Lo que tengo ahora es calma, y me costó muchas tormentas conseguirla

La calma llega a nuestras vidas cuando aprendemos a priorizar lo importante y dejamos a un lado el ruido y todo aquello que no hace más que quitarnos felicidad

El Dalai Lama nos suele decir que es imposible conseguir la paz en el mundo si, primero, no obtenemos la calma en nuestro interior, en nuestra propia mente y corazón.

Bien, en realidad en nuestro día a día no pretendemos dar respuesta a los problemas del mundo, nos basta. sencillamente, con “estar bien” y esa tranquilidad tiene mucho que ver sin duda con el concepto de “calma”.

Estar en calma significa saber decir basta a las preocupaciones, a los pensamientos obsesivos. Dejar a un lado lo que produce infelicidad, molestia o malestar para alcanzar una armonía interior que tiene mucho que ver también con lo que nos envuelve.

No es fácil alcanzar este estado puesto que, en muchos casos, algo así supone, en primer lugar, hacer frente a muchas tormentas personales para las que no siempre estamos preparados.

Te explicamos cómo conseguirlo.

La calma que llega después de la tormenta

Estamos seguros de que en más de una ocasión habrás experimentado lo siguiente: darte cuenta de que no podías más en tu relación con una persona y, finalmente, tener que decirle la verdad sobre cómo te sientes.

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Este tipo de situaciones son procesos normales en nuestro ciclo vital. Ahora bien, el problema llega cuando, lejos de hacerles frente, permitimos que se alarguen y que, además, unos problemas se entremezclen con otros.

En caso de no poder o no saber priorizar necesidades, nuestra vida se convierte poco a poco en una red de araña donde quedamos atrapados. El ruido mental y las tormentas de nuestro alrededor nos van quitando la felicidad.

Toma nota de qué pasos deberíamos seguir para alcanzar una adecuada calma interior –y exterior–.

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Aprender a reflexionar

Podemos llamarlo reflexionar, meditar o, simplemente, pensar. Lo creamos o no, el disponer de, al menos, una hora al día para nosotros mismos en la que estar en silencio y conectar con nosotros mismos es algo muy terapéutico.

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  • Lo ideal es poder disponer de una hora por las mañanas para poder analizar en qué situación estamos, qué necesidades tenemos, qué nos molesta, qué nos preocupa y qué podríamos hacer.
  • A lo largo del día ya es más complicado poder pensar en silencio y en calma, así que sería muy adecuado establecer una cita diaria con nosotros mismos donde poder meditar y cumplirla siempre. Convertirlo en rutina.

Aprende a simplificar tu vida

¿Qué significa realmente simplificar la vida? Cuando una persona empieza a meditar, a reflexionar o a pensar en sus propias prioridades, se da cuenta de que hay muchas cosas de las que podría prescindir.

  • Simplificar significa saber qué es importante para nosotros y darle prioridad.
  • Si hay personas que te traen conflictos, malestares, preocupaciones o miedos, tal vez sea el momento de poner distancia.
  • Si hay algo de ti mismo que no te gusta, es momento también de cambiar o, al menos, de iniciar dicho proceso.
  • Piensa que una vida sencilla es, en ocasiones, la más placentera, ahí donde cada uno de nosotros somos capaces ser felices con lo que nos rodea, sin artificios ni complicaciones.
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No a la crítica, practica la aceptación

Una vez hemos sido capaces de dejar a un lado lo que nos hace daño es momento de avanzar sin buscar culpables a todo lo vivido.

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  • Si te ves obligado a dejar a tu pareja o algún amigo, no alimentes ese instante complicado buscando culpables o acumulando ira o resentimiento.
  • Las emociones negativas son el lado opuesto de la calma interior. Jamás tendremos calma mientras existan miedos u odios. Hemos de aprender a aceptar y a evitar las críticas.

Practica la gratitud

Sabemos que no siempre resulta fácil practicar la gratitud cuando nos han decepcionado, cuando nos han traicionado o, simplemente, cuando hemos vivido más tristezas que alegrías.

  • Sin embargo, algo tan sencillo como enfocar las cosas desde una perspectiva más respetuosa, calmada y agradecida nos ofrece, sin duda, un gran equilibrio interior.
  • Practicar la gratitud es también un modo de liberación y de apagar muchas tormentas. Supone reconocer el bien que nos hacen los demás y entender que la vida también tiene cosas muy hermosas de las que disfrutar.
  • Una mente que está en calma es una mente agradecida que saber establecer prioridades, que respeta y que sabe llevar una existencia sencilla y  humilde.
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Estar en calma no tiene nada que ver con reducir al mínimo nuestra actividad cotidiana, se trata solo de hallar ese punto de maravilloso equilibrio donde nada nos sobra y nada nos falta.

Es llegar a ese momento de nuestra vida en que, por fin, podemos decirnos aquello de “estoy bien, no necesito nada más”.

Algo maravilloso que vale la pena alcanzar en algún momento. Te proponemos que inicies este viaje interior hacia la calma hoy mismo.

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