Anisocoria o asimetría en la dilatación de las pupilas

La anisocoria no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma. Puede ser una condición totalmente inofensiva o sugerir problemas de salud graves.

La pupila es ese círculo negro que se observa en el centro del ojo. En condiciones normales, la pupila se agranda cuando hay poca luz y se contrae cuando hay mucha. Pues bien, la anisocoria se presenta cuando el tamaño de la pupila de uno ojo crece o disminuye más que la del otro ojo.

La palabra anisocoria viene de dos raíces griegas y una latina. Se compone del prefijo griego “aniso”, que significa “desigualdad”. También proviene de la raíz griega “Kore”, que quiere decir “pupila” y del sufijo latino “ia”, que es “patología” o “enfermedad”. Así que desde el punto de vista etimológico, anisocoria es “patología por desigualdad en la pupila.

Se estima que al menos una de cada cinco personas presenta una diferencia leve entre el tamaño de la pupila de un ojo y del otro. Casi siempre esta diferencia no supera el medio milímetro. Esta se denomina anisocoria fisiológica.

En estos casos se trata de una condición normal, sin ningún efecto sobre la salud. Hay otros casos en los que la diferencia de tamaño en las pupilas sí es síntoma de dificultades más complejas.

Causas de la Anisocoria

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A veces la anisocoria está presente desde el nacimiento. Si más de una persona en la familia tiene esa condición, se puede hablar de un rasgo genético que no constituye ninguna señal de alarma.

A veces también el tamaño de las pupilas cambia y luego retorna a su condición normal. Se desconoce por qué sucede esto, pero se sabe que es inofensivo.

Si, en cambio, la diferencia de tamaño en las pupilas aparece de pronto, es de más de un milímetro y se mantiene constante, es posible que existan problemas más graves. Puede haber una enfermedad ocular, vascular, cerebral o neurológica.

Las causas más frecuentes de anisocoria patológica son:

  • Aneurisma cerebral
  • Tumor o absceso cerebral
  • Glaucoma
  • Sangrado interno en el cráneo por traumatismo
  • Hemorragia intracraneal, inflamación del cerebro o accidente cerebrovascular
  • Encefalitis o meningitis
  • Convulsiones
  • Tumor ganglio linfático
  • Parálisis del nervio oculomotor
  • Migraña

La anisocoria también puede ser el resultado de una infección viral, en particular de sífilis. También hay una condición benigna que afecta el tamaño de la pupila y se llama Síndrome de Adie. Así mismo, la diferencia entre las dos pupilas puede deberse a una cirugía reciente en la zona.

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Síntomas

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No siempre es fácil detectar la anisocoria. Muchas veces solo se descubre accidentalmente cuando se comparan dos fotografías y se observa un cambio extraño en el aspecto de la mirada. De hecho, la anisocoria es considerada un síntoma, no una enfermedad en sí misma.

De este modo, la valoración de la anisocoria depende de los síntomas que la acompañen. Si se origina en un trastorno del ojo, generalmente también hay párpado caído, dolor y reducción en el movimiento del ojo, dolor de cabeza, fiebre y disminución de la sudoración.

Los antecedentes y la historia clínica son esenciales para hace una interpretación correcta de la anisocoria. Por ejemplo, si aparece súbitamente, podría hablar de un proceso hemorrágico en el cerebro.

Si su aparición es paulatina y se acompaña de cefalea, vómitos explosivos y visión doble, podría sugerir la existencia de un tumor. Cuando se presenta con fiebre y rigidez en la nuca, se puede sospechar de meningitis.

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Diagnóstico y pronóstico

Diagnóstico y pronóstico a

Normalmente la anisocoria se diagnostica mediante un examen ocular. Este es realizado por un oftalmólogo. Lo usual es que explore el tamaño de las pupilas en un entorno iluminado y luego en otro oscuro, para determinar si alguna de las pupilas reacciona de una forma anormal.

Si hay mayor diferencia en el tamaño cuando todo está iluminado, se concluye que la pupila grande es la que tiene un funcionamiento anormal. Si, por el contrario, los tamaños difieren más cuando todo está oscuro, se concluye que la deficiencia está en la pupila más pequeña.

El objetivo del examen es determinar si la anisocoria es una condición normal o si existen riesgos para la salud. Por eso el examen oftalmológico generalmente se acompaña de una entrevista en la que se indaga por el momento en que se detectó la anomalía. También se plantearán preguntas para saber si hay otros síntomas de tipo visual o de otra índole.

Dependiendo de las respuestas, es posible que se ordenen análisis sanguíneos o de líquido cefalorraquídeo, tomografías, resonancias magnéticas, radiografía de cuello, tonometría u otros. El pronóstico depende de la causa que está generando la anisocoria.

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