¿Cómo asimila el cuerpo la glucosa?

02 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la nutricionista Anna Vilarrasa
Nuestro metabolismo es capaz de quemar grasas y proteínas como fuente de energía. Pero con una menor eficacia. Por eso es la glucosa la fuente de energía preferida por nuestras células.

Aunque la glucosa es muy importante para que nuestro cuerpo funcione con normalidad, es necesaria en cantidades moderadas. Cuando los niveles de glucosa son demasiado elevados o están fuera de control, podemos tener serios problemas de salud. 

La glucosa es un monosácarido que contiene 6 átomos de carbono. Es una forma de azúcar y es uno de los compuestos orgánicos más abundantes en la Tierra. 

Una de sus funciones principales para los humanos es la de ser fuente de energía para todas las células del cuerpo. Los azúcares son necesarios para muchos de nuestros órganos, como el cerebro y otros tejidos. Junto con los lípidos, la glucosa es una de las principales sustancias energéticas. 

Glucosa y  azúcar no son lo mismo

Estos son dos compuestos que no debemos confundir. El azúcar (sacarosa) es otro compuesto químico que está formado por moléculas de glucosa y moléculas de fructosa. 

Aunque luego de su degradación el cuerpo asimila glucosa, el azúcar no es necesario en nuestra alimentación. Lo que necesita el organismo para funcionar es la glucosa. Y, como veremos a continuación, esta puede provenir de otras fuentes.

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Principales fuentes de glucosa

azúcar y glucosa no son lo mismo
No debemos confundir el azúcar con la glucosa. Lo que el cuerpo necesita es la segunda, no necesariamente la primera

La forma en la que normalmente ingerimos la glucosa es a través de los carbohidratos y el azúcar. Los más habituales son el pan, la pasta, el arroz, las verduras, las frutas y los productos lácteos.

Todos los carbohidratos acaban aportando glucosa a nuestro organismo al ser degradados. La única excepción es la fibra. Al no tener las enzimas adecuadas para degradarla, pasa intacta por el tracto digestivo hasta llegar al colon. Allí nuestras bacterias intestinales serán las encargadas de digerirla. 

Sin embargo, cabe destacar que el organismo tambiéndispone de otras vías para energía, en ausencia de carbohidratos. A partir de grasa y proteínas se activan otras rutas metabólicas y el cuerpo también asimila glucosa. 

Cómo asimila el cuerpo la glucosa

Cuando comemos alimentos ricos en carbohidratos empieza su digestión. Desde la boca hasta el intestino delgado, y gracias a las enzimas, jugos digestivos y movimientos del sistema digestivo, degradamos los carbohidratos complejos hasta obtener glucosa. 

Las moléculas de glucosa pasan al intestino delgado. Pero desde allí todavía no pueden ser usada por nuestras células. 

Una vez se encuentran en el intestino delgado pasan a la sangre. En este momento entra en juego el páncreas y la insulina. Cuando el cerebro detecta la presencia de glucosa en la sangre, manda una señal a la glándula endocrina para que segregue insulina. En situaciones normales, el páncreas segrega la insulina necesaria de forma automática en cada momento. 

Podríamos decir que la insulina es como la llave que abre la puerta de las células para que pueda entrar la glucosa. Una vez dentro de la célula, ya puede ser usada como fuente de energía. 

Diferencias en la absorción según la fuente

Aunque tanto el azúcar como los carbohidratos acaben aportando energía al organismo, la asimilación de la glucosa en el cuerpo no es la misma cuando comemos unos u otros. 

Algunos alimentos son básicamente ricos en azúcar simple: la miel, el azúcar de mesa, los siropes, los refrescos o los zumos de frutas. Al ser digeridos rápidamente, la glucosa también llega más rápido a la sangre produciendo picos de glucemia. Como respuesta, el páncreas segrega también más insulina, que será más abundante en sangre. 

Una de las consecuencias de esta respuesta es que después de la acción de la insulina, se produce un descenso rápido de la glucosa en sangre, dando lugar a  una hipoglucemia. Esta puede darnos sensación de hambre, mareos, visión doble o borrosa, y dolor de cabeza. 

En cambio, cuando comemos alimentos ricos en hidratos de carbono complejos (integrales y ricos en fibra) la glucosa en el cuerpo se asimila de forma distinta: es más lenta y progresiva. Como consecuencia la insulina también aparece de forma más constante. La glucemia se mantiene constante y por más tiempo y evitamos picos bruscos de aumento y falta de energía. 

zumos y jugos para la glucosa
Los jugos y zumos son fuente de azúcares simples

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Consecuencias para la salud de los azúcares simples

Ya hemos visto que el consumo de alimentos ricos en azúcar simple provoca picos de insulina y de glucosa en sangre. De forma continua, esto genera mayor riesgo de padecer patologías como obesidad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y síndrome metabólico.

Además, existe el riesgo de que nuestro páncreas acabe por no funcionar de forma normal, o que nuestras células generen resistencia a la insulina. Si esto sucede, la glucemia estará elevada de forma continua -lo que conocemos como diabetes. 

El cuerpo necesita buena glucosa

Como hemos visto, una asimilación rápida puede provocarnos subidas y bajadas bruscas de energía a lo largo del día. Y a largo plazo, problemas de resistencia a la insulina o diabetes tipo 2.

La mejor forma de evitarlo es comer alimentos frescos y ricos en hidratos de carbono complejos: fruta y verduras, cereales integrales, tubérculos y productos lácteos. 

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