Berrinches en público: ¡les decimos adiós!

Thady Carabaño 14 julio, 2018
En lo que el niño cumple sus 2 primeros años de vida aparecen las temidas pataletas o rabietas. Entre las causas más frecuentes está el interés que crece en el niño de marcar su autonomía.

Cuando el niño llega a los dos años se abre la posibilidad de que ocurran los temidos berrinches en público. En cualquier momento y por cualquier circunstancia, puede estallar una explosión de emociones encontradas que alteran al niño, a sus padres y a todos.

Las primeras rabietas forman parte del proceso de separación del bebé de la madre, cuando el niño comienza a darse cuenta de que es una persona autónoma, que puede querer algo distinto a lo que quieren sus padres.

¿Cómo controlar una rabieta?

Marcelo tiene 2 años y medio. Como todos los domingos, llevan a Marcelo al parque. La diferencia esta vez es que va solo con mamá, pues el padre no los podía acompañar. Marcelo jugó con otros niños pero extrañó a papá. Cuando llegó la hora de regresar, Marcelo pidió a su madre que le comprara un juguete que vendían en el lugar. Ella se negó.

Marcelo empezó a llorar y a pedir el juguete. Su madre, sin perder la calma, le decía que no podía comprarlo y que ya debían irse. Marcelo seguía llorando y se negaba a salir del lugar. La frustración de Marcelo fue en aumento. El berrinche había comenzado.

La madre se apartó de la vista de todos, se agachó a la altura de Marcelo, lo miró a los ojos, lo abrazó y lo sentó en sus piernas. Le habló con un tono muy bajo y calmado.

Niño con un berrinche.

Le dijo con mucha suavidad, que entendía su enojo porque papá no había podido ir, le explicó porqué no podía comprar el juguete y que ya debían irse a la casa. Marcelo lloró abrazado de su madre y descargó su frustración. Al cabo de unos minutos se había calmado.

¿Por qué ocurren las rabietas?

Las rabietas, pataletas o berrinches en público son un estado propio de los niños pequeños, que no saben cómo expresar su impaciencia, su frustración o su enojo.

Suelen originarse por un motivo muy leve y, en este caso, generalmente duran poco. Para saber cómo actuar ante estas conductas, es importante identificar la causa que la origina:

  • El niño quiere mostrar su autonomía de forma desafiante y exigente, les cuesta esperar.
  • Hay necesidades fisiológicas insatisfechas. El niño tiene hambre, sueño, cansancio, malestar físico.
  • Hay ausencia o confusión con las normas y los límites del hogar. Los padres son o muy permisivos o muy autoritarios.
  • En casos más severos, las pataletas pueden indicar depresión, irritabilidad, problemas o trastornos de conducta.

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¿Cómo manejar los berrinches en público?

Los berrinches en público comienzan cuando el niño pequeño es embargado por sentimientos que desconoce, no controla y no sabe lidiar, por cambios en su entorno o porque no ocurre lo que espera o desea.

El niño dirige su rabia o su frustración hacia sus padres, pues creen que los padres debieron haber previsto o evitado lo sucedido. En este sentido, te dejamos nuestras recomendaciones para gestionar y controlar mejor los berrinches en público.

Manten la calma

Aunque parezca imposible, es importante que los padres mantengan el control total de sus emociones en el momento de la pataleta. De lo contrario, estarían actuando al mismo nivel que los hijos, que se dejan llevar por impulsos.

El ejemplo de los padres es clave para enseñar a los hijos a autoregularse. Asimismo, si nos dejamos llevar por las emociones es posible caer en situaciones como el maltrato infantil.

Anticípate al berrinche

Los padres deben aprender a identificar los detonantes del berrinche en público. Por ejemplo, si llevas al niño a hacer una diligencia al banco o al supermercado, es normal que se sienta cansado o que se aburra con facilidad, pues son espacios que no le ofrecen nada de su interés.

Si ya has determinado que el cansancio lo agobia, no será suficiente decirle “pórtate bien“. Hay que explicarle que van a un sitio donde tendrá que esperar un rato, habrá mucha gente, donde no puede correr ni hacer ruido.

Niño con berrinche.

Una explicación le da seguridad y tranquilidad al niño. Sabe lo que se espera de él y puede actuar en consecuencia. Ante estas salidas “aburridas”, es bueno que incluyas un juguete o algo con lo que pueda distraerse en tu bolso, una merienda y agua por si la necesita.

