Antidepresivos tricíclicos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Ramos el 6 enero, 2019
María Eugenia Thomas · 6 noviembre, 2017
Los antidepresivos cíclicos no se consideran adictivos. Sin embargo, suspender el tratamiento abruptamente puede causar síntomas similares a los de la abstinencia.

Los antidepresivos tricíclicos (ATC) se encuentran entre los primeros medicamentos desarrollados para tratar la depresión. A diferencia de otros medicamentos, los ATC no estimulan el sistema nervioso central ni bloquean la monoaminooxidasa. También se usan para tratar otras afecciones como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la enuresis crónica.

Los antidepresivos tricíclicos son eficaces, pero no se utilizan como primera opción de tratamiento. De hecho, han sido reemplazados por antidepresivos que causan menos efectos secundarios. Sin embargo, los ATC son una excelente opción cuando otros tratamientos no dan los resultados deseados, algo que puede suceder al tratar la depresión.

En dosis más bajas, los antidepresivos tricíclicos sirven para mitigar las migrañas y contrarrestar el dolor crónico. Algunas veces, son utilizadas para ayudar a las personas con trastorno de pánico.

Mecanismo de acción

Mecanismo de acción

Los neurotransmisores son sustancias químicas del cerebro que participan en la regulación de las funciones corporales. Por ejemplo, la serotonina y la noradrenalina son neurotransmisores responsables del control de los estados de ánimo. Cuando una persona está deprimida, suele haber una disminución de estos dos neurotransmisores.

Estas sustancias químicas se liberan desde las células nerviosas y actúan para regular el estado de ánimo. Cuando son reabsorbidas por las células nerviosas, dejan de influir sobre el estado de ánimo. Los ATC evitan la reabsorción de la serotonina y la noradrenalina. Esto prolonga el efecto de la noradrenalina y serotonina liberadas, sobre el estado de ánimo. De esta manera, contribuye a aliviar la depresión.

Los antidepresivos tricíclicos ayudan a mantener la disponibilidad de serotonina y noradrenalina en el cerebro. Mejoran, así, el estado de ánimo. Los antidepresivos tricíclicos también influyen en otras sustancias químicas del cerebro y pueden provocar efectos secundarios.

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Efectos secundarios

Los antidepresivos tricíclicos interfieren con otros sistemas de neurotransmisores y receptores de células cerebrales. Esto afecta la comunicación normal de las células nerviosas dentro del cerebro. Ante esta situación, la probabilidad de efectos secundarios aumenta considerablemente.

Los tricíclicos pueden afectar el normal funcionamiento muscular, lo que condiciona ciertas funciones del cuerpo, incluidas las secreciones y la digestión. También bloquean los efectos de la histamina. El bloqueo de la histamina suele provocar somnolencia, visión borrosa, boca seca, estreñimiento e, incluso, glaucoma.

Al comienzo de la ingesta de algún ATC, generalmente, los síntomas son leves y desaparecen tras un par de semanas. Si no fuera así, el paciente deberá acudir a su médico para explorar otras opciones, como reducir la dosis o la sustitución por otro antidepresivo. Por este motivo, es tan importante evaluar los beneficios de tratar la depresión frente a los efectos secundarios del tratamiento.

Los efectos secundarios más comunes

Los efectos secundarios más comunes incluyen

  • Problemas sexuales (dificultad para lograr la erección, retraso en el orgasmo o bajo deseo sexual)
  • Aumento del apetito (y, por consiguiente, aumento de peso)
  • Hiperhidrosis (sudoración excesiva)
  • Pensamientos suicidas
  • Retención de orina
  • Estreñimiento
  • Visión borrosa
  • Somnolencia
  • Temblores
  • Sequedad bucal
  • Náuseas

Toda persona con prescripción de antidepresivos debe ser vigilada por si presenta algún comportamiento inusual o si empeorara su cuadro. Si tú o alguien que conoces tiene pensamientos suicidas y está tomando antidepresivos, comunícate urgentemente con el especialista para obtener ayuda de inmediato.

Encontrar el ATC apropiado

Encontrar el ATC apropiado

Cada caso de depresión es diferente. Por tanto, la reacción a los antidepresivos puede variar. Se cree que la codificación genética desempeña un papel importante en la forma en que los antidepresivos afectan a cada persona. Además del genético, existen otros factores que podrían afectar la respuesta a la medicación.

