Anemia: consejos fáciles para tratarla

Valeria Sabater 10 octubre, 2014

El déficit de hierro en nuestra sangre es, sin duda, una de las realidades más comunes. En especial en las mujeres: menstruaciones abundantes o la dificultad de nuestro cuerpo para asimilarlo, hace que padezcamos esta enfermedad tan frecuente. Te damos pautas sencillas para que vayas superándola poco a poco.

La anemia y sus efectos en nuestro cuerpo

En ocasiones nos sentimos cansadas sin saber por qué, se nos cae el cabello, nuestras uñas están frágiles y no podemos cumplir con nuestro día a día de modo tan eficaz como antes. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Seguramente lo primero que harás es sin duda ir al médico, y será él quien nos informe de que nuestro nivel de hierro en sangre es muy bajo, que padecemos anemia.

Por lo común, nos suelen recetar los habituales comprimidos de hierro. Unas pastillas que para mucha gente son difíciles de tomar porque causa algunos pequeños efectos secundarios: estreñimiento o diarrea, gases, dolor de estómago… pero por lo general son efectivas y elevan el hierro en sangre.

Hemos de estar siempre muy atentas a los signos de nuestro cuerpo que puedan indicarnos el llegar a sufrirla de nuevo. Recuerda que la anemia trae como consecuencia el que hayan menos glóbulos rojos y, por tanto, que dispongamos de menos oxígeno en sangre. Por lo tanto, el corazón sufre más, va más rápido y nos cansamos.

Sufrimos mareos, dolores de cabeza, malestar físico, palidez… Si la anemia se vuelve persistente entonces deberemos pasar por más análisis para averiguar a qué se debe este nivel tan bajo de hierro, para averiguar cuál es su origen. Pero por lo común, es algo que puede resolverse con complementos de hierro y una adecuada nutrición.

Pautas sencillas para elevar tu nivel de hierro

En primer lugar hemos de conocer dos datos importantes sobre el funcionamiento del hierro en nuestro cuerpo:

  • La vitamina C y los cítricos ayudan a que el hierro se fije y se asimile mejor.
  • La cafeína, el té, el trigo, los cereales e incluso los lácteos,  hacen que el hierro no se asimilie como debería. Nos hace perder una pequeña cantidad.

¿Qué quiere decir esto? Básicamente que debemos cuidar cómo nos alimentamos para que el hierro se fije adecuadamente. No podemos, por ejemplo, tomarnos un plato de espinacas para después consumir un té, perderíamos parte de este mineral. Así pues veamos unos consejos correctos.

1. Desayunos ricos en vitamina C y minerales

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Estupendo si empiezas el día con una rica ensalada de frutas con frutos secos. Córtate un kiwi a trocitos, junto con unas uvas, unas pasas y unas nueces. Puedes incluir hasta trocitos de chocolate negro. Pero ojo, el que es puro en cacao y no dispone de leche ni de azúcar. Después, tómate si quieres un jugo de naranja natural. Recuerda que los jugos deben ser naturales y recién hechos. Si los compramos del supermercado, dispondrán de muy pocas vitaminas.

Dos horas después de tu desayuno ya puedes consumir un café o un té. De este modo no interacciona con ningún otro alimento que disponga de hierro.

2. Almuerzos ricos en hierro

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Media hora antes de tu almuerzo, sería perfecto si consumieras un nuevo jugo rico en vitamina C, como uno de papaya o de piña. Después cuidaremos de que nuestro almuerzo disponga de un alto contenido en hierro.

  • Los bivalvos son excelentes: mejillones, berberechos, almejas, chirlas..
  • Las carnes rojas las consumiremos una sola vez a la semana. Los otros días, puedes hacerte ricas ensaladas con trocitos de pechuga de pavo o pollo.
  • Combínalo con espinacas, recuerda que sin son naturales dispondrán de mayor índice de hierro (si las freímos o las cocinamos, pierden sus nutrientes, así que siempre es mejor tomarlas naturales). Los berros, los rábanos, las remolachas, el perejil o las coles de Bruselas, las legumbres como las lentejas, también son muy ricas en este mineral y nos combinan muy bien con las ensaladas.

Dos horas después de tu almuerzo, puedes complementar tu dieta diaria con un aporte rico en fibra o de cereales. De este modo, no interaccionan con el hierro consumido en el almuerzo y no lo perdemos. Puedes hacerte un tazón de avena, o un sándwich integral. o un té si lo deseas.

3. Las cenas y los licuados

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Media hora antes de tu cena, sería muy adecuado que te prepararas un jugo rico en hierro. Para ello podemos coger una remolacha mediana, una manzana, y unas ramitas de perejil. El sabor te parecerá un poco fuerte, de ahí que sea adecuado añadir medio vaso de agua para que el licuado no te quede tan espeso. Obtén un jugo adecuado con tu procesadora y bébelo poco a poco.

Para cenar podemos prepararnos por ejemplo unas berenjenas rellenas al horno. Para el relleno puedes utilizar por ejemplo paté de hígado, o carne picada. Combínalo con trocitos de tomate y rellena las ricas berenjenas.

También puedes prepararte una ensalada, o un trocito de salmón que también es rico en hierro. Un consejo práctico es dejar caer en tus comidas unas gotitas de jugo de limón, de este modo lograremos que el hierro se fije mejor en nuestra sangre gracias a la imprescindible vitamina C. De postre por ejemplo, puedes tomar unos sabrosos dátiles. Verás qué bien te sientan.

Elevar tus niveles de hierro requiere algo de esfuerzo. No se trata en absoluto de comer únicamente carne roja, por ejemplo. La combinación con frutas ricas en vitamina C es imprescindible. Tampoco descuides el tratamiento que te de tu médico, los complementos de hierro a base de comprimidos son efectivos, pero nuestra alimentación es clave. Así que no dudes en cuidarte para encontrarte mucho mejor.

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