Beneficios de tomar una ducha fría

Si no estamos acostumbrados al agua fría podemos ir poco a poco bajando la temperatura. El ambiente del baño debe ser cálido para que el contraste sea mayor

Sabemos que hay personas que se duchan con agua fría, pero ¿es realmente beneficioso?

La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a hacerlo con agua caliente o tibia, según la temperatura exterior, y es un hábito difícil de cambiar si no conocemos las propiedades positivas que puede aportar a nuestro organismo.

Descubre cómo puede mejorar tu salud si empiezas a ducharte con agua fría y cómo debes hacerlo para que no sea un sufrimiento.

¿Agua fría o agua caliente?

En realidad, el agua fría y el agua caliente tienen diferentes propiedades para la salud si las sabemos usar de manera adecuada.

El problema es que, en general, usamos solamente el agua caliente, a una temperatura excesiva y durante demasiado tiempo. Para nuestro cuerpo es más agradable el calor, porque dilata los vasos sanguíneos y favorece la relajación.

No obstante, si abusamos de él produce el efecto contrario, nos debilita y quita la energía, y empeora nuestra circulación.

Por este motivo es más beneficioso combinar ambas temperaturas. De hecho, muchos balnearios y centros de hidroterapia proponen baños a temperatura alterna para sumar ambos beneficios.

Incluso puede ser una manera muy efectiva para ir aplicándonos el agua fría de manera gradual, combinándola a intervalos con el agua caliente.

¿Quieres conocer más? Lee: Cómo hacer que tu ducha diaria sea también terapéutica

Agua fría o agua caliente

Beneficios del agua fría

  • Reduce las inflamaciones.
  • Mejora de la circulación sanguínea, ya que contrae los vasos sanguíneos y evita las varices.
  • Combate la flacidez de los tejidos.
  • Tonifica la piel y mejora su apariencia.
  • Acelera el metabolismo.
  • Previene la celulitis.
  • Nos aporta vitalidad y energía y, a continuación, nos produce efectos relajantes.
  • Fortalece el sistema inmunitario de manera gradual.
  • Regula el sistema nervioso.

¿Cómo son las duchas frías?

  • Las duchas a baja temperatura no tienen que ser muy largas. Con 5 minutos es suficiente.
  • Debemos evitar siempre la zona de la cabeza. Como mucho podemos llegar, por unos instantes, hasta la nuca.
  • Es importante que el baño o la estancia esté a una temperatura cálida o bien que nosotros no tengamos frío antes de ducharnos, para que haya un contraste.
  • Empezaremos por la parte baja y lateral del cuerpo e iremos ascendiendo para terminar en la zona del pecho.
  • Las personas con trastornos cardíacos deben tener una precaución especial. Pueden usar el agua más tibia o hacerlo siempre de manera mucho más gradual, según reaccione su cuerpo.
  • Podemos realizar baños alternos con agua caliente, siguiendo los mismos intervalos. Por ejemplo, 1 minutos de agua fría y 1 minutos de agua caliente, 2 minutos de agua fría y 2 minutos de agua caliente, etc.
  • Terminaremos siempre con el agua fría.
  • Al salir de la ducha es imprescindible ayudar al cuerpo a recuperar su calor natural. Podemos hacerlo con ejercicio, con un masaje mientras nos aplicamos una loción o bien frotándonos de manera enérgica con la toalla.

Si lo hacemos antes de acostarnos será ideal, ya que nos podemos meter a la cama justo después.

Cómo son las duchas frías

Baños al aire libre

A medida que nuestro cuerpo se acostumbre al agua fría cada vez sentiremos más la necesidad de estas duchas. En ese momento podremos contemplar otras opciones, como bañarnos en la playa, en ríos o lagos de agua fría.

En verano mucha gente suele hacerlo, pero lo interesante es hacerlo en días soleados de otoño y primavera. Podemos hacer un poco de ejercicio antes y darnos un breve baño, para después de nuevo hacer ejercicio o secarnos y abrigarnos bien.

El hecho de realizarlo en plena naturaleza multiplica los efectos beneficiosos, en especial para el sistema nervioso y la salud en general.

Debemos hacerlo siempre en zonas seguras y con la debida precaución.

No olvides leer: Los beneficios de ducharse con agua fría

Baños al aire libre

Baños locales

Si sufrimos problemas en las extremidades como, por ejemplo, artritis o artrosis en las articulaciones, podemos realizar baños alternos solamente en esa parte del cuerpo.

Necesitaremos dos recipientes los suficientemente grandes como para meter esa parte del cuerpo. Pondremos agua muy fría en uno y agua bastante caliente en el otro, que sea soportable. Del mismo modo que con la ducha, iremos alternando entre los dos, el mismo tiempo en cada uno.

Si lo hacemos cada día es una terapia excelente que reduce la inflamación y el dolor, incluso en casos de personas que lo sufren desde hace mucho tiempo de manera crónica.

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