Amores maduros: cuando la pasión vuelve a aparecer en el momento correcto

Cuando el amor llama a nuestra puerta no entiende de edades. No le importa si ya no tenemos 15 años ni si peinamos canas. Lo que cuenta son las ganas de vivir y de enamorarse

Los amores maduros o crepusculares son esos que llegan cuando no se les espera.

Cuando, superados los 50 o los 60, nuestro corazón late con el vigor de la adolescencia, pero tenemos ya el temple y la sabiduría de varias vidas vividas.

Algo que todos sabemos es que la edad no siempre va de la mano de la madurez psicológica y emocional.

No obstante, cuando ambas dimensiones armonizan, damos paso a una época dorada, a un momento donde la llegada de la pasión se vive de un modo intenso, diferente y enriquecedor.

Hoy en nuestro espacio te proponemos reflexionar sobre este aspecto, sobre ese amor al que nunca se le deben cerrar las puertas, ese capaz de reiniciarnos de nuevo para alcanzar la plenitud personal.

Cuando cerramos las puertas de nuestro corazón cansados de decepciones

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A veces ocurre, cerramos en banda nuestro corazón, nos decimos a nosotros mismos que es mejor no volver a caer, no volver a iniciar una relación afectiva, porque, en el pasado, ya quedamos demasiado heridos, demasiado decepcionados.

  • Podríamos decir aquello de que todo lo ocurrido es aprendizaje, pero hay veces en que la persona se cansa y prefiere, simplemente, estar tranquilo a enamorarse de nuevo.
  • Ahora bien, en ocasiones el destino es juguetón, es caprichoso y gusta de ponernos a prueba para poner ante nosotros una oportunidad más, quizá la última.

Nos invita a enamorarnos de nuevo.

  • Dar o no el paso depende de uno mismo y de lo preparado que se sienta. Es una elección personal, no hay duda, pero hay que reflexionar primero sobre un aspecto esencial.

A veces, lo que más lamentamos no son los errores, sino las oportunidades no aprovechadas.

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Un nuevo amor, quizá el mejor

Hay quien suele comparar unos amores con otros. Las personas solemos hacerlo, nos gusta decidir qué es mejor, qué es peor, qué nos deja más beneficios y que nos ha hecho perder tiempo, esfuerzos y energías.

  • En realidad, más que obsesionaros en comparar un amor con otro, lo más recomendable es entender que cada amor tuvo su momento, su oportunidad y su época determinada.

Al fin y al cabo, hemos aprovechado lo que la vida nos ha traído.

  • En lugar de arrepentirnos de ciertas cosas, lo ideal es asumirlas y entender que lo mejor acontece siempre en el presente y que es en este “aquí y ahora” donde se abre nuestra mejor oportunidad para ser felices.

Así pues…. ¿Por qué no darnos una nueva oportunidad? Los amores maduros, esos que aparecen cuando no se les espera, pueden convertirse, sin duda, en un presente maravilloso y en un futuro del cual formar parte.

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Los amores maduros nos enriquecen como persona

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El mejor modo de construir una relación de pareja estable y feliz es favoreciendo, en primer lugar, ese crecimiento personal con el que cuidar de nuestro bienestar psicológico.

  • Percibirnos fuertes, saberos dignos de un buen amor y caracterizarnos por una personalidad valiente y segura nos ayudará a dar forma a un amor más digno.
  • Si, además, encontramos a una persona igual de segura psicológicamente, alguien capaz de respetarnos, de valorarnos y de saber “formar equipo” para crecer juntos en un mismo camino, es algo que siempre vale la pena.

Algo que no podemos olvidar es que las personas estamos siempre en constante crecimiento. No importa nuestra edad, no importa cuánto hayamos dejado atrás o toda la experiencia que, hasta el momento, nos haya dado la vida.

El amor consciente, maduro, valiente y enriquecedor puede dar una nueva luz a nuestro día a día, y convertirse, sin duda, en una etapa maravillosa.

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La belleza de los amores crepusculares

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Los amores crepusculares se caracterizan por tener una belleza especial, pero también, por no ser tan valorados como merecen.

Nuestra cultura, el cine e incluso la literatura enfatiza esa pasión de la juventud, esa intensidad afectiva que parece estar destinada solo a los jóvenes de 20 años.

Ahora bien, el buen amor también viste canas, y las pasiones más intensas, a veces, acontecen cuando nuestra piel ya no es tan firme, cuando en nuestra sonrisa asoma alguna que otra arruga.

No importa, porque las emociones no entienden de edad, y el amor más hermoso puede aparecer una vez cuando somos adolescentes, una segunda vez cuando estamos en la veintena y una vez más cuando pensamos que la pasión es eso destinado a los jóvenes. 

La pasión puede llegar varias veces a nuestra vida, pero solo nos abrazará si estamos preparados para ella y si nos decimos a nosotros mismos que sí, que vale la pena.