Los besos y los abrazos son la mejor medicina para tus hijos

Valeria Sabater·
01 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
10 Enero, 2019
Gracias a los abrazos, podemos infundir confianza y hacerles llegar nuestro amor a nuestros hijos. Son fundamentales para que el día de mañana sean seres psicológicamente fuertes y sanos.

Pocas cosas resultan tan reconfortantes y emocionalmente positivas como los besos y los abrazos. Nuestros mejores recuerdos, los más intensos, se edifican a menudo alrededor de esos instantes en que permanecemos, durante unos segundos, abrazados a los seres que más amamos.

El poder de los besos y los abrazos en los niños va más allá del plano físico. Son gestos que les permiten crecer, que fortalecen su autoestima e, incluso, la seguridad para interactuar con el mundo. Abrazar es salud y esa medicina tan económica que deberíamos «administrar» cada día, en especial, a los más pequeños.

Los besos y los abrazos, una medicina

filematología estudia el beso
El beso tiene diferentes connotaciones de acuerdo a la cultura

Según un artículo titulado Salivary Cortisol Levels in Children Adopted From Romanian Orphanages, uno de los efectos más preocupantes de los orfanatos es la carencia de caricias y gestos afectivos.

A pesar de que los niños estén bien alimentados y reciban un trato correcto, no existe la suficiente interacción para que el desarrollo cerebral de estos pequeños encuentre «esa chispa» afectiva con la cual crecer con mayor seguridad.

De hecho, la investigación señala que los niños que fueron adoptados en edades más avanzadas muestran mayores niveles de cortisol —la hormona del estrés– que los niños adoptados de bebés o que nacieron en el seno de una familia que los cuidó desde siempre.

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La infancia temprana, una época clave

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El contacto social influye en la autoestima de los niños.

El cerebro de un recién nacido es un escenario hambriento de experiencias, estímulos y emociones con las cuales construir nuevas interacciones neuronales y  propiciar así unas estructuras cerebrales más fuertes.

  • Cuanto mayor sea el estrés, el miedo o la inseguridad, menor tamaño tendrán determinadas estructuras, como puede ser el hipocampo (relacionado con la memoria y las emociones).
  • Los niños que han crecido en ambientes inmunodeprimidos, faltos de afecto y de contacto físico pueden desarrollar estrés postraumático, hiperactividad y baja autoestima e, incluso, conductas de agresividad el día de mañana.
  • Según un el trabajo citado en el apartado anterior, se descubrió que en muchos orfanatos de Rumania a lo largo de las décadas de los 80, los bebés sufrían un elevado estrés emocional.

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  • Este estrés tenía como origen la grave carencia afectiva que sufrían en dichos centros. Todo ello disparaba el nivel de cortisol en sangre y, en especial, en sus cerebros.
  • Este efecto era potencialmente negativo si los recién nacidos pasaban sus ocho primeros meses de vida de este modo. Si pasaban entre dos o tres meses y, después, eran adoptados por una familia afectuosa y enriquecedora, este efecto podría revertirse.
  • Según este estudio, se descubrió que un bebé que sufre de elevado estrés emocional a lo largo de sus primeros ocho meses de vida desarrolla, generalmente, un cociente intelectual más bajo y mayores conductas de ansiedad.

Los besos y los abrazos, el lenguaje universal

Niño recibiendo besos de la madre.
Un abrazo es considerado un reductor del estrés

No hay nada tan instintivo, poderoso y sanador como el abrazo de un ser querido. En el caso de los bebés y los niños, es aún más necesario llevar a cabo este tipo de acciones. Te damos una serie de justificaciones:

 1. Reducción del estrés

A los gestos positivos llenos de afecto como las caricias, los besos y los abrazos se les atribuyen efectos reductores del estrés y se cree, además, que favorecerían la conexión neuronal en los bebés.

Además, un artículo titulado Receiving a hug is associated with the attenuation of negative mood that occurs on days with interpersonal conflict concluyó que este contacto íntimo entre dos personas mejoraría el humor.

2. Formadores de vínculos

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Abrazar y besar a los hijos ayuda a formar un vínculo con ellos.

Ahora bien, también debemos tener en cuenta que los abrazos crean nculos. Para favorecer la unión parental con tus niños, abracémoslos desde bien pequeños. Es muy posible que, a medida que crezcan, esta práctica les vaya incomodando, pero es algo imprescindible que nos ayudará a estar más unidos.

Los expertos nos dicen que sería ideal que hasta los 4 o 5 años los despertáramos y los acostáramos con un beso y un abrazo. Nada como empezar y terminar el día con ese gesto de afecto.

3. Los abrazos dan seguridad

A medida que se van haciendo mayores, los abrazos son muy terapéuticos cuando los niños se enfadan, cuando sienten miedo infantil o preocupación. Aunque no debería existir un motivo concreto para abrazar, hay situaciones que claman ese contacto para conferir seguridad.

Si bien a veces estamos cansados porque la labor de ser padres puede ser en ocasiones agotadora, es importante no desatender nunca el «cuidado emocional» de los más pequeños.

Un niño no sólo necesita alimento, ropa y un colegio al que asistir. Los niños necesitan palabras positivas, que atendamos sus miedos y sus preocupaciones. Nos piden que seamos buenos gestores de su mundo emocional, y que entendamos sus rabietas y sus preocupaciones.

Los niños, además, saben muy bien cuándo una abrazo o una caricia es sincera y cuando lo hacemos con prisa. Dediquémosles tiempo, no solo para jugar sino para acurrucarse junto a nosotros.

Los abrazos y los besos, mejor cada día

Ningún gesto de afecto es tan importante como el de un padre con sus hijos, y ello requiere que seamos buenos artesanos en esos instantes mágicos que habrán de perdurar para siempre en sus mentes.

Así que no esperesás. Es el momento de besar y abrazar a nuestros hijos, de preguntarles cómo fue su día, si algo les ha sucedido que deseen compartir, de recordarles que les amamos y, sobre todo, de demostrárselos.

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