Asertividad: 4 razones que te harán practicarla para mejorar tu salud

El arte de practicar la asertividad a diario con eficacia tiene “serios” efectos secundarios, sobre todo para nuestra salud.

Pocas dimensiones psicológicas son tan necesarias en nuestro día a día como la asertividad, es decir, como esa capacidad excepcional para actuar y hablar de forma directa, honesta y apropiada, defendiendo nuestros derechos, pero también los de los demás.

Cabe decir, eso sí, que no es fácil. No lo es porque, a menudo, nuestro perfil de personalidad está habituado a ceder, a disimular lo que nos molesta por no ofender a los demás, en decir “sí” cuando nos apetece un “no”…

Poco a poco, y sin que nos demos cuenta, podemos llegar a una etapa en que la frustración y el malestar dejen huella en nuestra salud emocional.

Esto se traduce en esos efectos psicosomáticos que dan forma a las cefaleas, a los problemas digestivos y a esa ansiedad que nos quita el sueño, la motivación y las ganas…

Practicar la asertividad no es solo un arte del equilibrio personal, de la convivencia y el respeto por uno mismo y los demás. Hablamos, ante todo, de salud.

Hoy en nuestro espacio queremos explicarte 4 razones por las que es necesario practicar la asertividad a diario. Estamos seguros de que te serán de gran utilidad.

1. La asertividad nos permite conectar con nuestras necesidades

La asertividad nos permite conectar con nuestras necesidades

No nos damos cuenta, pero hay una dimensión en nuestro comportamiento que nos roba calidad de vida: hablamos de nuestra costumbre de actuar siempre con el piloto automático puesto.

  • El dejarnos llevar por los automatismos y la rutina hace que muchas veces no percibamos ciertas cosas, ciertas necesidades internas y realidades evidentes.
  • Todos hemos pasado por esas épocas donde cedíamos en exceso. Asumíamos lo que otros decían sin protestar. Más aún, sin replantearnos que ciertas cosas no tenían por qué ser así.
  • Éramos, por ejemplo, nosotros quienes nos quedábamos un poco más después del trabajo. Nosotros quienes hacíamos de tabla de salvación para los problemas de esa amiga o los que ofrecíamos esa ayuda económica constante para un hermano interesado…

Puede que estas realidades fueran muy comunes en nosotros en un momento de nuestra vida.

Hasta que dimos el paso, hasta que decidimos actuar en asertividad para decir “basta” y anteponer nuestras necesidades con respeto y descubrir así un bienestar inesperado…

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2. La falta de asertividad nos conduce a veces hacia comportamientos agresivos

A menudo caemos en el error de pensar que la persona que carece de habilidades asertivas es más bien discreta, apocada, débil y hasta vulnerable.

En realidad, hay un detalle que es importante tener en cuenta:

  • La persona que es incapaz de defender sus derechos, que no sabe comunicarse de manera efectiva y que se siente cada vez más frustrada por este tipo de carencias, lo que acumula día a día es negatividad y malestar.
  • Dicho malestar es casi como el vapor en una olla a presión. Tarde o temprano estalla y lo hace del peor modo, mediante el despecho, la crítica, el sarcasmo y esa rabia contenida que no todo el mundo sabe cómo gestionar.
  • Saber defendernos con respeto e inteligencia, saber comunicar, negociar y delimitar espacios de forma acertada da forma a una serie de dinámicas muy saludables con las que sentirnos bien, en equilibrio y armonía. Libres de la ira y la rabia…

3. Aprendemos a estar más presentes

Aprendemos a estar más presentes

Quien practica la asertividad sabe que no hay que dejar para mañana la molestia que siente hoy.

  • Si no nos ha gustado cómo nos ha tratado ese compañero de trabajo, se lo comunicaremos al momento. Si nos parece injusta esa decisión de nuestro jefe se lo haremos saber.
  • Aún más, también a nivel de pareja es vital practicar el buen arte de la asertividad, porque solo así construiremos una relación más íntegra donde clarificar necesidades, donde poder negociar mejor y crear espacios emocionales más significativos.
  • Todas estas prácticas nos animan a que centremos nuestra atención en el presente, en ese aquí y ahora donde surgen esas situaciones ante las cuales, debemos responder con eficacia y seguridad.
  • Algo que solemos hacer muy a menudo es postergar ese diálogo, es callarnos, es decirnos eso de “no voy a darle importancia, mejor me callo, mejor lo dejo pasar”.

Sin embargo, si miramos el  presente con valentía, decisión y asertividad, daremos forma a una realidad mucho más satisfactoria donde no dejar pasar nada, donde no ceder, no callar y no rendirnos.

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4. La asertividad nos permite tener relaciones más honestas

La asertividad nos permite tener relaciones más honestas

La asertividad tiene que ver con la honestidad y la integridad, con tener coherencia en cada cosa que hacemos y decimos.

  • Estas dimensiones son como semillas que hacen crecer en nuestro día a día relaciones más respetuosas.

Porque si hay algo que conviene tener claro es que la asertividad no es agresión, no es hacer uso de “verdades que duelen”.

  • La asertividad nos ofrece herramientas para ver a quien tengo en frente como a parte de mí mismo. Alguien que merece respeto, alguien que debe respetarme a mí, dos personas que hablan en libertad para afianzar mejor una relación.

Todo ello nos brinda, sin duda, una gran paz interior, nos ayuda a que podamos ir a la cama con la conciencia tranquila, ya que los demás saben cómo somos, entienden qué no nos gusta, qué nos agrada y por dónde NO pasaremos nunca.

No podemos olvidar que las relaciones sociales de calidad se asientan también gracias al arte de la asertividad, y que todo ello se refleja en nuestro bienestar, en nuestra felicidad y, por tanto, en la propia salud.

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