Calefacción muy alta: ¿cómo afecta a nuestra salud?

28 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el médico Leonardo Biolatto
La calefacción muy alta nos ayuda a combatir el frío durante el otoño y el invierno, pero puede ser perjudicial para nuestra salud. En este artículo te contamos qué alteraciones se pueden producir en el cuerpo humano.

Es difícil definir qué consideramos como calefacción muy alta. Las sensaciones asociadas a la temperatura son muy variables de persona a persona. No es lo mismo el frío que padece alguien acostumbrado al clima caluroso, que el de otro que vive en áreas geográficas donde cae nieve, por ejemplo.

Aún así, en la variabilidad propia del ser humano, se asume que, por debajo de los 20 ºC de temperatura ambiental, ya hay sensación de frío. La misma se irá incrementando a menor temperatura.

Esa sensación también depende de otros factores, como la humedad del ambiente y la presión del aire. No es igual un registro de 10 ºC con una alta humedad ambiental, que el frío en ámbitos secos.

Tampoco es igual la sensación, independientemente de la temperatura exterior, si estamos quietos o en movimiento. Cuando no hay actividad corporal, el frío se padece más, pues las células no están en metabolismo activo y no generan calor.

Por eso, ante el frío, el ser humano utiliza la calefacción artificial para templarse. Como todo método artificial y utilizado en exceso, la calefacción muy alta puede generar alteraciones en el cuerpo y algunos riesgos para la salud.

Una calefacción adecuada debería mantener los ambientes entre 20 y 25 ºC, con una humedad de alrededor del 50%. Por encima de los 25 ºC, estaríamos hablando de calefacción muy alta.

Los riesgos de la calefacción muy alta según el tipo

Hay dos métodos de calefacción que usados en exceso tienen efectos perjudiciales notorios:

  • La leña.
  • El aire acondicionado reversible.

Respecto al uso de la leña, la calefacción muy alta con este método es capaz de generar gases tóxicos. Al ser quemada la madera de los árboles, se produce liberación del dióxido de carbono que estuvo almacenado.

El dióxido de carbono es, para el ser humano, un gas de desperdicio. Es decir, el cuerpo expulsa dióxido de carbono y necesita es oxígeno. Por lo tanto, ante una mala ventilación, la calefacción de leña puede producir intoxicación.

El humo de la calefacción muy alta que proviene de la leña también contiene gases que se denominan pesados. Estos gases son tóxicos para la inhalación, produciendo cefaleas, náuseas, vómitos e, incluso, irritación de las vías respiratorias.

Es fundamental que un sistema de calefacción de leña esté correctamente instalado con su mecanismo de expulsión de humo. Sin embargo, aún en las mejores condiciones de instalación, la madera puede transportar y liberar sustancias específicas de la naturaleza que se asocian a alergias y asma, como, por ejemplo, el polen.

El otro método que mencionamos como peligroso para la calefacción muy alta es el aire acondicionado reversible. Estos aparatos, en uso continuo e intensivo, pueden secar el aire del ambiente quitándole humedad.

Sin la humedad suficiente, tanto la piel como las mucosas, especialmente la mucosa respiratoria, se afectan. A la par, la corriente de aire generada moviliza partículas que, en personas asmáticas o alérgicas, es capaz de incrementar los síntomas alérgicos.

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Los malos efectos de la calefacción muy alta

La calefacción muy alta, sea cual fuere su origen, puede ocasionar:

  • Infecciones respiratorias: el ambiente seco, con falta de humedad, y las mucosas respiratorias también secas, son un aliciente para las bacterias y virus. Los niños suelen ser los más afectados por esta situación. Una posibilidad para revertir el riesgo es la utilización de humidificadores de ambiente y filtros de microorganismos.
  • Mal descanso: la temperatura elevada durante la noche dificulta el descanso. Por encima de 20 ºC, el cuerpo no está en las mejores condiciones para relajar los músculos y alcanzar el estado placentero del dormir. De la misma manera, la humedad, cuando es muy baja, altera el ritmo respiratorio durante el descanso.
  • Alergias y dermatitis: la calefacción muy alta reseca la piel, aumentando los síntomas de dermatitis. A su vez, el movimiento de aire por la fuente generadora de calor arrastra partículas que son alérgicas, como el polvillo, el polen y los ácaros.
  • Dolor de cabeza: la cefalea por calefacción muy alta es bastante común. Cuando la temperatura es muy elevada por largo tiempo, sentimos un embotamiento que proviene de la vasodilatación. El calor excesivo disminuye la presión arterial y llega menos sangre al cerebro, provocando los síntomas molestos.
  • Aumento de peso: dormir con una temperatura muy alta está asociado a ganancia de peso. Esto sucede porque, a altas temperaturas, el cuerpo no quema su grasa almacenada, sino todo lo contrario, la conserva. Durante la noche es el momento para que ese mecanismo de catabolismo graso se active, pero si la calefacción está muy alta no lo hará.
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El problema de las sustancias tóxicas

Finalmente, uno de los mayores riesgos para la salud de la calefacción muy alta son las sustancias tóxicas. Estas sustancias se desprenden de los mecanismos de calefacción y constituyen un peligro importante.

Una de estas sustancias es el monóxido de carbono. Este gas no posee olor y eso dificultad su detección cuando se genera por mala combustión. Lentamente, desplaza el oxígeno del ambiente y de la sangre, intoxicando al ser humano.

En la intoxicación por monóxido de carbono hay mareos, desmayos, náuseas y dolor de cabeza. La respiración se incrementa vertiginosamente como método de defensa para recambiar oxígeno. Si no se resuelve rápidamente, es una condición mortal.

El otro gas peligroso es el dióxido de nitrógeno. También proviene de malas combustiones en los aparatos de calefacción y tampoco tiene olor. Es sumamente irritante y altera la mecánica respiratoria.

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