Cálculos biliares

Los cálculos biliares muchas veces no presentan ningún síntoma, pero en otras ocasiones causan dolores severos que se tornan insoportables para quienes los padecen

Los cálculos biliares son unas partículas sólidas que se forman y se desarrollan dentro de la vesícula biliar. Son el resultado del proceso de cristalización de la bilis. Esta es un fluido que se produce en el hígado y que se secreta hacia el intestino, para que contribuya en la digestión de las grasas.

Cuando la bilis se solidifica, se forman una especie de piedrecitas, que vienen a ser los cálculos biliares. A veces, estos pueden ser tan pequeños como un grano de arena. En otras ocasiones, llegan a alcanzar el tamaño de una pelota de golf.

Se estima que, en Occidente, entre el 10% y el 15% de las personas adultas padecen de cálculos biliares. Sin embargo, solo el 25% de los afectados presentan síntomas. Esta enfermedad es más frecuente en las mujeres que en los hombres y tiene alta incidencia entre las personas obesas.

Tipos de cálculos biliares

Tipos de cálculos biliares

Los cálculos biliares tienen su origen en alguna alteración metabólica. Por lo general, dicha alteración tiene que ver con el colesterol, la bilirrubina o un ácido biliar. Dependiendo de su composición, los cálculos se dividen en tres tipos:

  • Cálculos de colesterol. En este caso, el principal componente del cálculo es el colesterol, que puede hallarse en una proporción del 70% o más. Los cálculos de colesterol son de color amarillo y crecen bastante.
  • Cálculos pigmentarios. El principal componente de estos cálculos es la bilirrubina y los pigmentos biliares. Los cálculos pigmentarios son de color marrón o negro, de consistencia blanda y de tamaño pequeño, aunque suelen ser numerosos.
  • Cálculos mixtos. Estos son una combinación de los dos anteriores y presentan diferentes colores.

Los cálculos biliares de colesterol están estrechamente relacionados con la alimentación. Los pigmentarios, en cambio, muchas veces se asocian con sobreinfecciones en la vesícula biliar. Los cálculos mixtos, por su parte, frecuentemente se calcifican a raíz de un proceso inflamatorio.

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Causas de los cálculos biliares

Los cálculos biliares se forman por diversas causas. Lo más usual es que se produzca una saturación de la bilis. Esto ocurre por un desequilibrio entre la proporción de colesterol y de ácidos biliares. Cuando no hay suficiente cantidad de ácidos biliares, el colesterol se densifica y crea microcristales que eventualmente se convierten en cálculos.

Los cálculos pigmentarios, por su parte, se forman por una sobrecarga de bilirrubina en el organismo, motivada por alguna condición patológica. También hay otros factores que contribuyen a formar los cálculos biliares. Cabe destacar que, entre más factores acumule una persona, mayor será el riesgo de que desarrolle cálculos en la vesícula. Dichos factores, básicamente vienen a ser los siguientes:

  1. Sobrepeso.
  2. Tener muchos hijos.
  3. Ser mayor de 40 años.
  4. Ser de tipo étnico nórdico.
  5. Pertenecer al sexo femenino.

Asimismo, se ha establecido que el factor genético tiene incidencia en la formación de cálculos. Es usual que varias personas de una misma familia los padezcan. Esto ocurre especialmente si hay antecedentes de alteraciones en el metabolismo de las grasas.

Síntomas

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Hasta en el 75% de los pacientes, los síntomas de los cálculos biliares son muy inespecíficos. Lo más usual es que haya dolor abdominal después de comidas voluminosas. A menudo se experimenta también llenura, nauseas y gases. Las molestias son parecidas a las de la gastritis.

Si los cálculos se desplazan, aparecen otros síntomas que pueden resultar muy severos. La principal manifestación es un fuerte dolor en la región derecha del abdomen, con violentos retorcijones y que se describe como insoportable. Es habitual que también haya dolor en la espalda y en el hombro derecho. El dolor es intermitente y se le llama “cólico biliar”.

En algunas ocasiones aparece un leve color amarillento en la piel. También es común que surjan las llamadas “diarreas grasas”. En esos casos, la grasa se defeca de manera sólida o líquida, en altas cantidades.

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Diagnóstico y pronóstico

Diagnóstico, complicaciones y pronóstico

Lo usual es que el médico efectúe un diagnóstico inicial a partir de la entrevista con el paciente. Es muy probable que durante el examen físico se presente un fuerte dolor en la vesícula biliar. Si hay sospecha de obstrucción, el médico ordenará un análisis de sangre, ya que ciertos parámetros alterados revelan la presencia de los cálculos biliares.

Otro estudio que permite emitir un diagnóstico es la ecografía de abdomen. En algunos casos, las imágenes revelan claramente la presencia de los cálculos, pero en otras ocasiones no, especialmente si son muy pequeños. Por lo tanto, lo más común es que se ordene una endoscopia con contraste y un control radiológico.

La mayoría de las veces, los cálculos biliares no requieren cirugía. Cuando el tratamiento quirúrgico es necesario, este suele ser un procedimiento relativamente sencillo y de buen pronóstico para el paciente.

A veces, se presentan complicaciones como pueden ser: inflamación de la vejiga, obstrucción del conducto colédoco, obstrucción del conducto pancreático o cáncer de vesícula. Esto depende en gran parte del estado de salud general del paciente, entre otros aspectos.