Autoexamen: 7 claves para valorar tu propia salud mental

Autoexamen: 7 claves para valorar tu propia salud mental

Cuidar de nuestra salud mental y evitar todo aquello que pueda perjudicarla es imprescindible para poder vivir una vida plena de la que nosotros mismos seamos los protagonistas

Cuando hablamos de salud mental pensamos casi de inmediato en esos trastornos clínicos que alteran por completo la calidad de vida de una persona y su entorno.

Ahora bien, en realidad, son muchos los individuos que afrontan su día a día con problemas emocionales que dan forma a enfermedades subyacentes.

Es el caso de depresiones encubiertas o crisis de ansiedad que afectan de forma directa a su calma, a su equilibrio psicológico.

Nadie es inmune a este tipo de realidades en las que, a menudo, nuestros propios pensamientos y actitudes se alzan como los auténticos enemigos.

Es pues necesario tenerlos en cuenta, identificarlos, desmenuzarlos y reinterpretar esos mundos interiores.

Así lograremos afrontar nuestra vida con más entereza, con una mayor autoestima y una clara voluntad por tomar las riendas de nuestro bienestar.

A continuación, te proponemos que pongas en práctica este “autoexamen”. Se trata solo de valorar determinadas dimensiones para saber si estamos en forma o si algo falla.

1. Me obsesiono con aspectos que aún no han ocurrido

Anticipar hechos negativos afecta de forma directa a nuestra salud mental. No se trata solo de “pensar lo peor”, de imaginar que, hagamos lo que hagamos, todo acabará torciéndose.

También pueden darse estas dimensiones:

  • Pensar tanto las cosas que, al final, quedamos agotados y sin ganas de actuar.
  • Obsesionarnos con determinados detalles, palabras y hechos analizándolos hasta el detalle. Le ofrecemos un protagonismo exagerado a algunos aspectos que, en realidad, no son tan importantes.

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2. Dependencia del pasado

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Quien focaliza toda su atención, sus pensamientos e ilusiones en cosas ya sucedidas se pierde las oportunidades del presente.

  • Vivir de nostalgias no es bueno ni saludable. Caemos en un estado de indefensión absoluta, hasta el punto de perder la esperanza en el momento actual.
  • Entiende que el ayer es ese cajón del cual debemos obtener un aprendizaje puntual para poder aplicarlo en el presente. Es ahí donde acontece la auténtica oportunidad para ser felices.

3. Focalizarnos demasiado en lo que otros dicen y hacen

Somos conscientes de que no vivimos en islas de soledad. Estamos obligados a relacionarnos, a convivir, a trabajar los unos con los otros y a compartir escenarios con amigos, vecinos y familiares.

  • Ahora bien, convivir no es lo mismo que ser dependiente, esclavo de las opiniones ajenas y de los juicios de valor.
  • Lo que otros digan y hagan no debe afectarnos hasta el punto de cambiar nuestra manera de ver la vida o nuestra forma de ser.
  • Cuando más bajes la “intensidad” de ese malestar por las críticas recibidas o los comentarios fuera de lugar, más ganarás en calidad de vida.

4. Siempre estoy de mal humor, todo me molesta

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En ocasiones atravesamos épocas marcadas por el malestar continuo, por esa incomodidad donde nada nos agrada, donde nada nos hace reír y donde pocas cosas atraen nuestro interés.

Ten en cuenta que si tu estado emocional se caracteriza por esto mismo a lo largo de dos meses seguidos, hablaríamos ya de una depresión.

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5. No focalizar la atención en las cosas importantes afecta a nuestra salud mental

Atravesar un largo periodo marcado por el estrés tiene una consecuencia esencial: dejamos de valorar nuestras prioridades, o aún más, olvidamos cuáles son.

  • Si olvidas aquello que te hace feliz, si dejas a un lado lo que es realmente importante, tu brújula interior no funciona como debe.
  • El estrés y la ansiedad provocan que nos centremos en aspectos como esos objetivos laborales, ese jefe que nos atormenta, esos compañeros de trabajo que nos agobian…
  • Nuestra mente se siente saturada y es incapaz de relajarse y de centrarse en lo esencial: nosotros mismos, nuestra familia.

6. Cuando tengo un problema, me evado, lo disimulo

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Esta es otra estrategia común. Cuando algo nos molesta, nos preocupa o altera nuestro equilibrio interior, optamos por “evadirnos” o ponernos la máscara de la tranquilidad como si no pasara nada.

  • Si en casa soy infeliz, intento pasar el mayor tiempo fuera de ella.
  • Si tengo un problema con alguien, evito tropezarme con esa persona.

Todas estas actitudes no solucionan nada. Lo único que conseguimos es intensificar el malestar o posponer ese momento en que no hay más remedio que dar respuesta a dicho problema.

7. Soy incapaz de decir “NO”

Practicar la asertividad en el día a día favorece y cuida de nuestra salud mental. En cambio, si no somos capaces de decir “sí” sin culpa y “no” sin miedo, navegaremos en el océano de la frustración y la infelicidad.

  • Quien no sabe o no se atreve a poner límites, dejará entrar a su campo personal las agujas del desprecio, la manipulación y la vulneración de quien ve en él a alguien fácil de controlar.
  • No lo permitas. Aprende a gestionar tus límites con asertividad y cuida de tu salud mental.

Por último, no lo olvides. Reflexiona sobre estas 7 dimensiones y valora qué deberías cambiar, qué deberías mejorar para encontrar ese equilibrio interior con el cual construir una felicidad real y satisfactoria.