El amor es más hermoso si aprendemos a compartirlo

Valeria Sabater·
07 Septiembre, 2020
Intentar disfrutar del amor implica, entre otros aspectos, la posibilidad de compartirlo con quienes nos rodean. Descubre algunas claves.

El amor es el más hermoso de los sentimientos, la emoción con mayores efectos positivos en el ser humano. Sin embargo, en ocasiones perdemos de vista la individualidad del otro o, incluso, la propia, cayendo en relaciones posesivas o de dependencia.

Desde luego que esta experiencia mejora cuando se comparte. Pero ¿cómo hacerlo de manera saludable? ¿Qué condiciones cabe tener en cuenta? Si te interesa, ¡sigue leyendo! A continuación te lo contamos.

¿En qué momentos es el amor más hermoso?

El cariño es una de las expresiones más nobles que las personas llegamos a manifestar. No obstante, existen algunos detalles que merece la pena considerar para entender en profundidad en qué consiste esta vivencia.

Porque el amor se observa, se aprende y, por supuesto, se comparte…

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El amor se observa

Pensemos en un crío de cuatro años que pasa cada día en un ambiente familiar cargado de conflictos, agresiones, palabras humillantes y violencia física o verbal. La idea que se irá haciendo de lo que es el amor será bastante diferente a la del chiquillo que crece en un entorno afable y cálido.

  • Los niños interiorizan los ejemplos que les aportan los adultos.
  • Es probable que si en la infancia sufrimos carencias afectivas, concibamos esta emoción como una necesidad para cubrir esas heridas. Corremos el riesgo de convertirnos en ‘demandantes de afecto’, pero no en ‘constructores de amor’.
  • Además si en esos primeros años de vida, la relación con la madre, el padre u otros familiares está basada en el desprecio, la falta de apego o un vínculo dañino, el pequeño puede llegar a pensar que ‘no merece ser amado’.

Con todo, parece que la forma en la que establecemos lazos sentimentales cuando somos adultos tiene mucho que ver con los modelos a los que hemos estado expuestos en la infancia, con lo que hemos observado.

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El amor se entiende y se aprende

Nadie viene al mundo con un manual de instrucciones sobre cómo cultivar una relación apropiada, feliz y duradera. Asimismo, aunque entendamos lo que es querer y construir entre dos, a veces no recibimos el trato que esperamos.

  • Las interacciones humanas revisten una especial complejidad y en ocasiones no basta con querer.
  • De hecho, a pesar de lo que creamos, el amor no siempre es condición suficiente para que una pareja se mantenga en el tiempo.
  • Además del cariño, es necesario que tengan lugar los proyectos comunes, la comunicación fluida y, sobre todo, los intereses compatibles.
  • Todos estos aspectos los vamos descubriendo poco a poco. Aprendemos a ser más intuitivos, a saber qué buscamos y qué personas se ajustan más al estilo de vida que llevamos o deseamos.

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El amor es más hermoso cuando se comparte

Con toda seguridad estableceríamos vínculos más sanos comprendiendo el significado del respeto y la importancia de valorar a los demás como parte de uno mismo.

Porque cuando el afecto se comparte de manera genuina, el chantaje egoísta queda a un lado. Es decir, el amor es hermoso si nos olvidamos de encontrar algo a cambio, si enfocamos la atención en unir esfuerzos más que en ver lo que le conviene a cada cual.

Por ello, si pretendemos cuidar a quienes queremos, tal vez esta sea la oportunidad de hacerse algunas relevantes preguntas. ¿Atendemos a las demandas de los demás o nos centramos solo en las propias? ¿Pensamos en alternativas para ceder y alcanzar acuerdos que beneficien a ambas partes?

Abrazo de una pareja con un árbol de fondo

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La magia cuando aprendemos a compartirlo

Para mantener el amor es necesario trabajar en él cada día. Quien se deja llevar o empieza a dar ciertos hechos por sentado, acaba por despreocuparse y perder aquello que quiere.

Además, si tratamos con respeto a quienes nos rodean, será más probable que ellos respondan del mismo modo. Es difícil transmitir afecto a alguien que habla a los otros con desprecio o les hace el ‘vacío’.

Si, a su vez, enseñamos a los más pequeños el valor del cariño, habremos sembrado un importante legado para el bienestar emocional de esos futuros adultos. Podemos darles ejemplo cuidando los pequeños detalles, las miradas, la cercanía, la empatía hacia el otro…

Son múltiples las formas de cultivar el amor consciente y maduro, aquel que se construye sin invadir la identidad de cada cual. Es ahí donde está la magia, esa conexión tan bella entre dos personas que, sin duda, son distintas. ¿Lo intentamos?