Se firme con tu decisión

Tienes que mantener con firmeza la decisión que has tomado. No obstante, es posible ser firme con palabras amorosas y sin gritar. En esto es importante que ambos padres estén de acuerdo. Un padre no debe cambiar o irrespetar la decisión que haya tomado el otro.

La firmeza le dará un mensaje claro a tu hijo: los berrinches en público no son necesarios para obtener lo que desea. Esto es fundamental para evitar que las rabietas se conviertan en un comportamiento habitual.

Asimismo, es importante que los padres acuerden cuáles son las normas, con que flexibilidad se van a manejar las normas (sí, es válido ser flexibles y ceder en algún momento, pero consciente de que lo estás haciendo). Dar órdenes no es lo mismo que proponer límites y normas.

Promueve el respeto mutuo

Así como los padres deben conservar la calma y evitar sobrepasarse con los niños, también deben hacerle entender a los niños que no pueden ser groseros ni sobrepasarse con los padres.

Debes insistir y explicar a tu hijo que lo escucharás mejor si se calma, no solo porque debe ser respetuoso, sino también porque si grita y llora, es mucho más difícil entender qué es lo que le pasa.

Nunca dejes solo o ignores a tu hijo durante la pataleta. Eso da un mensaje muy negativo al niño: “no me interesa lo que te está pasando”. ¡Por supuesto que es verdad que el niño quiere llamar tu atención! De hecho: la necesita. Por el amor y el respeto que le tienes, dásela.

Haz contacto visual

Ante los berrinches en público, debes hablarle a su hijo mirándolo directo a los ojos. Para ello, o te pones a su altura física, agachándote a su lado, o lo cargas hasta tu altura o te sientas y lo pones en tu regazo.

Mientras le hablas no dejes de mirarlo directo a los ojos, hasta que el niño responda a esa mirada. En lo que eso ocurre, es el mejor momento para dialogar y razonar con el pequeño.

También es recomendable que hagas contención física de su cuerpo, sobre todo si en la explosión de la pataleta hay algún peligro para si mismo o para otros. Importante: aléjate de las miradas hacia un ambiente más tranquilo para que se calme.

Valida la emoción de su hijo

Para promover la capacidad de tu hijo para controlarse, nada es mejor que el afecto y la empatía. Valida y acompaña su emoción. Por ejemplo, le puedes decir: “puedo ver que estás muy molesto”, “me doy cuenta de que estás muy enojado”.

Niño pequeño llorando.

Reconocer la emoción es el primer paso para regularla. No se trata de que el niño reprima sus emociones, porque eso puede desbordarse luego en otras conductas o problemas emocionales, sino de que pueda reconocer lo que siente y pueda dejarlo pasar. Abrázalo mientras llora y desahoga la energía que lo desborda.

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Sanciona la conducta, no al niño

Evita los castigos físicos, los gritos y las amenazas que vulneren la integridad de tu hijo, ya que no solo tienen derechos a nivel legal, sino que además este tipo de reprimendas enseñan a tener miedo hacia las figuras de autoridad, pero no cultivan el respeto por ellas.

La relación con tu hijo se ve menoscabada con el maltrato, tanto físico como emocional. El daño emocional genera más frustración, culpa y rabia de la que inicialmente se quería contener, cuando aparecieron los berrinches en público y no se supieron manejar correctamente.

Consideraciones finales

Anticiparse a las situaciones que pueden detonar una pataleta no es tan fácil, pero no es imposible. Forma parte del proceso de ir conociendo a tu niño, precisar qué le gusta y qué le incomoda. Ninguna mamá nace sabiendo cómo hacerlo, vamos aprendiendo a ser mamá junto a nuestro hijo.

Si alguna vez pierdes la calma ante un berrinche de tu hijo, es importante que hagas el necesario autoanálisis para que puedas controlarte mejor la próxima vez. Perdónate y pídele perdón a tu hijo. Juntos encontrarán el camino para aprender a gestionar sus emociones.

Y, finalmente, olvídate del “qué dirán” los que están presenciando una pataleta de tu hijo. No faltarán los opinadores. A esos sí puedes ignorar, nunca a tu niño. Para que tu hijo logre la calma necesita conectarse contigo y con tu amor. Dedícate a él, que en minutos habrá pasado la tormenta. Más temprano que tarde, dirás adiós a los berrinches.

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