Qué análisis detectan el derrame pericárdico

Edith Sánchez · 9 abril, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el biotecnólogo Alejandro Duarte el 9 marzo, 2019
La prueba básica para determinar la presencia de un derrame pericárdico es la ecocardiografía o ecocardiograma. Otras pruebas son el electrocardiograma, la radiografía de tórax, el TAC y la resonancia magnética.

El derrame pericárdico es una afección en la cual se presenta una excesiva acumulación de líquido entre el corazón y el pericardio. Este último es el saco que cubre al corazón. Se estima que hay derrame cuando el líquido supera los 50 ml.

Entre el corazón y el pericardio siempre hay una delgada capa de líquido. Sin embargo, cuando hay una enfermedad o una lesión, se produce una inflamación. Esta, a su vez, hace que aumente la cantidad de líquido. Pese a esto, a veces hay derrame pericárdico sin inflamación previa.

El derrame pericárdico presiona el corazón y afecta a su funcionamiento. Si no se trata, podría causar una insuficiencia cardiaca y llevar a la muerte. Los análisis que permiten detectar esta condición son los siguientes.

Vías para detectar el derrame pericárdico

Ecocardiograma

Ecocardiograma para derrame pericárdico
Esta técnica es una de las más habituales en el estudio cardíaco, siendo un método empleado para cuantificar el líquido acumulado.

El ecocardiograma es la prueba preferencial para detectar un derrame pericárdico. Este también recibe el nombre de ecocardiografía o ultrasonido cardíaco. Es una prueba que permite visualizar la estructura del corazón y estudiar su capacidad para bombear sangre.

El ecocardiograma con técnica Doppler permite también establecer la velocidad exacta de los flujos del corazón. Desde el punto de vista técnico, el ecocardiograma bidimensional y en modo M es la técnica idónea para diagnosticar, cuantificar y hacerle un seguimiento al derrame pericárdico.

La inexistencia de ecos entre el epicardio y el pericardio lateral es un hallazgo que permite diagnosticar un derrame pericárdico. El cardiólogo determina el tamaño del derrame a partir de la cantidad de espacio que hay entre las dos capas del pericardio.

Es de anotar que existen básicamente dos tipos de ecocardiograma. El transtorácico, en el cual se emplea un dispositivo que se coloca sobre el pecho, a la altura del corazón, y emite sonido. Y el transesofágico, en el cual el dispositivo se introduce en el tubo digestivo hasta el esófago. Este último aporta datos más detallados.

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Electrocardiograma

El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón. Básicamente permite evaluar el ritmo y la función cardiaca. El derrame pericárdico causa alteraciones en el gráfico, pero estas no son específicas.

Lo habitual es que se vean ciertas anomalías en el complejo QRS. Este es un vector que refleja la suma de todas las descargas eléctricas que se producen en las células de los ventrículos. En general, cuando hay derrame pericárdico se ve una reducción en el voltaje del QRS.

Así mismo, en estos casos se aprecia un aplanamiento de las ondas T. Si el derrame es muy severo y hay taponamiento, se observa una alternancia eléctrica. Lo habitual es que la onda P se vea ancha y bimodal, lo cual sugiere una anormalidad.

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Radiografía torácica, TAC y RNM

Resonancia magnética
Aunque con una radiografía podemos observar cambios estructurales en el corazón, es la resonancia la que mejores resultados muestra.

La radiografía de tórax es una toma de imágenes con rayos X que permite visualizar todos los órganos de la zona torácica. La tomografía axial computarizada o TAC es una prueba que también emplea rayos X y que permite obtener imágenes en forma de cortes transversales o en tercera dimensión.

Por su parte, la resonancia nuclear magnética (RNM) es un examen por el cual se obtienen imágenes detalladas del interior del cuerpo, en dos o tres dimensiones. Aporta información mucho más específica que la de la radiografía o el TAC.

Cuando hay derrame pericárdico, se presenta una alteración en la silueta cardíaca, que una o todas estas pruebas pueden detectar. Por lo general, hay agrandamiento de la silueta cuando se acumulan más de 250 ml de líquido en el saco pericárdico.

Sin embargo, solo con más de 50 ml se puede hablar de derrame pericárdico. Por lo tanto, una radiografía de tórax, por ejemplo, no muestra la silueta agrandada, aunque esté presente la anomalía. El TAC y la RNM son mucho más concluyentes.

Cuantificación del derrame pericárdico

No hay criterios universalmente aceptados para cuantificar el volumen del derrame pericárdico. Esto se debe a que todos los métodos presentan limitaciones para determinar la cantidad real de líquido que hay en el saco pericárdico.

La técnica más aceptada para la cuantificación es la propuesta por Weitzman. Se basa en la ecocardiografía en modo M. Propone sumar los espacios libres de eco en los sacos anterior y posterior al final de la diástole. Se habla de derrame leve cuando la suma es de 10 mm o menos; moderado, entre 10 y 19 mm y severo, cuando es de 20 mm o más.

Es importante descartar la presencia de tumores cardíacos y quistes pericárdicos, antes de emitir el diagnóstico. Así mismo, verificar que no haya derrame pleural, o presencia de grasa epicárdica.

  • Martín-García, A. C., Peláez, E. D., Martín-García, A., & Sánchez, P. L. (2017). Derrame pericárdico. Taponamiento cardíaco. Medicine-Programa de Formación Médica Continuada Acreditado, 12(44), 2621-2628.