Todo aquello que viví me hace la mujer que soy ahora

Cada uno de los reveses que nos ha dado la vida, cada una de las alegrías y todas las lecciones que hemos ido aprendiendo a lo largo de los años han conformado nuestra personalidad actual

La mujer que eres ahora cuenta una historia única y excepcional. Ese relato personal estará habitado por claroscuros, épocas de dificultad personal y momentos donde te acompañó la suerte, y esa felicidad que ahora te sigue inspirando.

Todo lo vivido, sentido y visto teje ese baúl experiencial que conforma todo lo que somos ahora. Quien es capaz de aceptar cada uno de estos aspectos sin resistencia o arrepentimiento, podrá avanzar en su ciclo vital con mayor libertad.

Ahora bien, sabemos que en muchas ocasiones hay determinados recuerdos que nos hacen demasiado daño y, más aún, podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos por haber cedido ante ciertas situaciones, por haber actuado de modo incorrecto.

Podríamos decir sin equivocarnos que siempre hay una versión de nuestra propia persona que no nos agrada, y que rechazamos. No obstante, cabe decir que no es lo adecuado.

Hemos de ser capaces de aceptar a la mujer de ayer, porque también nos ha ayudado a dar fuerza y belleza a la mujer de hoy.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La mujer que hoy ves en el espejo cuenta una gran historia

Nadie más que tú sabe todos los caminos por los que has andado, las veces que te has perdido para encontrarte de nuevo, y lo mucho que te has esforzado por cada cosa que amas.

Nuestros mapas personales muestran a veces rincones privados que no hemos compartido con nadie, porque reflejan esos instantes de crisis de los que no nos sentimos orgullosas, y que, aún así, vistos desde la lejanía de la experiencia, aceptamos y consideramos de gran importancia.

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Una relación fallida y dolorosa, un proyecto que no salió bien, el haber invertido tiempo y esfuerzos en personas que no lo merecían, o incluso el habernos comportado de forma incorrecta con aquellos que sí se merecían lo mejor son, sin duda, retazos de ese pasado que en ocasiones, nos duele recordar.

Ahora bien, lejos de ver la vida como estaciones de tren aisladas una de otra, hemos de ver nuestro ciclo vital como un continuo, como un viaje arriesgado pero maravilloso donde todo cuenta, donde todo define a la mujer excepcional que eres ahora.

mujer con alas que vuela sobre el abismo

La aceptación de uno mismo

Aceptarse a uno mismo no significa mirarse únicamente ante el espejo y amar cada rincón que refleja la superficie, con cada virtud y cada belleza. Es mucho más que esto. De hecho, la autoaceptación es un ejercicio que debemos practicar cada día.

  • Aceptarse significa saber asumir errores para aprender de ellos.
  • Aceptarse significa entender que no somos infalibles, que no podemos llegar a todos los sitios ni satisfacer todos los deseos y necesidades de quienes nos rodean.
  • Aceptarse significa saber asumir que la vida son cambios y que hemos de adaptarnos a cada variación con integridad y optimismo, porque vivir es fluir y disfrutar de ese movimiento enriquecedor.

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Madurar es un viaje interior que merece la pena

Madurar no es solo cumplir años. Es cumplir vivencias, porque no hay nada más triste que dejar pasar el tiempo sin llenarlo de sensaciones, descubrimientos, aprendizajes, errores, caricias, sonrisas, lágrimas, sabores…

  • La vida real está más allá de nuestra zona de confort y es en esta línea, situada un paso más allá de la barrera del miedo, donde acontece todo lo mejor.
  • Madurar es, por encima de todo, un viaje interior que nos obliga a sacar partido de todo lo experimentado para remodelar nuestra personalidad, nuestros valores y nuestra esencia.
  • Porque la mujer que eres ahora ya no es la de los 20 años. Queda, sin duda, una parte de ti, pero todo este viaje acontecido hasta el momento ha ido quitándote capas y colocando otras nuevas para hacerte más hábil, más segura, reluciente casi.

No hay que tener miedo a cumplir años, hay que temer a una vida no vivida.

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Lo que soy ahora

Estás en ese punto intermedio en el cual, miras al ayer con satisfacción, porque has aceptado cada uno de tus caminos y elecciones, pero, a su vez, diriges la mirada al futuro y te sigues preguntando qué te traerá ese horizonte.

No te pierdas tampoco lo que tiene que ser será a su tiempo y en su momento

  • La verdad es que no importa demasiado lo que asome en ese futuro, porque no está ni existe aún, y las personas sabias tienen muy claro un aspecto esencial: el mejor momento es ahora.
  • Tu mejor edad es ahora, el instante más importante de tu vida es el que se abre ante tu vista justo en estos instantes.
  • Sabemos que el destino juega con sus propios dados, pero también nosotras somos artífices de nuestra propia realidad tomando decisiones, alzando la voz para decir con decisión lo que queremos y lo que no, lo que no estamos dispuestas a mantener y aquello por lo que sí deseamos luchar.

Todo lo vivido nos ha dado fuerza, valor y decisión, y ello es un tesoro valioso; es tu legado personal, algo, sin duda, maravilloso.