claves?

Con estas breves ideas hemos querido destacar algunos principios en los que basarnos cuando nos enfrentemos a acontecimientos como estos.

Recordemos que el amor es una emoción positiva en la que participan dos personas y, como tal, vendrá acompañada de sensaciones mutuas de alegría, crecimiento y satisfacción.

Si lo que nos produce una relación o el propio anhelo de la misma es dolor, estaremos hablando de otros sentimientos, pero no de amor.

Intentemos cuidar de nosotros mismos cada día. Sigamos descubriendo el cariño a nuestro alrededor y la pasión en aquellas actividades con las que disfrutamos.