El amor es más hermoso si aprendemos a compartirlo

Valeria Sabater · 5 junio, 2016
Nuestra personalidad emocional se va formando desde que nacemos, por eso, si hemos tenido una infancia poco dichosa, puede afectar a nuestras relaciones futuras. Intenta disfrutar del amor y compártelo con los que te rodean

El amor es la emoción más poderosa del ser humano, y a su vez, la más compleja. No todo el mundo sabe amar de manera inteligente, no todos entienden que querer no es poseer, sino construir permitiendo a su vez las individualidades.

A menudo, suele decirse aquello de que el amor es más hermoso si se comparte y, aunque parezca una simple frase hecha, encierra en realidad diversos aspectos y dificultades psicológicas que queremos compartir contigo.

El amor se entiende, se observa y se aprende

A pesar de que el cariño es la fuerza más noble que puede expresar cualquier ser vivo, en el caso del ser humano esconde en realidad algunos aspectos que todos deberíamos comprender y que, seguramente, hasta nos sorprendan.

El amor se observa

Pensemos en un niño de cuatro años que debe vivir cada día en un ambiente familiar cargado de conflictos, agresiones, palabras humillantes y violencia física o verbal.

La imagen que esta criatura obtendrá sobre lo que es el amor será muy diferente a la de ese otro niño que tiene la fortuna de crecer en una familia afectuosa y cálida.

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  • Los niños interiorizan los ejemplos que les aportan los adultos.
  • Si en nuestra infancia sufrimos carencias afectivas, entenderemos el amor como una necesidad vital que debe cubrir esas heridas. Corremos el riesgo de convertirnos en “demandantes de afecto, pero no en constructores del amor”.
  • Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que, si en esos primeros años de vida, esa relación con nuestra madre, nuestro padre y otros familiares está basada en el desprecio, la falta de apego o un vínculo dañino, ese niño puede llegar a pensar que “no merece ser amado”.

Todos estos ejemplos nos llevan a la conclusión que la forma en que amemos en nuestras edades adultas depende sobre todo de la calidad emocional de nuestra infancia. De lo que hayamos observado.

corazon-amor

El amor se entiende y se aprende

Nadie viene al mundo con el manual sobre cómo construir la relación perfecta, la más feliz y duradera.

Aunque nuestra infancia haya sido saludable, aunque entendamos que querer es respetar y saber construir entre dos, algo que aprendemos también desde muy temprano es que no todo el mundo nos ama como nosotros esperamos.

  • Las personas somos complejas y hemos de hacer frente a esa dificultad inherente que existe a la hora de establecer una relación afectiva. En ocasiones, no basta con querer.

De hecho, a pesar de lo que podamos creer el amor nunca es suficiente para que una pareja sea feliz.

  • Además del cariño, debe existir la consideración, la comunicación, la empatía, la apertura emocional y el saber respetar espacios personales mientras construimos un espacio en común.

No obstante, todos estos aspectos los vamos aprendiendo con el tiempo.

Porque de toda relación se aprende. Nos comprendemos mejor a nosotros mismos y, a su vez, logramos ser más intuitivos para saber qué tipo de personas pueden ajustarse a nuestras necesidades, características y afectos.

Cuando el amor se comparte, todos ganamos

El mundo, sin duda, iría mucho mejor si todos comprendiéramos el valor del respeto, esa necesidad de entender y respetar a los demás como parte de uno mismo.

Porque si el amor se compartiera y no se entendiera como un chantaje egoísta donde encontrar algo a cambio, nuestra realidad sería un escenario mucho más hermoso.

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Ahora bien, algo que podemos ver en nuestros entornos más cercanos es que no todo el mundo llega a entender que el amor puede y debe compartirse.

Se llegan a priorizar tanto nuestros universos particulares, nuestras necesidades y afectos que descuidamos a quienes están a nuestro alrededor, a pesar de quererlos.

Abrazo de una pareja con un árbol de fondo

Por ello, es necesario que pensemos durante un momento en estas sencillas estrategias que valdría la pena introducir en nuestro día a día.

  • Si tratamos con respeto a los demás, ellos nos tratarán –o, al menos, así debería ser– del mismo modo. No podemos esperar afecto de alguien nos habla con desprecio o nos hace el “vacío”.
  • Es vital que, además, enseñemos a los más pequeños lo que es el valor del afecto, de ese amor que entiende, que es cercano y que no hace daño. Por ello, debemos ser siempre el mejor ejemplo para ellos.
  • Un aspecto que no debemos olvidar es que para mantener ese amor, esa relación, es necesario trabajarlo cada día. Quien se deja llevar, quien empieza a dar las cosas por sentado y se despreocupa, pierde aquello que ama.

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Es necesario cuidar los pequeños detalles, las miradas, el trato. No se trata en absoluto de ceder en todo, hasta el punto de dejar de ser uno mismo.

Porque el amor consciente y maduro sabe construir mientras respeta las identidades de cada uno de sus miembros.

Es ahí donde está la magia. Esa que no debemos perder.