El bebé en la habitación de los adultos: pros y contras

La decisión de que el bebé duerma en la misma habitación de los padres puede ser determinante para fortalecer el vínculo con él, pero también puede resultar negativo para la pareja

La etapa del día que experimenta más cambios con la llegada de un bebé es la noche. La habitación de los adultos tiene un nuevo inquilino.

Los horarios cambian y la hora de dormir, descansar e intimar se trastoca ante la presencia de ese invitado especial.

Cada familia tiene su método y no existe una fórmula mágica para afrontarlo de forma tal que todo el mundo termine feliz. Las opiniones sobre el tema son variadas y no hay consenso entre médicos, terapeutas y progenitores.

El tema es tan controvertido que se han creado agrupaciones en favor del sueño o cama familiar.

Pero… ¿es correcto que un bebé cohabite en el dormitorio de los padres? El asunto es más complejo de lo que la mayoría piensa.

Convivir a tiempo completo con los bebés en la habitación matrimonial tiene pros y contras.

Capacidad de respuesta en la habitación de los adultos

Un niño que duerme cerca de sus progenitores tiene mayores probabilidades de supervivencia. Al estar tan próximo, será sencillo detectar y responder ante complicaciones médicas de alto riesgo como el ahogamiento.

Además, es evidente que las personas sienten mayor tranquilidad pudiendo vigilar de cerca a sus chiquillos.

¿Es necesario que el niño duerma incluso en la propia cama de la pareja? Algunas mamás justifican esta disposición bajo la creencia de que los bebés duermen mejor cuando tienen contacto humano.

Esto podría ser cierto y se cree que es parte de una respuesta instintiva de nuestra especie.

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Menos horas de sueño

Menos horas de sueño

Las parejas con niños en la alcoba podrían dormir menos. Aun cuando la cercanía debería garantizar tranquilidad y mayor descanso a los progenitores, en algunos casos el estado de alerta se incrementa.

Sí el niño duerme en la cama, sus patadas y demás movimiento involuntarios serán un obstáculo para conciliar el sueño. Quienes terminan pagando las consecuencias son los padres que se levantan temprano para ir al trabajo.

La convivencia nocturna con el pequeño va más allá de alimentarlo a media noche o calmar su llanto: los derrames de orina y el miedo de aplastarlo serán factores que no permitirán conciliar un sueño reparador.

Facilita la lactancia

Quizás se duerma menos, pero facilitar la lactancia durante la madrugada mejora en gran medida el proceso alimenticio integral de los bebés.

Está demostrado que amamantar de noche favorece la circulación de prolactina, hormona que estimula la producción de la leche materna.

El resultado: mayor cantidad de leche para el niño durante el día.

La toma nocturna es efectiva para combatir la baja secreción de alimento materno, conocida científicamente como hipogalactia.

Niños menos independientes

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Quizás sea aconsejable que los bebés duerman con los progenitores hasta cierta edad, pero hacerlo por largo tiempo podría ser costoso para su desarrollo personal.

El crecimiento emocional y psicológico de los bebés también es prioritario.

Acostumbrarlos a dormir acompañados podría ser un obstáculo en el futuro próximo.

  • Algunos psicólogos son partidarios de que los padres deben motivar a sus pequeñines a crear su propio espacio y dependencia desde los primeros años de edad.
  • Sin embargo, los expertos no tienen un consenso sobre el momento en que los bebés deben comenzar a dormir en solitario.
  • Algunos hablan de 6 meses, mientras que otros recomiendan iniciar a los 2 o 3 años de edad.

Cooperación de ambos progenitores

Pasar noches enteras cerca del niño podría promover una actitud igualitaria frente a las labores de cuidado. Al convivir en el mismo ambiente, ambos padres tendrán que involucrarse de forma activa en las atenciones.

Bajo esta tónica, el primero que se dé cuenta de cualquier coyuntura podrá socorrer al pequeño sin tener que salir del dormitorio.

La dinámica de convivencia será equitativa, pudiendo acordar algunos turnos para enfrentar el desvelo.

Según la postura central del colecho, las posibilidades de lograr una mayor integración familiar podrían incrementarse.

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Falta de intimidad en la pareja

padre-bebe

Dormir con el bebé al lado genera un colapso en la intimidad marital. Lo que empieza como un enfriamiento temporal de las actividades sexuales puede convertirse en el primer síntoma de una ruptura familiar.

Lo ideal sería encontrar espacios para intimar fuera de las horas nocturnas, aunque los amplios horarios laborales del presente contribuyen poco o nada.

Pronto se crea un problema de conciliación familiar y la peor consecuencia podría ser el divorcio.

En conclusión, no existe una sola alternativa para brindarles atención y el debido cuidado a los más pequeños de la casa.

Lo vital es que ambos padres establezcan acuerdos en donde los tres salgan ganando.

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