Articulación de la rodilla

Edith Sánchez · 19 diciembre, 2017
Gracias a la articulación de la rodilla se pueden realizar los movimientos de flexión y extensión de los miembros inferiores, necesarios para caminar, correr y saltar.

La articulación de la rodilla es la más grande del cuerpo humano y una de las más importantes. Constituye el punto de unión de tres huesos: el extremo superior de la tibia, el extremo inferior del fémur y la rótula. Sirve como elemento de comunicación entre el muslo y la pierna.

Se puede afirmar que la articulación de la rodilla es un verdadero prodigio de la biomecánica. La unión entre el fémur y la tibia conforman el cuerpo principal de esta articulación. Gracias a ello la rodilla soporta el peso corporal. Al mismo tiempo, la rótula funciona como una especie de polea para los tendones.

La mecánica con la que opera es sumamente compleja. Está dotada de una gran estabilidad y esto le permite soportar el peso del cuerpo. Al mismo tiempo, posee una gran movilidad para hacer posible la marcha y la carrera. También para orientar el pie en función de las irregularidades que pueda presentar un terreno.

Anatomía de la articulación de la rodilla

Anatomía de la articulación de la rodilla

Hay varios aspectos que diferencian la articulación de la rodilla de otras similares en el cuerpo. Una de ellas es que se trata de una articulación que, desde el punto de vista morfológico, en realidad está formada por la yuxtaposición de dos articulaciones secundarias:

  • La femororrotuliana. En ella la articulación entre los huesos se produce por deslizamiento. Protege toda la articulación de la rodilla por delante y al mismo tiempo permite elevar el cuadríceps. Además, aumenta el poder de tracción de dicho músculo, ya que lo ubica en un ángulo propicio para ello.
  • La femorotibial. Está dividida en dos compartimentos o cámaras, gracias al menisco articular. Tales cámaras son la proximal o superior y la distal o inferior. La primera se encarga de los movimientos de flexión y extensión de la pierna. La segunda permite los movimientos de rotación. Es también llamada “articulación meniscotibial”.

La articulación femorotibial es bicolíndea. Esto quiere decir que los dos cóndilos del fémur, o sea, las dos prominencias redondeadas que posee este hueso, ruedan libremente sobre la tibia. Más exactamente sobre una superficie casi plana que se denomina “platillos tibiales”. No hay ninguna estructura ósea que una estos huesos. Se amarran entre sí gracias a los ligamentos.

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Componentes óseos de la articulación

Componentes óseos de la articulación

Los componentes óseos de la articulación de la rodilla son el fémur, la tibia y la rótula o patela. A continuación analizamos sus principales características:

  • Fémur. Hueso de forma casi cilíndrica, con una extremidad inferior bastante abultada. Esto le da un buen soporte para trasmitir el peso hacia la parte superior de la tibia. Tiene dos cóndilos separados por una hendidura llamada “fosa intercondilea”.
  • Tibia. Se articula con el fémur, soportando el peso del cuerpo, el cual se transmite a su vez hacia el pie. En la parte superior tiene dos cavidades llamadas glenoidas, la cuales albergan los cóndilos del fémur. Dentro de las mismas también se hallan las espinas tibiales. Allí se insertan los ligamentos cruzados. En la parte anterior de la tibia se inserta el tendón rotuliano.
  • Rótula. Se articula con el fémur en su parte posterior. En medio de ambos huesos hay un cartílago llamado prerrotuliano, que sirve como amortiguador entre ambos.

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Componentes de tejidos blandos

Componentes de tejidos blandos

Los tejidos blandos que forman la rodilla son:

  • Cápsula articular. Es un recubrimiento fibroso que envuelve a la articulación de la rodilla y forma un espacio cerrado. En su interior se une con los cuernos de los meniscos. También se conecta a la tibia por los ligamentos coronarios.
  • Membrana sinovial. Es una capa fina que recubre a la cápsula articular, desde el fémur hasta la unión con los meniscos.
  • Bursas. Las bursas son sacos llenos de líquido. Actúan como si fueran un colchón entre el tendón y el hueso. Son cuatro: superficial, profunda, prepatelar y tibiofemoral.
  • Retináculos. Son estructuras que permiten conectar a la rótula con los meniscos, la tibia y el fémur. Son dos: el medial y el lateral.
  • Meniscos. Son dos fibrocartílagos que están entre la tibia y el fémur y los conectan. Son elásticos y permiten transmitir las fuerzas de compresión entre ambos huesos.
  • Ligamentos. Son estructuras que le dan estabilidad a la rodilla y evitan los movimientos extremos. Hay ligamentos intraarticulares y extraarticulares. Dentro de los primeros están el ligamento cruzado anterior y el ligamento cruzado posterior. Dentro de los segundos, el ligamento lateral interno y el ligamento lateral externo.