Anatomía del tacto

El sentido del tacto permite que el ser humano perciba la experiencia sensorial con mayor alcance y, del mismo, modo le permite adaptarse al entorno de manera más eficiente

El tacto es una sensación en la piel que resulta de un contacto activo o pasivo entre la piel de una persona y un objeto. Para conocer la anatomía del tacto sigue leyendo…

La presión aplicada sobre la piel es el estímulo principal para el sentido del tacto. Otro estímulo, la vibración, emerge cuando hay un cambio rápido y regular en la presión.

La percepción táctil se procesa a través del sistema somatosensorial. Este está compuesto por receptores sensoriales, neuronas sensoriales periféricas y células cerebrales.

Cuando hay presión sobre la piel, los receptores táctiles periféricos envían información al cerebro por la vía somatosensorial, que generalmente consta de tres neuronas.

Los receptores táctiles en la periferia se conocen como mecanorreceptores. Y las neuronas aferentes envían la información al sistema nervioso central del cerebro para su procesamiento e interpretación.

Mientras tanto, el sistema somatosensorial en la médula espinal tiene vías ascendentes que envían la información sobre el estímulo aplicado en el tronco del cuerpo hacia el cerebro.

En el cerebro, la sensación táctil se procesa en la corteza sensorial somática primaria, situada en el giro poscentral del lóbulo parietal.

Sensibilidad y tacto

Sensibilidad y tacto

Para comenzar a tratar la anatomía del tacto, es necesario saber ciertos aspectos sobre la piel. Por un lado, la presión, el estímulo físico para el tacto, se puede medir mediante la detección de la cantidad de indentación en la piel.

La investigación moderna sobre la sensibilidad a la presión revela que los humanos son menos sensibles a la presión aplicada en los pies y más sensibles a la presión aplicada en la cara.

Otra medición para la sensibilidad táctil de presión es el umbral de dos puntos. En este caso, dos estímulos físicos de presión fina se aplican suavemente sobre la piel al mismo tiempo.

Luego, se le pide a la persona que sienta los estímulos físicos e informe si son dos puntos, o si sólo puede sentir un estímulo.

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Toque fino y toque crudo

Hay dos tipos de modalidades sensoriales cuando se trata de la sensación táctil. Estos son un toque fino o discriminatorio, y un toque crudo o no discriminativo.

El tacto fino permite a una persona no sólo sentir el tacto, sino también localizarlo. La localización del tacto a través de la modalidad del tacto fino es posible gracias a la vía posterior del lemnisco de la columna medial, que transporta la información a la corteza cerebral.

Por otro lado, el toque crudo es una modalidad que permite sentir el tacto sin poder localizar dónde se aplicó el estímulo. El tracto espinotalámico es responsable de alojar las fibras que transmiten información sobre el tacto crudo. La interrupción de las fibras táctiles finas puede hacer que una persona localice el tacto al principio, pero no más tarde.

Anatomía del tacto: La piel

La piel

La piel está compuesta de varias capas que componen la anatomía del tacto. La capa superior es la epidermis y es la capa que puedes ver. Es resistente al agua y sirve como envoltura protectora para las capas subyacentes de la piel y del resto del cuerpo. Contiene melanina, que protege contra los rayos dañinos del sol y también le da color a la piel.

La epidermis también contiene células muy sensibles llamadas receptores táctiles. Estas le dan al cerebro una variedad de información sobre el entorno en el que se encuentra el cuerpo.

La segunda capa de piel es la dermis. Contiene folículos pilosos, glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas (grasa), vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas y variedad de receptores táctiles. Su función principal es sostener y apoyar la epidermis al difundir nutrientes a ella, y reemplazar las células de la piel que se desprenden de la epidermis.

La capa inferior es el tejido subcutáneo que está compuesto de grasa y tejido conectivo. La capa de grasa actúa como un aislante y ayuda a regular la temperatura corporal. También actúa como un cojín para proteger el tejido subyacente. El tejido conectivo mantiene la piel unida a los músculos y tendones por debajo.

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Sistema somatosensorial

El sentido del tacto está controlado por una enorme red de terminaciones nerviosas y receptores táctiles en la piel conocida como sistema somatosensorial.

Este sistema es responsable de todas las sensaciones que sentimos: frío, calor, suavidad, aspereza, cosquilleo, picazón, dolor y más. Dentro del sistema somatosensorial, existen cuatro tipos principales de receptores:

  • Mecanorreceptores.
  • Termorreceptores.
  • Receptores del dolor y propioceptores.

Mecanoreceptores

Estos perciben sensaciones tales como presión, vibraciones y textura. Existen cuatro tipos conocidos de mecanorreceptores cuya única función es percibir las indenciones y las vibraciones de la piel:

  • Los discos de Merkel.
  • Los corpúsculos de Meissner.
  • Los de Ruffini.
  • Y los de Pacini.

Termoreceptores

Como su nombre lo indica, estos perciben sensaciones relacionadas con la temperatura de los objetos. Se encuentran en la capa de la dermis de la piel.

Hay dos categorías básicas de termoreceptores:

  • Receptores de frío.
  • Y receptores de calor.

Se encuentran en todo el cuerpo, pero los receptores fríos están en mayor densidad que los receptores de calor. La concentración más alta de termorreceptores está en la cara y las orejas. Razón por la que la nariz y las orejas siempre se enfrían más rápido que el resto de su cuerpo.

Receptores de dolor

 

Hay más de tres millones de receptores de dolor en todo el cuerpo. Estos se encuentran en la piel, los músculos, los huesos, los vasos sanguíneos y algunos órganos.

Dichos receptores pueden detectar el dolor que es causado por estímulos mecánicos (corte o raspado), estímulos térmicos (quemaduras) o estímulos químicos (veneno de una picadura de insecto).

Aunque nunca es divertido activar estos receptores que causan dolor, tienen un papel importante. Pues mantienen al cuerpo a salvo de lesiones o daños graves, enviando estas señales de advertencia temprana al cerebro.

Proprioceptores

Detectan la posición de las diferentes partes del cuerpo en relación entre sí y el entorno circundante. Los propioceptores se encuentran en los tendones, los músculos y las cápsulas articulares.

Esta ubicación en el cuerpo permite que estas células especiales detecten cambios en la longitud del músculo y la tensión muscular. Sin propioceptores, no podríamos hacer cosas fundamentales como alimentarnos o vestirnos.

Si bien muchos receptores tienen funciones específicas para percibir diferentes sensaciones, casi nunca son sólo un tipo activo en un momento dado.

Señales nerviosas: dar sentido a todo

Por supuesto, ninguna de las sensaciones sentidas por el sistema somatosensorial haría ninguna diferencia si estas no pudieran llegar al cerebro. Por ello, la anatomía del tacto se complementa con el sistema nervioso.

Pues bien, el sistema nervioso del cuerpo toma esta importante tarea. Las neuronas reciben y transmiten mensajes con otras neuronas para que puedan enviarse desde y hacia el cerebro. Esto permite que el cerebro se comunique con el cuerpo.

Hasta aquí los aspectos básicos de la anatomía del tacto, esperamos que te hayan servido para conocerte un poco más.