Los besos y los abrazos son la mejor medicina para tus hijos

7 junio, 2016
Gracias a los abrazos podemos infundir confianza y hacerles llegar nuestro amor a nuestros hijos. Son fundamentales para que el día de mañana sean seres psicológicamente fuertes y sanos

Pocas cosas resultan tan reconfortantes y emocionalmente positivas como los abrazos.

Nuestros mejores recuerdos, los más intensos, se edifican a menudo alrededor de estos instantes en que permanecemos, durante unos segundos, abrazados a los seres que más amamos.

El poder de los besos y los abrazos en los niños va más allá del plano físico. Son gestos que les permiten crecer, que fortalecen su autoestima e incluso la seguridad para interactuar con el mundo.

Abrazar es salud y esa medicina tan económica que deberíamos “administrar” cada día, en especial, a los más pequeños.

Los abrazos y los besos: medicina para nuestro cerebro

Según un artículo publicado en la revista Scientific American, uno de los efectos más preocupantes de los orfanatos es la carencia de caricias y gestos afectivos.

A pesar de que los niños estén bien alimentados y reciban un trato correcto, no hay la suficiente interacción para que el desarrollo cerebral de estos pequeños encuentre “esa chispa” afectiva con la cual crecer con mayor seguridad.

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La infancia temprana, una época clave

El cerebro de un recién nacido es un escenario hambriento de experiencias, estímulos y emociones con las cuales construir nuevas interacciones neuronales y  propiciar así más volumen y unas estructuras cerebrales más fuertes.

  • Cuanto mayor sea el estrés, el miedo o la inseguridad, menor tamaño tendrán determinadas estructuras, como puede ser el hipocampo (relacionado con la memoria y las emociones).
  • Se sabe que los niños que han crecido en ambientes inmunodeprimidos, faltos de afecto y de contacto físico, pueden desarrollar desde estrés postraumático, hiperactividad y una baja autoestima, e incluso conductas de agresividad el día de mañana.
  • Según un trabajo publicado en la revista Desarrollo y Psicopatología, se descubrió que en muchos orfanatos de Rumanía a lo largo de las décadas de los 80, los bebés sufrían un elevado estrés emocional.

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  • Este estrés tenía como origen la grave carencia afectiva que sufrían en dichos centros. Todo ello disparaba el nivel de cortisol en sangre y, en especial, en sus cerebros.
  • Este efecto era potencialmente negativo si los recién nacidos pasaban sus ocho primeros meses de vida de este modo. Si pasaban entre dos o tres meses y, después, eran adoptados por una familia afectuosa y enriquecedora, este efecto podría revertirse.
  • Según este estudio se descubrió que un bebé que sufre de elevado estrés emocional a lo largo de sus primeros ocho meses de vida, desarrolla, generalmente, un cociente intelectual mucho más bajo, y mayores conductas de ansiedad.
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El abrazo y los besos, el lenguaje que se entiende en todos los idiomas

No hay nada tan instintivo, poderoso y sanador como el abrazo de un ser querido. En el caso de los bebés y los niños es aún más necesario llevar a cabo este tipo de acciones. Te damos una serie de justificaciones:

  •  Ya sabemos que los gestos positivos llenos de afecto como las caricias, los besos y los abrazos actúan como reductores de estrés y favorecen la conexión neuronal en los bebés.

Ahora bien, también debemos tener en cuenta que los abrazos crean vínculos.

  • Para favorecer la unión parental con tus niños, abrázalos desde bien pequeños. Es muy posible que, a medida que crezcan, esta práctica les vaya incomodando, pero es algo imprescindible que nos ayudará a estar más unidos a ellos.
  • Los expertos nos dicen que sería ideal que hasta los 4 o 5 años los despertáramos y los acostáramos con un beso y un abrazo. Nada como empezar y terminar el día con ese gesto de afecto.
  • A medida que se van haciendo mayores, los abrazos son muy terapéuticos cuando los niños se enfadan, cuando sienten miedo o preocupación. Aunque no deba existir un motivo concreto para abrazar, hay situaciones que claman ese contacto para conferir seguridad.
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Si bien es cierto que a veces estamos cansados, que la labor de ser padres puede ser en ocasiones agotadora, en especial, cuando también tenemos un trabajo que cumplir y otras tareas a las que llegar, es importante no desatender nunca el “cuidado emocional”.

Un niño no solo necesita alimento, ropa y un colegio al que asistir.

Los niños necesitan palabras positivas, que atendamos sus miedos, sus preocupaciones, nos piden que seamos buenos gestores de su mundo emocional para que entiendan sus rabietas, sus preocupaciones.

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Los niños, además, saben muy bien cuándo una abrazo o una caricia es sincera y cuando lo hacemos con prisa. Dedícales tiempo.

Ningún gesto de afecto es tan importante como el de un padre con sus hijos, y ello requiere que seamos buenos artesanos en estos instantes mágicos que habrán de perdurar para siempre en sus mentes.

Así que dinos… ¿Ya has abrazado hoy a tus hijos? No dudes en hacerlo… ¡Aunque sean ya unos adolescentes!

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