Los análisis previos a la prescripción ayudan a determinar el tipo de medicamento más seguro para el paciente. Entre ellos, los más comunes suelen ser el electrocardiograma (EKG) y el análisis de sangre ordinario.

Los aspectos que se tienen en cuenta para prescribir ATC son:

  1. Síntomas
  2. Historial clínico (antecedentes familiares y problemas de salud, si los hubiere)
  3. Otros medicamentos que la persona esté tomando en ese momento

Si el paciente no responde a la prescripción de ATC inicial, esto puede apuntar a que la dosis indicada es insuficiente. Llegado el caso, el médico podría solicitar la realización de otros análisis de sangre con el fin de evaluar la cantidad de medicamento que circula por el torrente sanguíneo del paciente.

Si la depresión persiste pasadas 4 o 5 semanas y tras haber aumentado la dosis tricíclica, posiblemente se tenga que cambiar el tipo de antidepresivo. Generalmente, tienen que pasar semanas (y más) para que el resultado del tratamiento con antidepresivos pueda apreciarse. Por su parte, también tardan en disminuir sus efectos secundarios. Por tanto, se debe ser paciente y seguir las pautas que indique el especialista.

Otros aspectos que considerar en el uso de los ATC

Algunos aspectos a considerar

No se debe indicar ATC si:

  • La persona presenta problemas cardíacos o hepáticos.
  • Está embarazada o en período de lactancia.

Algunos ATC, como la amitriptilina, causan más somnolencia que otros y son útiles para tratar la depresión en personas ansiosas y agitadas. Por el contrario, los que causan menos somnolencia, como la imipramina y la lofepramina son útiles para las personas retraídas y letárgicas. La lofepramina también se usa a menudo para tratar la depresión en ancianos, por ser menores sus potenciales efectos secundarios para el corazón.

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Detener el tratamiento con ATC

Los antidepresivos cíclicos no se consideran adictivos. Sin embargo, suspender el tratamiento abruptamente puede causar síntomas similares a los de la abstinencia. Los síntomas pueden variar dependiendo de cómo funciona el antidepresivo. Colabore con su médico para disminuir de forma segura y gradual la dosis del medicamento que estés tomando.

Otros medicamentos y sustancias también pueden interactuar con los antidepresivos tricíclicos. Por ello, es importante que la persona informe a su médico sobre todos los medicamentos y sustancias que esté tomando. Así, el médico podrá prever posibles interacciones.

Ejemplos de antidepresivos tricíclicos

Ejemplos de antidepresivos tricíclicos

La Administración de Fármacos y Alimentos (FDA, siglas en inglés) aprobó estos antidepresivos tricíclicos para tratar la depresión:

  • Amitriptilina (Elavil, Levate)
  • Amoxapina (Asendin)
  • Clomipramina (Anafranil)
  • Desipramina (Norpramina)
  • Doxepina (Silenor)
  • Imipramina (Tofranil, Tofranil-PM)
  • Nortriptilina (Pamelor, Aventil)
  • Protriptilina (Vivactil)
  • Trimipramina (Surmontil, Trimip, Tripramina)

Tratamientos alternativos para la depresión

Además de los ATC, los médicos pueden recomendar al paciente terapias alternativas como:

  • Suspender la ingesta de alcochol o sedantes
  • Ejercitarse con regularidad
  • Mantener una dieta saludable (con suplementos vitamínicos del complejo B)
  • Cambiar los medicamentos que se estén tomando (como antihipertensivos, anticonceptivos y esteroides) para reducir los efectos secundarios que puedan estar causando depresión
  • Recibir psicoterapia: comportamiento cognoscitivo, interpersonal, etc.
  • Terapia ligera, como la exposición a la luz blanca fluorecente para reducir los síntomas del desorden afectivo estacional
  • Terapia electroconvulsiva (descarga eléctrica controlada que ocasiona una convulsión breve dentro del cerebro)

  • American Psychiatric Association. (2000). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder. Washington, DC: American Psychiatric Association.
  • Birmes, P.; Coppin, D.; Schmitt, L., and Lauque, D. (2003). “Serotonin syndrome: a brief review”, CMAJ, 168: 1439.
  • Katzung, B. G. (2007). Basic & Clinical Pharmacology. New York: McGraw-Hill.
  • Ramsay, R. R., Dunford, C.; and Gillman, P. K. (2007). “Methylene blue and serotonin toxicity: inhibition of monoamine oxidase A (MAO A) confirms a theoretical prediction”, Br J Pharmacol, 152: 946.