El maravilloso arte de ser uno mismo: 3 pasos para llevarlo a cabo

Lejos de buscar continuamente agradar a los demás debemos atrevernos a ser únicos. Porque ser uno mismo nos ayudará a aceptarnos tal y como somos, respetándonos y haciendo valer nuestra propia identidad

El arte de ser uno mismo requiere altas dosis de valentía. Son necesarias porque vivimos en una sociedad empeñada en crear personas iguales y en la que salir de estos patrones establecidos implica, a veces, ser señalado con el dedo.

A lo largo de nuestras primeras etapas vitales nos guiamos según aquello que los demás marcan en nuestros caminos. Todos lo hemos vivido así: de niños nos enseñan lo que es bueno y lo que es malo.

Al llegar a la adolescencia y primera juventud, nos basamos en nuestros iguales para ser aceptados y reconocidos. No tener un aspecto físico determinado o seguir las modas establecidas, supone también sufrir el rechazo.

De algún modo, todos pasamos ciertas épocas de dura complejidad donde, lejos de ser nosotros mismos, somos lo que otros esperan.

Sin embargo, siempre llega ese instante. Ese momento excepcional en que nos detenemos para hacernos esa pregunta casi vital: ¿quién soy realmente?

Lejos de concebir esta frase como algo “inútilmente filosófico”, debemos verla con la importancia que merece.

Cuando uno se da cuenta de quién es en realidad descubre que muchas de las cosas y personas que le envuelven no encajan. No hay sintonía, no hay equilibrio. Ese, será el momento de iniciar algunos cambios.

Te proponemos reflexionar sobre ello a través de estos 3 puntos.

1. Ser uno mismo es aceptar la propia identidad

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Ser uno mismo es como llevar en el corazón a un ser muy hermoso y especial, a la vez que delicado. En el momento en que no le somos fieles, queda herido.

  • Ahora bien, hay un aspecto que debemos tener claro. La identidad no se forma a partir de actos casuales o temporales. Es decir, si yo ahora mismo no tengo trabajo no debo integrar en mi ser interno que “soy un fracasado”.
  • Asimismo, si he vivido una ruptura reciente, tampoco significa que “no merezca ser amado”.
  • Ser uno mismo no implica asumir estos hechos fortuitos. Es nutrirse de nuestras raíces, de todo lo vivido y sentido para obtener nuestra propia perspectiva de las cosas, de forma global y positiva.

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Recordemos, por encima de todo, lo antes señalado: cuando uno descubre su auténtica identidad debe ser fiel a los principios que la definen.

Ahora bien, ¿por qué a veces rompemos este acuerdo con nosotros mismos?

  • Porque priorizamos el satisfacer a los demás, el ser como otros quieren.
  • Por miedo. En ocasiones tememos mostrarnos en toda nuestra integridad y plenitud por temor a defraudar o a no ser como otros esperan.
  • Hay quien rompe el acuerdo consigo mismo porque no se gusta tal y como es. No aceptarnos física y emocionalmente es, sin duda, una fuente de frustración muy peligrosa.

2. Las etiquetas que otros nos pongan no sirven, no tienen valor

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Nuestro mundo y la sociedad que lo habita tiene un tipo de defecto muy particular: el de sentenciar, juzgar, etiquetar…

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  • El ser humano tiene la necesidad de etiquetar y juzgar para tener una sensación de control sobre los demás. Si yo etiqueto a esta persona de torpe y ridícula se lo creerá y yo tendré más poder sobre ella.
  • Puede que en un principio nos dejemos llevar por esos juicios que otros nos imponen de modo gratuito. No obstante, es necesario dar el paso y verlo como lo que es: ruido, palabras vacías de mentes cuadradas.
  • Lo que otros digan o piensen de ti es problema suyo. Es su universo particular. No debe afectarte, porque lo único que de verdad nos hará felices es sentirnos orgullosos de ser nosotros mismos, en libertad.

3. Ser uno mismo implica también hacer cambios

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Asentar la propia identidad no significa crear unas raíces inamovibles. Porque quien se niega a cambiar algún aspecto de sí mismo no se permite crecer. Tampoco podrá adaptarse mejor a su entorno.

Carl Rogers fue uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX. Su teoría humanista nos aportó ese enfoque excepcional en el que tener en cuenta unos ejes esenciales en relación a estas mismas ideas:

  • Las personas desarrollamos nuestra personalidad para alcanzar nuestros objetivos vitales.
  • En el momento en que nos aceptamos a nosotros mismos, nos permitimos cambiar para lograr nuestros sueños.

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Es posible que esta idea te parezca algo contradictoria. Sin embargo, basta con reflexionar sobre un pequeño ejemplo:

  • Estás viviendo una relación de pareja muy complicada. Al final, decides dar el paso y romper ese vínculo.
  • Lo haces porque sabes lo que quieres y lo que no, porque deseas “ser tú mismo” y no mantener un sucedáneo de felicidad donde ambos os estáis dañando.
  • Al dejar esa relación haces un cambio en tu ser interno. Te vuelves más fuerte. Porque has logrado recordar lo que mereces aún queriendo a esa persona.

Cambiar, en realidad, es permitirnos crecer para seguir siendo nosotros mismos.

Para concluir, el arte de ser quien deseamos ser de verdad requiere, en primer lugar, aceptarnos. Más tarde, avanzaremos con cada triunfo y con cada error para seguir construyendo nuestra identidad.

Siempre con felicidad y con la clara necesidad de ser mejor persona cada día. ¿Lo ponemos en práctica?