El arrepentimiento no es solo llorar: quien se arrepiente cambia

Valeria Sabater·
20 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
07 Abril, 2019
Pedir perdón por los errores que cometemos nos ayuda a conocernos y a crecer como personas. No obstante, el arrepentimiento no es solo llorar, sino que implica algo más.

Aunque reconocer los propios errores llega a ser doloroso en ocasiones, el arrepentimiento es algo más que lamentarse o, dicho de otra manera, no es solo llorar.

En este sentido, pedir perdón o aceptar los fallos cometidos supone una auténtica oportunidad para cambiar y aprender. Es decir, a partir de un hecho concreto, es posible actuar con mayor integridad, respeto y madurez personal.

Veamos todo esto con detenimiento.

¿Por qué el arrepentimiento no es solo llorar?

A veces nuestras parejas o amigos expresan su malestar por ‘aquello’ que hicieron, esa falta u ofensa que tanto nos dolió. Nos lo demuestran con sentimiento y preocupación y, sin embargo, no cambian.

Al poco tiempo vuelven a comportarse de la misma forma, demostrándonos que el arrepentimiento no era sincero. ¿Por qué las personas llegamos a actuar de este modo?

A continuación repasamos algunos aspectos que merece la pena considerar.

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La falta de responsabilidad o la negación de lo ocurrido es el primer obstáculo

Lejos de pedir disculpas o de asumir lo que se ha hecho, hay quienes optan por acomodarse en posiciones como estas:

  • Eludir el error cometido o el acto realizado sin expresar remordimiento o responsabilidad por ello.
  • Incluso, algunas personas prefieren negar lo ocurrido o pensar que lo que ha pasado no ha tenido importancia.

Tanto en un caso como en otro nos encontramos ante claros ejemplos de evasión ante aquello que a uno le corresponde.

No obstante, esto no siempre es así y reconocer las propias equivocaciones es un paso posible. Lo que puede costar más es modificar ciertos patrones de conducta. Lo vemos en el siguiente punto.

Sigue leyendo: El valor de aceptar los errores cometidos

Cuando el problema es la resistencia a cambiar

“Sé que he hecho daño, sé que he fallado. Sin embargo, no quiero cambiar mis hábitos y prefiero actuar de la misma forma”. Esta sería una actitud más bien egoísta, el enfoque que adoptaría alguien con esquemas rígidos o inflexibles. Ahora bien:

  • Resistirse a alterar rutinas o tendencias de comportamiento es impedir la adaptación al flujo de acontecimientos que nos trae la vida.
  • Si somos conscientes de que hemos ocasionado algún daño a otros o hasta a nosotros mismos, ¿para qué mantenerse en esa postura?

Porque no basta con lamentarlo, no vale con llorar. Quien se arrepiente de verdad cambia.

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Descubre: No necesitas cambiar al mundo, basta contigo

El aprendizaje demuestra que el arrepentimiento no es solo llorar

Una vez que se asume lo ocurrido y se toma la decisión de introducir variaciones, es viable avanzar. Esto es, arrepentirse nos ayuda a ver que somos capaces de actuar mejor:

  • Más allá de focalizarse solo en los errores, las faltas o las ofensas, suele ser más beneficioso optar por determinados caminos o evitar acercarnos a ciertas personas.
  • Si entendemos el remordimiento como parte de un proceso de aprendizaje, las atribuciones que hagamos serán más positivas y nos servirán de apoyo para continuar.

Por ejemplo: si he tenido una relación de pareja en la que no he sido feliz, puedo pensar que con esta vivencia he podido conocerme más y saber qué quiero en futuras ocasiones. De esta forma:

  • El arrepentimiento actúa como un ‘despertador existencial’ que invita a tomar conciencia acerca de elecciones concretas.
  • Tampoco es necesario llegar a castigarse todo el tiempo con algo. La pauta es detectarlo y tomar cartas en el asunto, pero sin caer en un pensamiento obsesivo que nos ‘machaque’.

Con todo, también se da el caso de que sintamos esta emoción por aquello que no hemos llevado a cabo o por las actividades o costumbres abandonadas. Es decir, a veces uno se lamenta de lo que no ha dicho o hecho o, incluso, de lo que ha dejado u olvidado.

Ante tales circunstancias, el sufrimiento se torna inútil. Solo queda mirar hacia adelante y seguir caminando, pero con la vista puesta en esos vacíos que, en su momento, llamaron nuestra atención y nos provocaron algunos lamentos.

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Un estímulo para mejorar

Como vemos, la idea de que ‘el arrepentimiento no es solo llorar’ permite asumir errores y descartar alternativas. Solo así tiene lugar el aprendizaje y resulta posible avanzar de forma más sabia.

No lamentarse por nada no significa que los fallos hayan estado ausentes, sino que acaso han faltado los instantes de reflexión o la valentía para exponerse a aquello que duele.

Pedir perdón y perdonarnos a nosotros mismos es el inicio de una nueva travesía. ¿Comenzamos?

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